¿Veto real? Por qué Beatriz y Eugenia de York fueron apartadas del Royal Ascot

La polémica ha escalado tras la detención de su padre, el ahora expríncipe Andrés, y las nuevas filtraciones de documentos Epstein

Lo que durante años fue una tradición inquebrantable para las hijas del príncipe Andrés, hoy se ha convertido en un símbolo de su distanciamiento forzado de la Corona.

Las princesas Beatriz y Eugenia de York se encuentran en el centro de una tormenta mediática tras revelarse que el Palacio de Buckingham ha restringido su participación en eventos de alto perfil, incluyendo las emblemáticas carreras de caballos de Royal Ascot.

Esta decisión, que muchos califican como un “cordón sanitario”, no responde a acciones propias de las hermanas, sino al incesante goteo de revelaciones vinculadas a los antiguos nexos de sus padres con el caso Epstein.

La polémica ha escalado tras la detención de su padre, el ahora expríncipe Andrés, y las nuevas filtraciones de documentos que vuelven a poner el foco en la gestión de su entorno más cercano.

Para las princesas, Ascot no era solo una cita social; era el escenario donde reafirmaban su estatus como miembros de la familia real.

Sin embargo, fuentes cercanas a la casa real sugieren que el rey Carlos III y el príncipe William han optado por una estrategia de “monarquía reducida” y protección de marca, evitando que la imagen de las York en el palco real o en la procesión de carruajes pueda ser interpretada como un respaldo indirecto a los escándalos que rodean a su apellido.

El sentimiento que prevalece en el entorno de las hermanas es de una profunda desolación. Mientras Beatriz ha intentado mantener una presencia discreta pero firme en sus compromisos benéficos, Eugenia ha optado por un distanciamiento más marcado, pasando gran parte de su tiempo en Portugal.

No obstante, el veto a las carreras representa un golpe simbólico difícil de ignorar: es la señal pública de que, a pesar de ser nietas de la fallecida Isabel II, su futuro institucional está en suspenso.

La encrucijada es clara para Buckingham: ¿deben las hijas pagar por las culpas de los padres, o es este sacrificio necesario para salvar la reputación de la institución? Por ahora, el silencio de palacio y la ausencia de las princesas en los eventos más queridos por la aristocracia británica parecen dar la respuesta.

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