Temas Especiales

04 de Dec de 2020

Café Estrella

Nuestro segundo año nuevo

PANAMÁ. ’¡Mañana cerra’o, ven a buscar tu ropa hoy!’, fue lo que me dijo mi amigo de la tienda y lavandería el domingo.

PANAMÁ. ’¡Mañana cerra’o, ven a buscar tu ropa hoy!’, fue lo que me dijo mi amigo de la tienda y lavandería el domingo.

‘¿Tú no vas para Atlapa?’, le pregunté.

‘No, voy mañana, por eso voy a cerrar’.

Durante mis 27 años habitando en la misma barriada, solo lo he visto cerrar su negocio para celebrar el año nuevo chino. Y es que el trabajo duro es lo de ellos, haciendo honor a su disciplina oriental.

Para las 3 de la tarde Atlapa, ya era un mar de personas, varios se peleaban los estacionamiento y la tarifa con el bien cuidado. Miles se acercaban a celebrar la feria del año nuevo chino. Y es que el domingo 22 de enero, fue para ellos nuestro 31 de diciembre.

Familias enteras daban vuelta probando las delicias chinas.

O tratando de canalizar la energía de los niños en los 3 globos saltarines gigantes que estaban ubicados al lado de la sala gastronómica.

Los panameños vamos directo a la comida, por eso ubiqué un puesto, donde vendían ham pao y siu mai; pero desistí cuando vi la fila interminable.

Preguntando llegué al área de comidas de la feria. La oferta era surtida, sabrosa y atestada de gente y de pronto, pasé formar parte del grupo de personas que acechaban una mesa desocupada.

Entre los Tamales, torrejitas, hamburguesas, sushi, empanadas, sodas y batidos; me decidí por un arroz frito, chow mein y camarones apanados, que por unos 6 dólares comí tranquilamente en una mesa.

Después de comer me fui a recorrer un poco, sobraban las azafatas con elegantes trajes chinos de vivos colores, que competían con los no tan lindos, ni elegantes trajes de azafatas de bancos y concesionarias de autos.

Los gritos de los niños se mezclaban con el sonido de platillos y tambores que se escuchaba de fondo. Caminé hacía ese ritmo y me encontré con un espectáculo rítmico y colorido. La gente tirada en el suelo disfrutaba junto a la familia, tomaban fotos y comentaban con asombró sobre el show.

Dos locutores, que tenían de fondo enormes anuncios de casinos, bancos y restaurantes, alternaban los comentarios y animaban al público que disfrutaba de las presentaciones en dos idiomas: chino y el español.

Los que custodiaban los stands se esmeraban en contestar preguntas, para garantizar una buena venta. ‘Tengo pulseras de jade a 10 dólares, pero a tí te la dejo a 8’, intentó convencerme la señora de un puesto.

‘Es bueno para alejar los malos espíritus y si se rompe es porque absorbió algo malo’- me convenció y compré un anillo de jade, que además de todas las características antes mencionadas por la feriante, es muy lindo.

Después de calzarme mi amuleto, seguí el paso de la masa, que me llevó al puesto de las plantas, rosas chatas, cactus, bonsais, hierba buena, menta, tomillo y un enorme cactus de hojas gruesas y adornado con moneditas doradas con rojo al precio de 7 mil dólares, obviamente fuera de mi alcance. Seguí mi camino, hasta llegar a uno de los tantos puestos con venta de llaveros y amuletos.

Nuevamente me encontré entre un mar de personas que buscaban los llaveros semejantes a su horóscopo chino.

Sin visitantes se quedaron los stands de las inmobiliarias, con venta de residencias nada baratas para el común de los asistentes.

A LA ESPERA DE LA PROSPERIDAD

Rojo. Era el color que sobresalia en la ropa y adornos de Atlapa. Y es que el rojo es muy importante para la cultura china, simboliza la prosperidad.

Es el color de sus traje tradicionales, sus artesanías y de las paredes que visten sus negocios.

Y según su horóscopo este será en todos los sentidos un año de éxito. El dragón representa eso.

‘Yo soy la tercera generación china panameña de mi familia. Lo que te puedo asegurar es que el año del dragón va ser bueno para todos’, me dijo Monalisa Fo entre risas. Los rasgos de mi encuestada eran chinos, pero su lenguaje y palabras eran bien panameños.

