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28 de May de 2020

Café Estrella

Coleccionistas de cómics se desahogan

PANAMÁ. Batman fue el primer ejemplar que compró y leyó Jorge Manuel Atencio, 28 años. Desde entonces, ha dedicado la mitad de su vida a...

PANAMÁ. Batman fue el primer ejemplar que compró y leyó Jorge Manuel Atencio, 28 años. Desde entonces, ha dedicado la mitad de su vida a hacer su propia biblioteca de cómics.

Según cuenta, antes era un poco más fácil y económico coleccionar historietas en Panamá; en cambio, hoy, para conseguir un ejemplar debes hacer un pedido por internet y esperar hasta un mes para poder tenerlo en la mano, se queja Atencio.

Pero a pesar de los obstáculos, económicos o de tiempo, tanto Atencio como otros panameños cultivan fielmente su afición. ¿Qué hacen por un cómic? RASTREAR EL OBJETIVO

Según cuenta Rolando Urriola, de 30 años, cuando comenzó a coleccionar cómics, en 1994, los podía conseguir fácilmente en tiendas como Gran Morrison y Farmacias Arrocha, quienes tenían mucha variedad, en aquel tiempo.

‘Los distribuidores están trayendo mucho menos. Los que estamos muy interesados en esto, los mandamos a pedir, hay muchachos que se dan a la tarea de hacer pedidos grandes por internet porque entre más grande es el pedido, más económico sale. Así de esa manera los fanáticos hemos sobrevivido’, asegura Urriola.

Debido a la escasa variedad que existe en el país y los pocos distribuidores de cómics que hay, Lenin Aguilar Chu, 38 años, decidió abrir una tienda virtual llamada ‘Blast!’, en la que él y sus amigos consiguen de manera más fácil los ejemplares que desean.

‘Este año, en el mes de febrero, abrí la tienda, como coleccionista sé que las personas pasan trabajo para conseguir sus libros, así que monté el negocio. Los pedidos los hago por mes. Usualmente demora en llegar a Panamá entre dos semanas a un mes’, comenta.

Aguilar recordardo aquellos años en los que inició como coleccionista comenta que cada vez que un familiar o conocido se iba de viaje él le encargaba un nuevo ejemplar.

‘Tengo más de 15 años coleccionando, años atrás no existía el internet, así que no los podía conseguir por esa vía, por eso cuando una persona viajaba yo la ponía a corretear algún ejemplar’.

La tecnología sí ha ayudado a que los coleccionistas de historietas puedan satisfacer un poco más su pasatiempo, mas no niegan que este entretenimiento resulta algo costoso. En el mercado local, una revista de historieta cuesta de $5 a $6. Así que se buscan otras alternativas.

‘Lo que estoy haciendo para que me sea más fácil es no mandar a pedir los capítulos mensuales, si no que espero que lleguen los recopilatorios’, dice Urriola.

Hace cuatro años atrás, recuerda Atencio, existió en vía transístmica una tienda especializada que se dedicaba a la venta de cómics y de estatuillas, que se llamaba Metrópolis, pero por razones desconocidas cerró.

‘Cada mes ese local se llenaba de personas que compraban, hacían pedidos, ese ha sido el más reciente ejemplo de tienda de cómics que ha existido en Panamá’, comentó Urriola.

CANSADOS DEL PREJUICIO

A parte de tener que pasar trabajo para conseguir su ejemplar favorito, los coleccionistas de estas series de viñetas con narraciones se quejan de ser tildados de nerd o de que les digan que ‘esas son cosas de niños’.

Atencio, quien actualmente tiene alrededor de 400 cómics, cuenta que en varias ocasiones tuvo que escuchar quejas por parte de su familia, por su pasión. ‘Me decían ‘te estás gastando la plata en una tontería, eso sólo es una revista, qué vas hacer con tantas revistas’, dijo Atencio.

Aguilar también se desahoga. Él advierte que en el istmo sobran las personas que no saben respetar los gustos culturales de los demás. ‘Es cuestión de romper el paradigma de que somos tontos o nerds, esto es una cultura y uno aprende de ella. Somos un grupo de adultos profesionales que somos coleccionistas’, concluyó.

En esta opinión lo acompaña Urriola, quien asegura que lo más difícil de ser un coleccionista en Panamá, además de conseguir los cómics, es que la gente deje de mirarte como chiquillo.

‘Dicen que esto es cosa de niños, pero las personas que trabajan detrás de esto son adultos. Siempre nos toman como una persona poco seria, es un pasatiempo como cualquier otro, sólo que lo llevamos a un nivel un poco más alto’, expresó Urriola. ‘Lo más cómico es que las personas que dicen esto son los que se paran en las exhibiciones a ver lo que tenemos’, agregó.

Aguilar se atreve a decir que en el país hay ‘más coleccionistas de los que se piensa’.

‘En mi tienda atiendo a más de 170 personas, entre conocidos y desconocidos, y sólo tengo pocos meses de haberla abierto’, advirtió.

Estos tres jóvenes que forman parte de un grupo no tan reducido de coleccionistas de cómics esperan con ansias que en suelo patrio comiencen a desarrollarse festivales de cómics y de que abran nuevas tiendas especializadas que satisfagan su necesidad.

Mientras tanto seguirán haciendo sus pedidos virtuales y reuniéndose entre ellos para comentar e intercambiar las historias de sus personajes favoritos.