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31 de May de 2020

Cultura

Soluciones que no provienen de la fe

PALABRA. ‘ Profetas de las ciencias ocultas y el amor. Hacemos toda clase de trabajos. Lectura de cartas, tarot, tabaco, palma de la man...

PALABRA. ‘ Profetas de las ciencias ocultas y el amor. Hacemos toda clase de trabajos. Lectura de cartas, tarot, tabaco, palma de la mano, amarres, despojos, retiros, baños, uniendo y saliendo’, reza un letrero situado en una esquina de Perejil. En la parte superior del mismo se puede apreciar la imagen de un indio con torso desnudo que seduce a una mujer de su etnia.

Diagonal al sugestivo anuncio se encuentra un pequeño local en el que supuestamente se realizan los servicios enumerados. Lo administra Andrés Carrillo, un hombre vestido con una especie de bata con símbolos asiáticos, que no es indio ni panameño. Es oriundo del departamento del Putumayo, en la frontera de Colombia y Ecuador. Del cuello le cuelgan collares con caracoles y lo que parecen ser cuencas de tagua. No es un chaman pero asegura poseer conocimientos heredados de sus ancestros colombianos acerca de medicina natural, de las plantas curativas que se encuentran en la selva.

Como pudo constatar Facetas en un recorrido por negocios similares ubicados en Perejil y Calidonia, el de Carrillo no es el único con un indígena en su anuncio cuyo dueño no es de origen panameño. En otro, localizado en el segundo piso de un viejo edificio, un hombre con acento colombiano nos recibió en la reja de la entrada, vestido con un suéter con colores psicodélicos y un sombrero. Según él, los únicos servicios esotéricos que se ofrecen en el lugar son la lectura de mano y del tarot. ‘Ponen el aviso de un indio y no hay tal indio’, exponen Carrillo, para quien los indígenas americanos eran pueblos poseedores de una inmensa sabiduría.

Luis, otro colombiano que es dueño de una esotérica en Perejil, señala que el único verdadero chamán que queda no se encuentra en la ciudad de Panamá, sino en tierras chiricanas. Señala que su nombre es Atahualpa.

LA OPCIÓN DE LO OSCURO

Carrillo se sienta entre las sombras su consultorio. Sobre su escritorio, cubierto por un mantel con los signos zodiacales, se puede distinguir un mazo de tarot, una vela con un paquete de fósforos encima y envases con diferentes esencias. ‘Dominante’, reza la carátula de una. ‘Es para dominar al ser amado’, explica Carrillo, quien para protegerse de ataques esotéricos por parte de la competencia utiliza el nombre de Uriel.

A la mano tiene una raíz de mandrágora, que se utiliza en el tratamiento de la inflamación de próstata, comenta. También un frasco pequeño de plástico, que tiene escrito ‘Coralina’. Detalla que es un medicamento que se usa para tratar la artritis. También existe brebajes con nombres como ‘Venamí’ o ‘San Juan del dinero’. Son sustancias que sirven para enamorar y para atraer la fortuna. Carrillo también recurre a la ruda, la ‘chuchuasa’ y el palo cruz, hierbas naturales que mezcla con alcohol para hacer ‘soplos con una botella’.

Afirma que compra sus esencias en el almacén Sol de la india. Dice que parecen más bien ‘agua’ si se les compara con las que puede adquirir en Colombia, donde asegura que venden ‘esencias puras’.

Cuenta que a su local, que abrió sus puertas hace tres años, se presentan empleadas de servicio, mujeres de las clases altas, otras que se ganan la vida prostituyéndose, personas enfermas, etc. Asevera que a su negocio no van muchos cristianos, sino más bien católicos que están acostumbrados a rezarle a los santos y a la Virgen.

