Perfilando a Manuel Antonio Noriega

La historia está llena de hechos que no podemos borrar y, constantemente ella se da la tarea de hacérnoslo saber, aun queriéndola tapar con un dedo o, creyendo que, porque no se habla, no existió

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“Los que no conocen su historia están condenados a repetirla”, frase muy conocida que, tristemente, a nivel mundial se hace realidad una y mil veces porque los pueblos “carecen” de memoria histórica en la mayoría de los casos y, juzgan el presente, sin aceptar los errores del pasado.

La historia está llena de hechos que no podemos borrar y, constantemente ella se da la tarea de hacérnoslo saber, aun queriéndola tapar con un dedo o, creyendo que, porque no se habla, no existió.

Karl Max decía que “los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado”. Hoy, de forma más clara podemos decir que nuestra pauta infantil, marca lo que somos de adultos y, si ese adulto creció en un hogar disfuncional, muy difícilmente será una persona funcional para su ambiente y entorno.

La niñez de Noriega, producto de una relación extramarital y, con el agravante de que su padre no lo reconoció, fue marcada por la pobreza, el abandono paterno y la pérdida temprana de su madre Josefa Moreno quien murió de tuberculosis cuando él tenía unos cinco años, creciendo en un barrio marginal de la ciudad de Panamá bajo el cuidado de su madrina, Luisa Sánchez; soñando con ser médico pero, frustrado por su situación económica, optó por una carrera militar que cambió su destino y el de un país.

¿El perfil psicológico y el análisis conductual de Manuel Antonio Noriega, exdictador de Panamá pueden entenderse desde diferentes perspectivas?, si, sin embargo, dada su compleja trayectoria como líder militar y político no es fácil de digerir ni, de ramificar, cuando se explora a profundidad y, este artículo, solo esboza la superficie de aquel que deja una cicatriz muy profunda de cerrar en el istmo.

A continuación, le ofrezco amigo lector un análisis conductual de su perfil basado en sus acciones, decisiones y personalidad, sin caer en diagnósticos clínicos formales, pero, explorando su comportamiento en función de su biografía y las investigaciones realizadas sobre su vida que hoy están en muchísimas fuentes literarias, digitales e históricas.

Rasgos de personalidad y liderazgo autoritario: Noriega mostró características típicas de un líder autoritario, un estilo de liderazgo que, basado en el control absoluto, la manipulación de la información, el miedo, el chantaje y la eliminación de cualquier forma de oposición marcó una pauta en su haber. En este sentido, su personalidad puede haberse formado alrededor de los siguientes aspectos:

Falta de empatía: Su comportamiento a menudo denotó una escasa capacidad para ponerse en el lugar de los demás, especialmente cuando se trataba de decisiones que implicaban violaciones de derechos humanos. Esto podría haber sido una manifestación de su pragmatismo político, donde el fin justificaba los medios, sin embargo, de forma reiterativa esta cualidad encaja a la perfección en el perfil de un sociópata, que, a diferencia de un psicópata, se hace, no nace.

Paranoia: Durante su tiempo como líder, mostró una creciente desconfianza hacia quienes lo rodeaban, lo que es un rasgo común en individuos cuya niñez fue marcada por el abandono. Fue conocido por eliminar a sus opositores mediante arrestos, torturas y asesinatos, lo cual muestra un comportamiento defensivo extremo frente a cualquier amenaza, real o percibida.

Narcisismo maligno: Como líder autoritario, su necesidad de control, su tendencia a sobrevalorar sus propias habilidades y su creencia en su propia invulnerabilidad son comportamientos típicos de este rasgo. El hecho de que se viera como indispensable para Panamá, el “hombre fuerte”, el “MAN” que coincidía curiosamente con sus iniciales y, su orgullo por su rol como “líder histórico”, son indicios de un ego inflado. Hecho que queda en total evidencia cuando el 16 de diciembre de 1989 se hace proclamar jefe de Gobierno.

Comportamiento manipulador y estratega de supervivencia: Tenía una habilidad notable para la manipulación política. Su capacidad para tejer relaciones con actores internacionales, como la CIA y otros gobiernos latinoamericanos, muestra su destreza para manejar situaciones complejas y mantenerse en el poder. Si a ello le sumamos los datos obtenidos por espionajes, tanto local como internacionalmente y otras actividades de dudosa moral y ética, se creaba la tormenta perfecta.

