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15 de Jan de 2021

Cultura

Misticismo y sensualidad

L a tercera y nueva novela de Ángela Becerra lleva su sello personal de belleza, es un canto al amor al arte y a la vida. “Lo que le fal...

L a tercera y nueva novela de Ángela Becerra lleva su sello personal de belleza, es un canto al amor al arte y a la vida. “Lo que le falta al tiempo” contiene misticismo, pasión, erotismo y un profundo conocimiento psicológico. La escritora es psicóloga de profesión y amante del arte.

Mazarine Cavalier cumple 23 años. Es huérfana y estudia pintura. Vive con su gata en la casa que hereda en el barrio latino de París.

En el ático de la casa se encuentra un sarcófago con la reliquia medieval del cuerpo no descompuesto de una mártir. Se trata del cadáver de Sienna, La Santa, quien seguía siendo “bella: una bella dormida”. Del sitio mortuorio, Cavalier sustrae una antigua medalla milagrosa de extraños poderes. Esta reliquia encierra un valioso secreto que ha sido conservado a través de generaciones y puede cambiar el rumbo del arte.

Su mundo se verá conmocionado al estudiar con Cádiz, un genio de la pintura, creador de un movimiento revolucionario que despierta en ella una pasión sin límites. Al llegar a su estudio él le solicita que se quite las sandalias. El artista Se enamora de su virgen discípula, se obsesiona con sus pies.

A su sesenta años, Cádiz ya no era capaz de crear nada nuevo. El encuentro con Mazarine resucita su alegría y creatividad.

Mazarine empieza una relación con Pascal, hijo del pintor. El psiquiatra se enamora de ella y la lleva a la casa de sus padres para presentarla. Mazarine se esfuma. Jeremie rescata su cuerpo sin vida del fondo del río Seine e intenta darle respiración artificial hasta hacerla recuperar el conocimiento. Cuando regresa a casa descubre que le habían robado la reliquia, el medallón y el cuerpo de la santa.

La medalla tenía unos misteriosos signos jeroglíficos que formaban parte de una sociedad secreta medieval que se reunía por las noches en laberínticas catacumbas.

La sociedad Arts amantis creía que esta medalla tenía poderes de creación artística y de amor. Quienes la llevaban durante el medioevo e iban descalzas como Mazarine fueron acusadas de brujas. La santa era hija de un gran señor feudal, una princesa de bondad y hermosura, que curaba leprosos y otras enfermedades, incluso del alma. En su castillo alimentaba a los pobres y lisiados. Todo lo que salía de sus manos se convertía en arte. Asimismo, bordaba, pintaba y cantaba como un ángel. Los miembros de Arts Amantis la adoraban porque simbolizaba el amor y el arte en su estado puro. Fallece tras haber sido apedreada y violada por un grupo de monjes.