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06 de Apr de 2020

Cultura

Sin temor a nada

En medio del incesante sol y la espesa selva que todavía queda en algunos sectores de la provincia de Darién, Sor Karla Muñoz camina lar...

En medio del incesante sol y la espesa selva que todavía queda en algunos sectores de la provincia de Darién, Sor Karla Muñoz camina largos trechos con un único objetivo: llevar la palabra de Dios a la población darienita.

Como una forma de hacer más atractivo el camino Sor Karla, con la jocosidad que la caracteriza, hace que el recorrido hasta las comunidades, se haga más corto. Esta ha sido la manera de llevar por 12 años su labor misionera.

La religiosa siempre está alegre y con su risa suele contagiar a todos las personas que la rodean. Esta característica no se desvanece ni cuando debe tomar por largas horas una piragua para llegar a los lugares más alejados. Bajo el sol o la lluvia lleva, su misión a 36 comunidades.

Muchas veces debe atravesar ríos y selvas para llegar a distantes regiones como Chati, Membrillo y Kanam. Sin embargo, eso no detiene a Sor Karla para cumplir la misión que la congregación Siervas Misioneras de Cristo Rey le ha encomendado.

La misionera nicaragüense, que debe tener 30 años a lo máximo, no le teme a nada. Con la misma naturalidad con que camina, se monta en un caballo o camina en el lodo en la época de lluvias, si es necesario. Es una mujer decidida, a la cual nada detiene en su propósito de acompañar y apoyar a las comunidades darienitas.

Su entrega es altamente reconocida por las personas de la región. Muchos de ellos disfrutan acompañarla en sus recorridos, particularmente los jóvenes y niños, a quienes Sor Karla ha sabido conquistar con su afabilidad y dulzura.

Pero ella no está sola en esta labor. La comparte con otras tres siervas, quienes desde Nicaragua llegaron a Darién el 26 de diciembre de 2005 con el firme propósito de evangelizar a los habitantes de la zona.

El trabajo de las religiosas en esta alejada provincia, que tiene como centro la Zona Misionera de Metetí, está basado en formar grupos de catequistas y evangelizadores, así como hacer reuniones donde se aprende el significado de la fe y se celebra la palabra de Dios.

Dentro de la lógica de la Madre Albertina Prudencia Ramírez, fundadora de esta congregación, quien pregona “no dar pescado, sino enseñar a pescar", las misioneras han creado talleres donde se enseña costura, manualidades y confección de dulces. Las monjas también ayudan a las personas de bajos recursos económicos a través de la distribución de donaciones como víveres y ropa que la congregación recibe.

Después de tres años de permanecer en esta provincia, las Siervas de Cristo Rey buscan establecerse definitivamente en la zona y con este fin han adquirido un terreno donde tienen previsto edificar una infraestructura propia, porque las instalaciones donde residen actualmente pertenecen al Vicariato de Darién.

Sor Karla asegura que en este tiempo ya han podido ver que la visión y misión de la congregación se están cumpliendo. Gracias a su trabajo están surgiendo en Panamá nuevas vocaciones. Con orgullo relata que tres jóvenes darienitas ya están en proceso de formación, mientras que otra oriunda de la provincia de Chiriquí ya es religiosa.

Sor Leonor Moncada, otra de las misioneras que lleva trece años realizando su labor evangelizadora, considera que se está cumpliendo una meta muy grande “llevar la palabra de Dios y al mismo tiempo hacer crecer la congregación, el reino de cristo en las almas”. Sor Leonor relata que, según las primeras siervas en Darién, cuando llegaron a esta provincia muy pocas personas asistían a misa y ahora se ve el crecimiento espiritual y el incremento de los fieles que acuden al ritual dominical.

Al igual que el resto de la Iglesia Católica, las Siervas de Cristo Rey necesitan promover el crecimiento vocacional. Cuenta Sor Leonor que las jóvenes que están interesadas en pertenecer a la congregación deben tener una experiencia pastoral en Darién antes de ser enviadas a Nicaragua, donde formalizan su preparación.

Las aspirantes a religiosas acompañan a las siervas a trabajar en las comunidades. En estas jornadas se les enseña a conocer la congregación y, si les gusta el trabajo, optan por ingresar a la casa de formación en Nicaragua. La primera etapa de preparación de las jóvenes en Darién puede durar entre seis meses y un año. Una vez en la casa matriz, son tres años de aspirantado previo a los 6 años de noviciado.

Entre los requisitos para ingresar a la congregación, explica Sor Leonor, se exige la mayoría de edad, los estudios secundarios finalizados, tener todos los sacramentos y fundamentalmente contar con la aquiesencia de los padres o tutores. Además de Panamá, la congregación tiene sedes en Costa Rica, El Salvador, España y en todo Nicaragua.

La subsistencia de la congregación, dicen Sor Leonor y Sor Karla, proviene de la caridad. E instan a las almas caritativas a brindarles el apoyo que les permitirá cumplir con su objetivo de llevar la misión de evangelización a los lugares más remotos de Panamá.

Las misioneras de Nicaragua se sienten agradecidas por la acogida que la población les ha brindado y, sobre todo, porque el mensaje de Dios ha llegado a muchas personas en esta provincia y se va extendiendo cada vez más. Aunque lejos de sus familias, ellas se sienten felices y realizadas, y aseguran que vale la pena el sacrificio de tanta lejanía.