Tácticas de manipulación y gaslighting: A lo largo de su carrera, utilizó tácticas de “divide y vencerás”, jugando con las rivalidades internas dentro de Panamá y las tensiones internacionales. Sabía cómo mantener a los enemigos divididos y manipular o generar dudas en sus aliados para consolidar su poder. rasgos que hace evidente durante el golpe de estado que su propia fuerza de defensa le da en octubre de 1989 y, cuyas acciones, culminan en la masacre de Albrook.

Falta de lealtad: A pesar de haber sido un aliado cercano de Estados Unidos en su rol como informante de la CIA, también mostró su habilidad para traicionar a quienes lo rodeaban si eso le convenía. Su relación con Estados Unidos, que pasó de ser de apoyo a convertirse en enemistad, es un ejemplo claro de su flexibilidad y su capacidad para ajustar su lealtad según sus intereses personales.

Comportamiento agresivo y violento: En el análisis conductual también debe considerarse el uso frecuente de violencia y represión para mantenerse en el poder a través de su cuerpo militar. Su régimen estuvo marcado por la represión de la oposición política y el uso de la fuerza para silenciar a quienes cuestionaban su autoridad. La tortura, los asesinatos extrajudiciales y la opresión de la libertad de expresión y, los derechos humanos, son signos de un comportamiento patológicamente agresivo y autoritario. Si bien alegó que jamás daba órdenes directas, es claro que ningún acto militar en el país sucedía sin su conocimiento o consentimiento.

Desprecio por la justicia: La corrupción sistemática y el uso de métodos ilegales para ganar poder y riqueza son reflejos de una mentalidad que no tiene en cuenta la ética, la verdad, integridad o la justicia, y solo valora los fines inmediatos del poder y el control. Rasgo muy distintivo de la megalomanía.

Rasgos de manipulación emocional y falta de escrúpulos: La falta de remordimientos y la ausencia de una conciencia ética parecen ser centrales en su perfil. No mostró arrepentimiento por las atrocidades cometidas durante su régimen y, en su lugar, trató de justificar sus acciones como necesarias para la “seguridad del país”. Esta desconexión emocional y la falta de conciencia hacia las consecuencias, nuevamente, marcan rasgos sociopáticos en donde las emociones ajenas, como el sufrimiento y dolor de las víctimas, no eran una preocupación central.

Desenlace y caída: Su caída del poder, después de la invasión de Estados Unidos en 1989 (Operación Causa Justa), refleja la desestabilización emocional de un líder cuya vida estuvo marcada por la paranoia y la lucha constante por el control. Al enfrentarse a la derrota, mostró signos de desconcierto y negación de su responsabilidad. La resistencia para rendirse y la insistencia en su legitimidad hasta el final (el salir uniformado de la nunciatura) refuerzan su patrón narcisista y, su necesidad de mantener una imagen de poder.

Años después, cuando el periodista Álvaro Alvarado le entrevista deja muy claro para varios expertos en lenguaje corporal y detección de mentiras que, su arrepentimiento y petición de perdón, no era legítima. De hecho, usted puede encontrar el análisis completo realizado por el experto Jesús Enrique Rosas en su canal lenguajecorporal.org.

Conclusión: El perfil psicológico de Manuel Noriega es el de un líder autoritario, manipulador y agresivo, que utilizó la violencia y la corrupción para mantenerse en el poder. La paranoia, el narcisismo maligno y la sociopatía (tres de los cuatro perfiles de personalidad más letales del mundo habitaban en él), la falta de escrúpulos, su megalomanía y mitomanía son aspectos clave de su personalidad y, su comportamiento, puede ser explicado por una mezcla de factores individuales, sociales y políticos.

¿Puede esta o cualquier otra nación darse el lujo de caer en el error de darle poder político-social una personalidad así?, ¡NO! ¿Fue o es el único? ¡tampoco! hoy en Latinoamérica podemos mencionar a Maduro en Venezuela, Díaz-Canel en Cuba, Ortega en Nicaragua, Putin en Rusia, Kim Jong-un de Corea de Norte y, la lista, tristemente podría seguir, si incluimos los del pasado: Hitler, Stalin, Mussolini, Pinochet, Franco, Trujillo, Gadafi, Hussein, Pol Pot, etc., etc.

“Los que no conocen su historia están condenados a repetirla”

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