Temas Especiales

03 de Jun de 2020

Café Estrella

‘Peludos, no depilados’

FLORENCIA. ‘¿Por qué no estás depilado? Estas fuera de moda’. Con mucha sorpresa recibo esta reprimenda de parte de mi hermano menor, qu...

FLORENCIA. ‘¿Por qué no estás depilado? Estas fuera de moda’. Con mucha sorpresa recibo esta reprimenda de parte de mi hermano menor, quedé atónito, no comprendía su reproche. El hecho me llenó de curiosiodad, sentí el abismo generacional entre nosotros dos.

Muchos años antes de este evento, mi curiosidad me llevó a escudriñar y estudiar las antiguas estatuas grecas y ver cómo en la parte inferior del vientre, en el púdico pubis, no existía la presencia de vellos. Además, noté que algunas estatuas que aluden a picardías sexuales cuentan con la presencia de vellos por doquier, así faunos, centauros y figuras antropomorfas estan provistos de genitales bien remarcados y vellos.

EXPRESIÓN DE BELLEZA

La cultura greca nos presenta sus musas, diosas y venus como bellas mujeres de senos pequeños, cinturas agraciadas, nalgas redondas, con el pubis y axilas sin vellos, remarcándonos la concepción de que la depilación estaba asociada a la belleza —y no solamente la femenina—.

Al contrario, en pleno renacimiento italiano, la problemática era un poquito más interesante. En el David de Miguel Ángel, colocado en la plaza de la Señoría de Florencia, con mucha maestría, Miguel Ángel dotó discretamente de vello su colosal David, como queriendo poner en evidencia la fuerza misteriosa asexual de su estatua y demostrar la gallardía y fuerza viril.

Allí, en esa misma plaza, Benvenuto Cellini impone a través de la solemne estatua del Perseo, que sostiene en su mano la ensangrentada cabeza de Medusa, con cabellos de serpiente, un mensaje al pueblo florentino, para que abandonen los momentos de terror.

Esta estatua del heroico Perseo está depilado en sus partes íntimas, como un llamado a los cánones de la belleza clásica greca, donde los valores de la ‘fuerza vigorosa’ pasan a través de lo efímero, con la connotación de la belleza pura y limpia.

Muchos son los ejemplos donde la depilación corpórea o la presencia de vellos en las partes íntimas recogen significados de moralidad, de belleza, de coparticipación colectiva de un sentir estético y de necesidades sociales.

SOCIEDAD DEL SIGLO XX

Mi recuerdo de juventud, en Santiago de Veraguas, me remonta a cuando por necesidad higiénica, era necesario la depilación corpórea por problemas de piojos, de correcaminos o de ladilla, que nada inspiraban a fantasías eróticas o tenían una connotación sexual, todo lo contrario. Las cautas medidas que adoptaban en las escuelas eran rígidas y necesarias, por eso el clima que se creaba entorno a estas necesidades no permitían imaginaciones púdicas de ningún tipo y mucho menos hacía pensar en heroicas hazañas.

En cambio, fue el pubis femenil con vellosidad un enigma que compartía toda la generación varonil, en aquel entonces.

Considero que somos una generación de personas enredadas en esta modernidad, confundidos entre la belleza helénica greca romana, el vigoroso David de Miguel Ángel, el narcisismo de parecer joven o tal vez estamos adentránd onos a un nuevo cambio social. Mas reconozco que cada generación tiene que vivir su tiempo, tiene que vivir su ritmo, sus momentos de alta creatividad colectiva, porque una sociedad estática no se desarrolla en la búsqueda de un bienestar común.

Por eso, no me enojé con mi hermano menor, quien no comprende mi posición arcaica de aquel mundo que fue de nosotros ‘pelosos, no depilados’.