Una dolor que ataca por la madrugada

  • 12/05/2016 02:00
La espondilitis anquilosante podría llevar a la destrucción de la columna y la invalidez, de no diagnosticarse a tiempo

Un hombre se despierta de madrugada con dolor en la región lumbar (espalda baja).

Ya tiene tres meses con esta aflicción que se empeora cuando descansa. Aún no llega a los 40 años de edad, pero se aflige. Después de visitar a varios médicos y hacerse algunos exámenes, lo refieren a un reumatólogo.

Este es quien le propicia finalmente el diagnóstico. Se trata de espondilitis anquilosante, una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente a las articulaciones de la columna vertebral, y se manifiesta más frecuentemente en hombres entre los 20 y 30 años de edad.

‘La detección temprana es vital para un buen pronóstico', expresa el Dr. Alexis Méndez, especialista en reumatología de origen costarricense.

Lamentablemente no siempre se detecta a tiempo, pues se trata de una enfermedad relativamente infrecuente. Su prevalencia es del 0.5% a nivel mundial, aunque en países del norte de Europa es más común.

En días pasados se celebró el día mundial de concienciación sobre esta condición, de la que vale la pena aprender un poco para facilitar un diagnóstico temprano.

DOLOR EN REPOSO

Una característica particular de la espondilitis anquilosante es que el dolor lumbar aparece cuando el paciente se encuentra en reposo y mejora con la actividad física, por lo que el dolor es mayor en la madrugada.

Un comunicado de Pfizer detalla que con el paso del tiempo, el dolor y la rigidez pueden progresar en la columna dorsal y el cuello. Las vértebras se van fusionando, la columna pierde flexibilidad y se vuelve rígida, limitándose los movimientos de la misma.

Durante su evolución va produciendo brotes de inflamación en las articulaciones, no solo de la columna vertebral, sino también de los hombros, caderas, rodillas o tobillos.

DR. ALEXIS MÉNDEZESPECIALISTA EN REUMATOLOGÍA

‘Esta enfermedad puede ser progresiva, hasta llegar a la destrucción de la columna espinal', recalca el reumatólogo, quien explica que esto podría llevar a la invalidez.

Con el paso de los años, los brotes podrían hacerse cada vez más leves, pero ya para ese punto la destrucción es irreversible.

‘Cuando llegamos al momento de mucha deformidad e invalidez, es donde la enfermedad podría por sí sola disminuir el proceso inflamatorio', señala Méndez, quien aclara que esto no significa que el dolor crónico desaparezca. ‘Ya el dolor no sería por la enfermedad, sino por toda la destrucción que originó'.

UN COMPONENTE GENÉTICO

Se ha encontrado que muchas de las personas que desarrollan la espondilitis anquilosante presentan en sus células una señal específica que se transmite genéticamente.

Esta se conoce como el ‘antígeno HLA B27'. Sin embargo, su presencia no determina que aparecerá la enfermedad, según indica el sitio web de Mayo Clinic .

‘Es un gen que principalmente se encuentra en personas de descendencia europea y de piel blanca', explica Méndez. A esto agrega que muchos otros genes influyen en su aparición, así como factores ambientales, lo que dificulta que existan mecanismos de prevención.

El riesgo también es mayor si un miembro de la familia desarrolla la enfermedad, según especifica el comunicado de Pfizer.

TRATAMIENTOS

El sitio web de Mayo Clinic explica que el objetivo del tratamiento es aliviar el dolor y la rigidez, y prevenir o retrasar las complicaciones y la deformidad de la columna. El tratamiento es más exitoso antes de que se hayan causado daños irreversibles en las articulaciones.

Actualmente no existe ningún tratamiento capaz de curar definitivamente la enfermedad. Sin embargo, sí existen una serie de medicamentos eficaces y terapias que alivian el dolor y permiten una buena movilidad.

Se recomienda la práctica deportiva y ejercicios de la espalda y las articulaciones, para mantener la flexibilidad y la buena postura.

La nota de Pfizer mantiene que en este sentido la natación es el mejor ejercicio, porque con ella se ejercitan de una forma equilibrada todos los músculos y articulaciones de la espalda, susceptibles de lesionarse por la enfermedad.

‘Los tratamientos lo que hacen es frenar la progresión de la enfermedad. No se puede hablar de cura pero sí podemos detener su progresión', sostiene Méndez.

Entre los tratamientos prometedores menciona las terapias biológicas para frenar la enfermedad. Más que solo controlar los síntomas, intervienen específicamente en los componentes de la respuesta inmunológica.

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