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29 de Mar de 2020

Cultura

La otra Alemania

El frío me llega hasta los huesos. Dos sueters, un sobretodo, una bufanda y hasta guantes, no pueden evitar que los 9°C de temperatura d...

El frío me llega hasta los huesos. Dos sueters, un sobretodo, una bufanda y hasta guantes, no pueden evitar que los 9°C de temperatura de la ciudad de Berlín se hagan sentir, minuto a minuto, en cada parte de mi cuerpo.

Pero, ¿de qué me quejo?, me pregunto a mí misma, mientras me respondo que no todos los días uno puede sentir tan de cerca a una ciudad de donde emana tanta historia, cultura, poder, grandeza y desarrollo.

La conversación conmigo misma se ve abruptamente interrumpida por una mujer que, a simple vista, no parece alemana pero que con perfecta pronunciación me dice “wenden Sie sich bitte eine Münze”. Al ver mi cara de interrogación me dice “¿Do you speak english?” Y al no recibir una respuesta de mi parte, me pregunta con una sonrisa “¿Hablas español?” Quedo sin palabras y, sin dejarme siquiera entender lo que estaba pasando, la mujer me repregunta “¿Entonces qué idioma hablas?”

Todo su esfuerzo tenía un solo objetivo: pedirme una moneda. Abro mi cartera y, mientras le entrego la moneda, me alejo sin decirle nada, pero en cuestión de segundos, a mi cabeza llega una inquietud ¿qué hace esta mujer aquí? ¡En Panamá podría estar trabajando en un call center!

No puedo evitar ir más allá y, a pesar de lo maravillada que me siento al frente de la Berliner Dom, reflexiono en silencio y llego a la conclusión de que estoy en un país de primer mundo, que atraviesa problemas del tercer mundo.

Desde ese episodio, cada día que pasé en Berlín, me sirvió para darme cuenta de que, aunque Alemania es un país con una arquitectura que se mezcla entre lo antiguo y lo moderno, un sistema de transporte realmente envidiable, empresas y corporaciones de alto renombre, ciencia y tecnología de punta, inventos e innovaciones que van desde la bicicleta, la aspirina, el MP3, hasta el escáner, existe una realidad que no es nueva, pero cada vez se hace más evidente: los serios problemas sociales.

Y es que en medio del desarrollo hay cifras escalofriantes, oficiales y privadas, que reflejan una juventud con preocupantes niveles de consumo de alcohol, conflictos migratorios con personas de hasta tercera generación, resurgimiento de grupos de extrema derecha, xenofobia, gran cantidad de población sin seguridad social, y un desempleo que se apresta a seguir creciendo, empujado por la crisis financiera.

Como en todos los países, la juventud es uno de los sectores más vulnerables y en Alemania, con una población de poco más de 82 millones de habitantes, innumerables estudios revelan que los jóvenes entre los 12 y 17 años ingieren a la semana 1.3 litros de cerveza. La edad promedio de la primera borrachera se ubica en los 15.5 años y se advierte que 160 mil jóvenes entre los 10 y 25 años ya son alcohólicos o están cerca de serlo. Estas cifras empeoran con los concursos de “beber hasta quedar en estado de coma”.

Este tipo de competencia ya ha causado la muerte de varios adolescentes y la “moda” se puede palpar los sábados en los trenes, donde es muy común ver grupos de chicos con cajas de cervezas libando a plena luz del día, sin despertar el mínimo interés entre los adultos.

De hecho, varios jóvenes con los que tuve la oportunidad de conversar me aseguraron que sus padres les dan luz verde para tomar cerveza hasta con 12 % de alcohol. “Es parte de nuestra cultura y es muy normal. Mi papá y mi mamá también lo hicieron” dijo una niña de 15 años. Y lo que le sucede a la juventud se refleja también en los adultos. Se estima que en toda Alemania hay unos 1.6 millones de alcohólicos y 10 millones de personas beben en cantidades que pueden llevarlos a la adicción.

Este no es el único peligro. El alcohol en ocasiones se mezcla con otros problemas como la xenofobia y la violencia, pregonados por grupos con tendencias de extrema derecha. Según cifras del grupo de apoyo a víctimas RAA, en 2008 el 21.2% de la población mostraba tendencias xenófobas. Estos problemas se cultivan principalmente en las escuelas y en las calles y, aunque no existen cifras unificadas entre el gobierno y los grupos de apoyo a víctimas, se calcula que entre 2006 y 2008 mil 300 personas fueron violentadas por grupos de extrema derecha y se registraron al menos 14 asesinatos por esta causa.

Según resultados de un estudio del Instituto de Investigación Criminológica de Baja Sajonia (KFN) sobre violencia juvenil en Alemania, realizado entre 2007 y 2008,.

Esta tendencia se alimenta además a través de la Internet, la música, videoclips y portales donde cada quien puede participar desde el anonimato. La nueva estrategia de estos grupos es pasar desapercibidos, por lo que han dejado atrás las botas negras y las chaquetas con impresiones de símbolos característicos de los neonazis y ahora se mezclan entre la población con saco y corbata, haciendo más difícil detectarlos entre el resto de la población.

Los extranjeros, ancianos, discapacitados, homosexuales e indigentes son los principales blancos de estos grupos, que ya superan los 60 en todo el país. Todos saben lo que está pasando, pero existe un dicho alemán que quizás lo resume todo: “las autoridades son ciegas del ojo derecho”.

Además de la xenofobia y el alcoholismo, el problema que más está agobiando hoy día a los alemanes, es el desempleo.

Aunque, curiosamente, aún la crisis financiera que hundió al país en una recesión no se siente en la calles, las proyecciones indican que lo peor está por venir. Peter Shelling, del periódico alemán, Die Welt, asegura que “se espera que el impacto llegue en los próximos dos meses”.

“Hace dos años nadie hubiese creído que una crisis así llegaría. Las perspectivas son inseguras, la inversiones y las exportaciones han bajado? pero los alemanes siempre están contentos con lo que tienen”, señaló Shelling.

Se dice que el norte de Alemania es el que mayores problemas de desempleo enfrenta. Con la recesión, en la parte oriental están siendo menos golpeados, porque están menos ligados a las exportaciones. El pasado mes de junio, el índice de desempleo se situó en el 8.1% y, aunque la Agencia Federal de Empleo indicó que en junio se registraron 3 millones 410 mil personas sin trabajo, fueron 48 mil menos que en mayo. Pero amargamente, hoy día hay 250 mil personas paradas adicionales a las que había hace un año.

En Alemania no hay salario mínimo y la base salarial supera en ocasiones los mil euros. Sin embargo, teniendo en cuenta que el alquiler de una residencia —al menos en Berlín— supera los 500 euros, el presupuesto resulta bastante apretado.

Para hablar de Alemania se necesitarían muchas páginas. Es un país que enamora con su cultura, su ambiente bohemio y su desarrollo, pero lamentablemente está agobiado por serios problemas sociales que, aunque están siendo atendidos por las autoridades y algunas organizaciones civiles, no dan tregua y mantienen gran parte de la población del país en una incertidumbre permanente.