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25 de Jan de 2021

Cultura

EXORCIZANDO DEMONIOS

“Los demonios de Berlín” es el nombre de la ultima entrega de la, hasta ahora, trilogía protagonizada por Arturo Andrade, que inició con...

“Los demonios de Berlín” es el nombre de la ultima entrega de la, hasta ahora, trilogía protagonizada por Arturo Andrade, que inició con “El a rte de matar dragones” y continuó con “El tiempo de los emperadores extraños”. Arturo Andrade se encuentra envuelto en circunstancias históricas críticas y en ellas debe aplicar el sentido común, el instinto de supervivencia y la valentía para poder sobrevivir y tratar de proteger a aquellos que dependen de él.

En esta novela, Arturo se debate en el marasmo de los últimos días del III Reich, entre los coletazos de agonía de la II Guerra Mundial, mientras el mundo descubría asombrado un enorme abismo de horror y crueldad humana y sus narices empezaban a aspirar el hedor que aún humeaba en las chimeneas de los campos de concentración. Arturo Andrade trata de mantener la vida y la cordura y de mantener a sus seres queridos a salvo en los intersticios de la locura colectiva que embargaba a los últimos ocupantes de una ciudad que fue el reducto donde confluyeron y colapsaron las ideas nazis de creación de un nuevo orden sobre las cenizas del mundo anterior. Su lucidez triste nos muestra otros matices del alma humana. Nos permite adivinarnos un poco, tanto en las víctimas como en los verdugos. El final de la novela te deja con el regusto amargo de que quizás te has perdido algo en la vida fácil que te ha tocado vivir.

Ignacio del Valle, asturiano radicado en Madrid, estudió derecho, pero esa parte de su vida no tiene ninguna importancia para alguien que reconoce que lo que él deseó siempre es dedicarse a escribir, esa es su verdadera vocación y un día decidió abandonar todo y volcarse en hacer lo que realmente le apasiona. Vive de escribir y reconoce que logra vivir bien. Colabora habitualmente con varios periódicos españoles y tiene un blog, ‘La torre de Marfil’, desde donde se relaciona en primera persona con sus seguidores.

Con seis novelas en su haber, alguna de ellas traducida a varios idiomas, el escritor español Ignacio del Valle tiene una constelación de premios y galardones en certámenes de novela y relato corto. Y una de sus novelas se está preparando para ser llevada al cine. A pesar de esta impresionante biografía para alguien tan joven, Ignacio del Valle se sienta delante de mí, atento a cualquier pregunta, abierto a cualquier cosa, absorbiendo la vida y, mientras le hace carantoñas a un boxer, me mira esperando la primera pregunta. Ignacio del Valle es un hombre de risa fácil, de ideas claras y de palabras contundentes.

¿Crees que el hombre es un ser razonablemente perverso? Para hacerse mayor, para madurar, es necesaria cierta perversidad controlada.

Entonces, ¿hay que ser malo? No es necesariamente ser malo, si no que hay que aprender a mantener los oídos abiertos, pero evitando convertirte en un malvado. Hay que evitar dejarse engañar.

Con todo el tiempo que estuviste investigando el tema de la II Guerra Mundial para esta trilogía, husmeando en detalles espantosos, ¿aún tienes fe en la humanidad? En la vida, para soportar todo lo que sabemos, hay que usar la ironía, nunca llegar al cinismo, porque te deshumanizas. La ironía te permite mantenerte cuerdo. Hay que tirar de todo lo que tenemos a mano, del arte, del amor, de la amistad, de pequeños gestos que pueden no parecer nada pero que al final son los que te mantienen cuerdo: una botella de champán, una comida con los amigos, tener un perro caracoleando alrededor, pequeñas cosas que al fin son esenciales para que sigas siendo una persona.

Arturo Andrade es un poco salado ¿no? (Risas) Arturo Andrade está rodeado de la vida.