‘Chao reina’- me dijo en voz alta, mientras me saludaba.

‘Yo no te puedo decir mucho del año del dragón, yo soy más panameño que otra cosa’ me comentó un muchacho achinado de unos 20 años.

Mientras que continuaba mi caminata, se podía escuchar la danza del dragón que saludaba desde la tarima principal. Los que ya habían comido decidieron acomodarse a disfrutar del espectáculo.

Otros, los más jóvenes, se amontonaron alrededor de las mesas de ping pong, los adolescentes a birria limpia sudaban y reían.

EL AÑO PARA PROCREAR

Dice la mitología china que este es un buen año para tener hijos.

Así en mi vía por Atlapa me encontré a Laura, con una prominente y linda panza de embarazada, aceptó hablar conmigo.

‘Mi hijo será un dragoncito. Tengo 8 meses de embarazo. Mi esposo y yo buscamos que nuestro hijo naciera en el año del dragón’, contó medio apenada la futura madre de Jonathan.

Vi pocas madres embarazadas, pero para los que no saben, si su bebé nace entre el 23 de enero del 2012 y el 9 de febrero del 2013, será noble, sabio y creativo; o también intolerante e imperioso. En fin, todas las características de un dragón de agua.

Laura siguió caminando y yo decidí pasar a la otra punta de la ciudad, para presenciar la otra celebración.

Para las 6 de la tarde la gente esperaba la fiesta de petardos y luces, prometidas semanas atrás, ya varias familias pasaban del ruido de las presentaciones, a sentarse en los bancos fuera de Atlapa, para tomar un poco de aire fresco y descansar. En los rostros se veía que el objetivo del paseo dominguero, cumplía su cometido. La estaban pasando bien.

En el Centro Comercial de El Dorado, también había una feria. Esta, mucho más criolla, pero de igual manera roja y gratuita.

EN EL DORADO

Con poco tráfico y con una bandeja de sushi en la mano, llegué a los estacionamientos del centro comercial. Cercado y muy bien custodiado por la policía se encontraba el perímetro cerrado, donde una tarima era el epicentro de la acción, rodeada de stands de venta de comida, soda y cerveza.

Se veían pocos grupos familiares y más rostros panameños que chinos.

En tarima los tambores y canto del baile congo se apropiaban de las miradas del público sentado.

Los bailes panameños se fusionaron con grupos de coreografías chinas y presentaciones folclóricas del gigante asiático.

Además el espacio era más comercial, stands de venta de electrodomésticos, autos y casas; sobraban en la celebración.

Lo mejor, los ritmos y las parejas que por sus críos, se notaba que habían rebasado las fronteras de la raza.

Varias caminaban con aquel exitoso resultado en los brazos, habían ido para disfrutar de lo mejor de una cultura milenaria, de una civilización estricta y disciplinada, pero también profunda y espiritual donde lo ancestral es fundamental para seguir adelante.

POLVORA DE COLORES

El momento llegó y a eso de las 8 de al noche, una turba de fuegos artificiales revistió de colores el cielo panameño. Había llegado oficialmente el primer día del año del Dragón.

Sonrisas sobraban y bocas abiertas por el maravilloso espectáculo se veían por doquier.

El escándalo era musical y mostraba que ellos como inventores originales de la pólvora (La pólvora fue inventada en China para hacer fuegos artificiales y armas, aproximadamente en el siglo IX), podían hacerla hasta cantar al ritmo de canciones tradicionales chinas.

La noche ya había caído del todo cuando terminó el largo show de fuegos artificiales, la misma hora que las celebraciones en China, donde la fiesta dura unos 15 días.

Ayer muchos comercios estaban cerrados, sus dueños, de ascendencia china se encontraban en familia, dando la bienvenida al monstruo de la prosperidad.

Así terminó nuestro segundo año nuevo. Dos días divertidos en familia y con poco alcohol. Entre tamales, baile congo y rostros mestizos, que refeljaban un árbol de raíces y tallos chinos; con hojas y flores panameñas.

Somos chinos-panameños, panameños chinos.