24 de Feb de 2020

Cultura

El instinto sexual

El mito de que el apetito sexual constituye el factor dominante de la vida, es emocionalmente desquiciante y falso a todas luces. Algo d...

El mito de que el apetito sexual constituye el factor dominante de la vida, es emocionalmente desquiciante y falso a todas luces. Algo de nosotros hace que nos atraigan los mitos, las concepciones de nuestra naturaleza que tienen poco que ver con la realidad.

Uno de los mitos más difundidos hoy proclama al instinto sexual como la fuerza que impulsa todo comportamiento humano. En suma, según el mito, el instinto genésico (sexual) lo es todo. Este mito nos hace creer que el ser humano no emprende acción alguna, no cruza miradas y no concibe una imagen creadora que no esté motivada por un impulso sexual. Y si no se es un “hombre sensual” o una “mujer sensual” andará uno muy desconectado de los impulsos corrientes de su cultura. Ser maduro, se nos asegura, significa mantenerse sexualmente activo, cualquiera que sea el ánimo y el momento.

Esta idea difiere tanto de la realidad de la mayoría de los seres humanos, que resulta ridícula. Y lo que es aun más impresionante: no deja lugar para el amor sentimental ni para el erotismo sano. Impone una tiranía sexual, porque dicta una respuesta uniforme a todos, sin tener en cuenta las diferencias de edad, personalidad y situación en la vida.

El mito de que el instinto sexual es todo, tiene otro efecto: propone el trato sexual como medio para resolver problemas que no son sexuales. Por ejemplo, es frecuente que la persona solitaria, no amada, use el apetito carnal como medio para lograr una cordialidad y una aceptación que sólo pueden darse en una relación mucho más completa. Hay hombres o mujeres que, inquietos por sentirse inseguros de su verdadera capacidad sexual, se valen de ella para afirmar su masculinidad o su feminidad, o para sentirse acompañados, en vez de usarla para comunicar algo a otra persona. La actividad sexual se puede usar también destructivamente, para castigar a otro. Y en su más notable abuso, el trato sexual sustituye a la verdadera intimidad emocional y hace así innecesario el deseo de conocer a la otra persona.

Cuando todo se liga al instinto sexual, resulta difícil distinguir la sexualidad de la mera sensualidad. Esta es algo muy distinto de aquella. La sensualidad no pasa de lo más superficial, da importancia únicamente a los aspectos externos del ser humano. Parecer muy sensual no es necesariamente signo de sexualidad. Esta última es una función de la personalidad total, y sólo la experimentan y expresan las personas genuinamente maduras.

Pero el peligro mayor del mito de que el apetito sexual lo es todo, consiste en que puede paralizar nuestro desarrollo como seres humanos. En una sociedad integrada por individuos que tratan de iniciarse en el arte de la seducción abundan los problemas sexuales.

Cuando no podemos afirmar con seguridad quiénes somos o qué somos, se quiebra nuestra capacidad para entablar una relación cordial y amorosa con otra persona. Si no podemos compartir nuestra intimidad, caeremos fatalmente en una autoabsorción cada vez más profunda.

El mito de que el apetito sexual es todo, sólo se disipará profundizando en nuestra apreciación de los valores y en la significación de la vida misma. Pues, a pesar de todos los mitos, la sexualidad encuentra su mejor lugar en las relaciones de personas que verdaderamente se aman. Creer que lo sexual encuentra su verdadero significado cuando expresa una relación humana amorosa, es una idea casi tan anticuada como las más anticuadas que pueda uno abrazar. Pero es también una verdad.

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