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28 de Jun de 2022

Cultura

La época dorada del crimen

Protagonizada por un elenco de lujo, conformado por Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard (que ganó el Óscar a mejor actriz por...

Protagonizada por un elenco de lujo, conformado por Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard (que ganó el Óscar a mejor actriz por su memorable interpretación como Edith Piaf en la 'La vida es rosa'), “Public Enemies”, recrea una época en la que los asaltantes de bancos no eran considerados como unos antisociales comunes sino como héroes románticos, personajes de proporciones casi míticas que se enfrentaban al orden establecido. Eran los “Robin Hoods” de un periodo gris, marcado por el declive de la economía estadounidense: la Gran Depresión de la década de los treintas.

Su director, Michael Mann, rescata la figura del que fuera uno de las más célebres ladrones de bancos de todos los tiempos: John Dillinger, la pesadilla del incipiente Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), interpretado por Johnny Depp.

Mann, conocido por ser el creador de la exitosa serie televisiva “Miami Vice” y de la película del mismo nombre, narra los últimos meses en la vida del que llegara a convertirse en el “Enemigo Público Número Uno” de aquellos tiempos.

Por supuesto, se trata de una cinta donde los tiroteos no escasean. En este sentido, Mann termina de perfilar un estilo que introdujo en algunas escenas de acción de “Miami Vice” (2005), protagonizada por Colin Farrell y por Jamie Foxx, y que consiste en presentar una perspectiva que se asemeja a lo que en el mundo de los video juegos se conoce como “first-person shooter”, o sea, que el espectador siente como si estuviera en medio de un intercambio de disparos, experimentado la escena a través de los ojos del personaje que empuña un arma.

El resultado son tiroteos casi antológicos, como el que tiene lugar entre el infame “Baby Face” Nelson y el agente federal Melvin Purvis la cual, tras una persecución automovilística, finaliza con el deceso del violento forajido, ultimado a balazos por el representante de la ley mientras descarga las municiones restantes de su “Tommy Gun” infructuosamente sobre el césped, en un último y fútil acto de furia criminal. Definitivamente, la única forma decente de morir para hombres como él y como Dillinger.

La película también nos presenta a un Dillinger enfrentado al final de un ciclo, de una época dominada por carismáticos, ingeniosos y atrevidos malhechores que asaltaban instituciones bancarias, evitando, cuando era posible, llevarse los ahorros de los clientes que se encontraban haciendo fila al momento del atraco. Dillinger debe hacerle frente no solamente al flamante FBI, que hace uso de los más modernos avances en investigación policíaca en su intento por ponerle fin a su carrera criminal, sino también al surgimiento de un crimen organizado que encuentra en las apuestas clandestinas un negocio mucho más lucrativo y sutil que vaciar las bóvedas de los bancos estadounidenses a plena luz del día y bajo una lluvia de balas.

Al concluir la película, el espectador se queda con la percepción de que, a pesar de dedicarse a una actividad altamente cuestionable, tanto desde el punto de vista ético como legal, es más fácil establecer una empatía con este personaje que con villanos corporativos como Bernard Madoff, cuya ambición sin límites los torna casi inhumanos, a diferencia de Dillinger, quien se mostró siempre leal con sus amigos y con la mujer que lo amaba (interpretada por Marion Cotillard). No era un héroe, pero tampoco un ser incapaz de valorar algo que no fuera el dinero.