Pues a mí me daría miedo estar cerca de él, porque mientras generalmente son los héroes los que mueren entre fulgores de gloria, en este caso son todos aquellos que rodean al protagonista los que desaparecen de forma trágica (Más risas) Como todos los héroes, Arturo sobrevive mientras el mundo se derrumba a su alrededor. Es peligroso estar cerca de los héroes. Lo primero que tienes que hacer en una guerra es localizar dónde está el héroe para no estar al lado de él, si quieres sobrevivir. Porque lo peor que te puede pasar no es que en su locura os enfrentéis solos a cien tíos y muráis matando, no, lo peor de los héroes es que te confrontan contigo mismo y te enfrentan con tus limitaciones, y te hacen sentirte muy mal si tú eres una persona normal.

¿Y Arturo Andrade no es una persona normal? Arturo Andrade es un personaje muy ambiguo, muy complejo. Y es precisamente esta ambigüedad la que le permite hacer lecturas inteligentes de las situaciones. Los fanáticos, los radicales nunca podrán ver todas las aristas de la realidad. Precisamente por esa complejidad es por lo que Arturo Andrade, que proviene de la izquierda y ha recorrido todo el espectro ideológico hacia la derecha, y casi está cerrando el círculo, puede leer la historia, los acontecimientos en los que se ve envuelto, con lucidez.

Todos estamos buscando el equilibrio en nuestras vidas, si tú lo perdieras, ¿hacia donde te daría más miedo caer? Hacia la falta de sentido común. Lo que siempre busco en las personas que me rodean es el sentido común. El sentido común es mucho más sofisticado que la inteligencia. Porque cualquiera puede ser inteligente y no trabajar su inteligencia; es mucho más sofisticado que la cultura porque cualquiera puede ser culto y no servir para nada. El sentido común y la bondad son las dos cosas fundamentales en un ser humano.

En cierto momento de la novela encontramos a un nazi diciendo en una frase “Como los judíos no tenían un infierno, nosotros nos encargamos de proporcionárselo”. ¿Crees que todas las sociedades deben tener su propio infierno? ¿Es necesario creer en un infierno? Arturo te diría que para saber por contraste que existe un cielo. Nietzsche te diría que la gran virtud del siglo XX es que pudimos comparar. Sin probar un vino malo no puedes apreciar un buen vino, y viceversa. Pero cuando a una sociedad la amenazan con el infierno siempre hay que ver a quién beneficia eso, a quién beneficia que te quieran controlar a través del miedo al castigo eterno.

Otra de las frases lapidarias del libro dice: “Lo que nos define es lo que elegimos y nuestra manera de hacerlo. Lo cómodo es ser un jodido nihilista” Sí, lo fácil es ser un cabrón, lo difícil es elegir la bondad.

¿Qué Grial busca Arturo? La paz, pero lo que pasa es que es humano y está enganchado a la violencia, a la realidad. Arturo busca la paz interior, el amor, que le quieran y que le cuiden. Reconocimiento. Lo que buscamos todos los seres humanos.

¿Y al igual que el Rey Arturo, tu personaje estará siempre condenado a que a su Ginebra se la lleve Lancelot? (Risas) Es que si no hay conflicto, yo no puedo escribir. Si Arturo es feliz termina su búsqueda y se acaban las novelas. El conflicto es esencial para la literatura. Yo no puedo escribir novelas ‘ensimismadas’. Yo necesito argumentos y personajes en conflicto, ese conflicto es lo que permite la evolución. Se necesita que las bolas choquen en el billar para que haya partida.

Otra frase del libro, que es un refrán español dice que ‘Quien peca y reza, empata’. ¿Tú empatas a menudo, o sueles perder? (Risas) ¡Hombre, yo lo que busco es la santidad! (Más risas)

Y para terminar, ¿qué pregunta nunca te han hecho y te gustaría responder? (Risas) Me gustaría que me preguntaran qué vino me gusta.

Bueno, pues ¿qué vino te gusta? El Pesquera Gran Reserva.