El Gobierno interino de Nepal ha comenzado a reanudar servicios esenciales este lunes, en un intento de recuperar la normalidad
- 01/02/2015 01:00
La sabiduría popular dice que ‘los extremos no son buenos’, frase que tiene total vigencia en el mundo de la nutrición. Y es que debido a la proliferación durante la última década de dietas que ponen su énfasis en el consumo de proteínas y reducción de grasas, los carbohidratos han adquirido mala reputación entre muchas personas, inclusive deportistas.
Como fuente principal de aporte de energía, los carbohidratos consumidos en una cantidad adecuada son beneficiosos para el organismo. Por lo tanto, es erróneo pensar de salida que los carbohidratos engordan, ya que mucho dependerá del tipo y cantidad que comamos, de nuestro metabolismo particular, la rutina de vida y el nivel de ejercicio físico que realicemos.
SIMPLES Y COMPLEJOS
Conforme a la nomenclatura tradicional, los carbohidratos se dividen en simples y complejos. Los simples se procesan y descomponen de manera rápida, por lo que representan un aporte de energía instantáneo para el funcionamiento del organismo.
Muchos alimentos son ricos en carbohidratos simples, como la leche y derivados, las frutas, sodas, azúcares procesados, y en general todos los dulces. Estos carbohidratos -aunque proporcionan energía- en su mayoría carecen de un aporte significativo de fibra, minerales y vitaminas. En cambio, suele presentar una alta composición de grasas e ingredientes artificiales no muy deseables como colorantes, saborizantes y preservantes.
En comparación con los simples, los carbohidratos complejos poseen una estructura en la que están presentes al menos tres azúcares, formando usualmente una cadena. Al contrario que los simples, la presencia de fibra en su composición es alta, así como de minerales y vitaminas, por lo que son considerados como los más beneficiosos para el organismo.
Como son complejos, se procesan mediante un mecanismo que demora más, por lo que el nivel de energía que se aporta al cuerpo no es tan inmediato sino que se prolonga por más tiempo. Esta característica conlleva a la producción de picos en los niveles de azúcar, como los que se producen cuando se consumen carbohidratos simples.
Por estos motivos los nutricionistas recomiendan dar preferencia a los carbohidratos complejos (90%), frente a los simples (10%). Entre los alimentos que contienen carbohidratos complejos se pueden citar las legumbres (garbanzos, lentejas, alubias) o verduras como el brócoli y las espinacas.
CONSUMO EN EXCESO
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos recomienda que el consumo de carbohidratos de una persona promedio oscile entre el 45% a 65% de su dieta nutricional. Y es que hay muchas enfermedades y patologías que se asocian a un consumo excesivo de carbohidratos, especialmente si estos son simples.
La sociedad de consumo está provocando que niños y jóvenes incorporen como una parte importante de su dieta grandes cantidades de azúcares refinados, del tipo de dulces y sodas. Todo esto aunado al descenso de la práctica de ejercicio físico. Cada vez es más común que, durante estas edades, ellos pasen mayor tiempo del día sentados, bien en los colegios, o posteriormente en los hogares completando tareas, viendo TV o jugando en la computadora.
Obviamente, el consumo energético del cuerpo desciende, por lo que va a haber un desequilibrio, lo que puede devenir en la aparición de afecciones como la obesidad. Las cifras son realmente alarmantes en la mayoría de los países, pero especialmente en sociedades como la mexicana, la estadounidense y la inglesa, donde al excesivo consumo de carbohidratos simples se une la alta ingesta de grasas saturadas.
Si bien, la obesidad no es un problema en si misma, generalmente es asociada a otro tipo de enfermedades, como la cardiovasculares, por ejemplo, ya que los diferentes órganos del cuerpo deben trabajar por encima de lo deseable.
La diabetes también es una complicación que viene en muchos casos propiciada por el exceso de peso, ya que se produce un aumento de la glucosa en sangre, bien porque el páncreas no produce suficiente insulina que sería la diabetes tipo 1, o porque el cuerpo no la asimila de modo correcto, en la diabetes tipo 2.
Un elevado nivel de azúcar en la sangre puede acarrear consecuencias tan nefastas para la salud y el óptimo funcionamiento de los diferentes órganos del cuerpo. A largo plazo, la salud dental también se puede ver afectada, ya que un consumo elevado de azúcar favorece la aparición de caries.