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03 de Jul de 2022

Cultura

El tercer ojo

La penumbra constante de la selva darienita fue una de las dificultades que tuvo que confrontar la fotógrafa Sandra Eleta. En una oportu...

La penumbra constante de la selva darienita fue una de las dificultades que tuvo que confrontar la fotógrafa Sandra Eleta. En una oportunidad, su asistente, llamado Efraím, le propuso amarrar una hoja de tallo al flash . El resultado fue una luz que la artista denomina como ‘orgánica, preciosa’.

Esta es tan sólo una de las memorias que se desprenden de la ‘Retrospectiva Fotográfica de Sandra Eleta’, que se mantendrá en exhibición hasta el próximo tres de octubre y que ocupa por completo las salas de exhibición del MAC. Desde la imagen de un pulpero en plena faena en las tórridas aguas de la Bahía de Portobelo (Putulungo se llama el personaje de esta foto) hasta una empleada doméstica armada con un fusil M-16, la muestra aglutina aproximadamente 60 imágenes que Eleta ha capturado a lo largo de cuatro décadas detrás del lente de una cámara.

Las curadoras Aurora Fierro y Carmen Alemán fueron las encargadas de realizar el arduo proceso de selección. ‘Es necesaria una disciplina para saber cuándo una imagen es redundante. Hay que tener ese ojo frío para distanciarse del trabajo’, explica la artista, sus cejas arqueándose debajo el volumen de su cabello rojizo.

La retrospectiva esta dividida en siete secciones: ‘Portobelo’, ‘Campesinas’, ‘Servidumbre’, ‘Emberás’, ‘Cuba’, ‘Los abuelos’ y ‘Los caminos de la piel’. Cada una podría catalogarse como un ensayo fotográfico, en el que Eleta emplea imágenes para enhebrar una narración, proceso que aprendió durante el tiempo que residió como estudiante en la ciudad de Nueva York. A esta urbe se trasladó luego de haber dado sus pininos en el arte de la fotografía bajo la tutela de Carlos Montúfar, entre los 19 y los 20 años. En los Estados Unidos cursó estudios de bellas artes en Finch College y de fotografía en el International Center of Photography (ICP). ‘Fue un buen entrenamiento, porque teníamos que desarrollar temas en situaciones bastante extremas, en una ciudad tan dura como lo es Nueva York, en la que no es fácil el contacto humano’, indicó la artista, quien asegura nunca haber trabajado con una cámara digital.

IDENTIDAD FOTOGRÁFICA

En Nueva York aprendería a establecer una relación con el sujeto que situaba frente a su lente. Esta experiencia le sería útil cuando en la década de los setentas arriba a la costa atlántica colonense, en lo que define como ‘su primer trabajo importante’. ‘Cuando llegué a Portobelo estaba buscando mi propia identidad y de alguna manera la encontré ahí. Me topé con un paisaje extraordinario y con gente de alma libre y poseedora de una gran sentido artístico. No puedo dar razones, simplemente me enamoré del sitio’, apuntó.

Tal fue la atracción que sobre su personalidad y su arte ejerció esta localidad caribeña que Eleta terminó mudándose a Colón para residir entre los personajes a los que inmortalizó con sus imágenes tomadas con una cámara marca Hasselblad. Subraya que siempre ha utilizado una película de 35 milímetros, debido a su ‘curva más amplia entre los blancos y los negros’. ‘Hay una presencia en las imágenes, un aura, una plenitud que no he encontrado trabajando con fotos en color’, afirmó la artífice.

Además de sus trabajos con las etnias anfroantillanas e indígenas, así como con santeros cubanos, campesinos, domésticos, etc, otro tema que ha atraído al lente de Eleta han sido los ‘Diablos Rojos’. Su cortometraje ‘Sirenata en B’, que fue galardonado con el Premio ‘Crystal Apple’ del Festival de Cine de Nueva York, narra la historia de un busero en busca del amor. Con aproximadamente 26 minutos de duración, la pieza audiovisual es un homenaje a los artistas que adornan la carrocería de estos autobuses. ‘Era el año de 1982. En esa época no eran tan malditos, no tenían la reputación que tienen hoy en día. Realmente eran obras de arte rodantes’, argumenta la creadora, quien confiesa que extrañará a los ‘Diablos Rojos’ cuando éstos salgan de circulación.

Hoy por hoy, la artista desconoce cuáles serán los proyectos o narraciones fotográficas que la ocuparán en un futuro. De lo que si está completamente segura es acerca del desagrado que le provoca la palabra ‘retiro’, que para ella suena a ‘muerte’. Reconoce sentir cierta curiosidad por la fotografía digital, con la cual tal vez experimente una vez concluya la retrospectiva en el MAC.

América nada entre el cristal irradiado de las aguas. Eleta la sigue armada con su Hasselblad, aquel ‘tercer ojo’ con el que pretende escudriñar su alma hasta extraer la última hebra de inocencia...

Desde la pared del MAC, América recibe a los visitantes a la ‘Retrospectiva Fotográfica de Sandra Eleta’ con sus ojos de luz inmaculada, con la espiritualidad que aflora en su rostro de pequeña ninfa de río.