‘Las grandes religiones ofrecen soluciones para la próxima vida o, en alguna medida, milagros para la vida actual. Cuando se pierde la fe en la Iglesia tradicional se buscan otras opciones que tampoco son racionales’, sostiene el sociólogo Marco Gandásegui. Comenta que los ‘problemas monetarios o sentimentales’ pueden empujar a las personas a buscar ‘soluciones irracionales’, que incluso pueden ir en contra de sus creencias religiosas.

Para la astróloga Kazandra, que también es de origen colombiano, se trata de ‘misterios que son más antiguos que las religiones’, y que después de la Inquisición Española fueron ‘considerados como profanos’. ‘El esoterismo habla sobre el futuro, lo desconocido, todo lo relacionado con el poder del más allá’, subraya.

Kazandra, quien practica la quiromancia y la lectura del tarot en una tienda ubicada en Calidonia, afirma que la gente no ha dejado de creer en las prácticas esotéricas y que ‘todavía hay quien realice trabajos de magia blanca en su casa’. ‘Quieren saber cómo mejorar sus suerte, cómo conseguir una casa o una novia. Mi función es ayudarlos a conectarse con la fuente suprema para así lograr lo que se proponen’, indica.

Destaca que en su tienda esotérica recibe a personas de todas las creencias religiosas, a las que ofrece ‘baños con plantas medicinales para depurar el alma y el cuerpo, técnicas de alineación de chacras a través de cristales de cuarzo y tratamientos con hipnosis para la superación de traumas’.

RAÍCES DEL ESOTERISMO

Al no poder explicar los sucesos naturales que tenían lugar a su alrededor, los humanos comenzaron a inventar un mundo mágico, sobrenatural, oscuro, vinculado a su existencia material. Mientras el hombre se ocupaba de la caza y defensa de poblados, la mujer se dedicaba -en el tiempo que le quedaba en la crianza de los niños- a ejercitar la magia. Fue así como, poco a poco, se fue convirtiendo en depositaria de los secretos de la naturaleza, transmitidos de mujer a mujer, a lo largo de los tiempos, de generación en generación, preparando ungüentos, celebrando ritos, para curar heridas o enfermedades, etc.

En Europa y luego en África surgirían los estudios de hierbas y plantas medicinales, los sueros animales, la alquimia. Con el advenimiento de la concepción monoteísta, a raíz de la difusión del pensamiento cristiano, los antiguos dioses, como Zeus, Baco, Hermes, Venus, Medea y Circe, fueron perdiendo protagonismo. Una sola creencia se impuso a sangre y fuego, declarándose maligna toda religión primitiva. Entregar el alma al demonio se convirtió en la norma de lo oscuro: la brujería.

Surgen dos tipos de culto: el relacionado con el mundo de las fuerzas naturales y el que hace pactos con las fuerzas del mal. Este último tiene como objetivo principal hacer y propagar el mal, la perversidad, propiciar prácticas hechiceras, heréticas, invocando espíritus en estado de condena, en un mundo controlado desde fuerzas oscurantistas.

La tulivieja, el chivato, la tepesa son algunos de los nombres de esos demonios de nuestra imaginería popular. Pero existen más y su primera acción es influir sobre la conducta de los demás, provocar enfermedades, dolor, destrucción, perdida de bienes, en fin hacer el mal. Chamanes, brujos, adivinas, magas, hechiceras se mezclan con las tradiciones y costumbres de los pueblos a lo largo de todas las historias, cargadas de mitos, leyendas y hasta cuentos, novelas y canciones.

Aún en nuestros tiempos se celebran misas negras. En los ‘clasificados’ de los diarios es posible encontrar a muchos ‘adivinos’ y magas ofreciendo sus servicios. Para Gandásegui es natural que las personas busquen soluciones a sus problemas ‘donde crean que puedan existir’. ‘La gente le concede a estos profesionales un grado de credibilidad a pesar de su falta de fundamento racional (o científico). En todos los países del mundo hay personas que buscan ayuda en locales que prometen soluciones’, puntualiza.