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27 de Sep de 2020

Cultura

En el nombre del arco iris y la diversidad

Para todo aquel que vive cautivo en la burbuja de sus propias impresiones, perfectamente delimitada por ese abismo de certezas que suele...

Para todo aquel que vive cautivo en la burbuja de sus propias impresiones, perfectamente delimitada por ese abismo de certezas que suele enquistarse en las profundidades del ombligo, suele ser complejo entender las ideas del resto de los mortales y sentir empatía por causas que le son ajenas. Incapacidad que, tristemente, viene acompañada de intolerancia y rechazo.

Aunque visto así parece sencillo comprender por qué los seres humanos no logramos ponernos de acuerdo, hay ciertas aversiones y oposiciones que trascienden los límites del entendimiento. Por ejemplo, se me hace muy raro que la homosexualidad siga siendo un tema tabú en nuestra sociedad. Primero porque no veo qué tiene de malo que surja el amor y el deseo entre personas del mismo sexo. Y segundo porque es increíble, y hasta gracioso, que la diversidad sexual siga causando polémica y controversia hoy, cuando han pasado 200 mil años desde el origen de la humanidad.

Se sabe que la homosexualidad ha estado presente en las sociedades desde la Antigüedad Clásica (es decir, desde el siglo V a.C.). O sea que, considerando que estamos en el Siglo XXI, ya llevamos unos 2,500 años discutiendo esta tontería de con quien te acostaste anoche, si con Sófocles o con Electra, o con los dos, y que quién eres tú para cuestionar a quién le entrego el oscuro objeto del deseo. ¡Santas trivialidades, Batman! Como si hombres, mujeres y transexuales no fuésemos algo más que solo genitales y calenturas.

Pese a la Revolución Industrial, la llegada del hombre a la Luna y la locura indescriptible que despierta el Smart TV, las relaciones homosexuales siguen siendo ilegales en 78 países del mundo; y hasta castigadas con penas de muerte en siete de ellos, según datos de Amnistía Internacional. Como si aún viviéramos en los tiempos de la Inquisición. ¿Cuantos años más tendrán que pasar para que finalmente se acepte que, te guste o no, hay quienes quieren amar, unirse y gozar de su sexualidad con personas del mismo sexo? No quiero morir sin ver llegar el día en que los seres humanos puedan ser felices con quien les dé la gana.

Aprovechando la coyuntura del Día del Orgullo Gay, quiero revelarte algo que ya deberías saber: los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales son personas comunes y silvestres. Tienen virtudes y defectos, sueños, esperanzas y expectativas de vida. Ya es hora de que puedan gozar libremente de los mismos derechos que tienen los heterosexuales.

Si lo que quieren es casarse y adoptar hijos, hay que crear las leyes que lo permitan. No tiene sentido seguirse oponiendo. Los conservadores deberían agradecer que los gays sean los únicos interesados en casarse, cuando los divorcios van en aumento y lo que está de moda es vivir en unión libre. Aprobando el matrimonio gay, aseguran de paso que el matrimonio, como institución social, no desaparezca. Además serían uniones eco amigables, ya que al no poderse reproducir entre ellos, ayudarían a controlar el problema de la sobre población mundial. Y permitiéndoles adoptar, lograríamos que algunos de los 100 millones de niños que viven sin hogar en el mundo, tengan una familia que los quiera y proteja.

Por un mundo mejor, celebremos la diversidad y la inclusión social.

COLUMNISTA