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Investigación y adaptabilidad, claves para el cambio climático
- 02/04/2014 02:06
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Agrega La Estrella en Google ↗️El cambio climático ya no se discute. Desde que la Organización de las Naciones Unidas dedica un foro de expertos a estudiar el fenómeno -el Panel Intergubernametnal sobre el Cambio Climático (IPCC), creado en 1988- las pruebas científicas se han multiplicado para respaldar la idea de que la temperatura del planeta aumenta irrefrenablemente.
La más reciente edición del IPCC, presentado este lunes en Japón, insiste en la única solución que hasta ahora se maneja, simple, pero aparentemente imposible: dejar de emitir gases de efecto invernadero. Cero combustión de fósiles.
Nada de transporte terrestre como lo conocemos (los vehículos eléctricos, aunque ya existen, no son una alternativa, ni por autonomía ni por costo), ningún avión en el aire (la mezcla de fuel que utilizan los aviones aparece como una de las mayores fuentes de emisión de CO2) y tampoco se salvan los grandes buques y barcos.
La recomendación es tajante ‘dejemos de contaminar’.
La certeza de que el calentamiento global está ligado al desarrollo humano y en concreto a los últimos 200 años de revolución industrial nos responsabiliza directamente en su solución.
Solo la reducción de la actividad humana relacionada científicamente con la emisión de CO2 y otros gases de efecto invernadero puede frenar el aumento de la temperatura que incide en la meteorología mundial, el calentamiento de los mares y su acidificación, cambios en los ecosistemas y pérdida de diversidad, entre otras catástrofes naturales, como la desertificación o inundación de las áreas más vulnerables del planeta, en torno a los trópicos y los polos.
El cálculo ya no baja de los dos grados de aumento gradual y algunos pronostican hasta seis grados más antes de que acabe este siglo.
En palabras de algunos de los climatólogos más activos, como Susan Solomon, que encabezó el equipo de trabajo del IPCC en 2007, ‘con dos grados de más el mundo puede ser muy incómodo’.
La naturaleza artificial, con calefacciones excesivas en invierno y aire acondicionado en verano, ya no se soporta. El planeta no puede más, dicen.
El último IPCC, el quinto desde que se publicó el primero, en 1990, establece que existe una amenaza directa sobre la alimentación de la población, por un descenso en las cosechas, sujetas a modificaciones en las temperaturas extremas, según las estaciones del año.
También refuerzan la preocupación por la emigración vinculada a las catástrofes naturales, carencia de agua y cambios en el suelo, por sequías o inundaciones, y hace un llamado ante el desequilibrio económico y social que genera el fenómeno climatológico por la vulnerabilidad de los más pobres. Un foco, en sí mismo, de inestabilidad.
El documento es una guía para los gestores políticos (‘policy makers’) que debe hacerse oír.