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07 de Apr de 2020

Cultura

El policía que corre por El Chorrillo

PALABRA. Sábado por la mañana. El subteniente Nicolás García no está en servicio. Pero sus ojos de lince lo hacen parecer siempre alerta...

PALABRA. Sábado por la mañana. El subteniente Nicolás García no está en servicio. Pero sus ojos de lince lo hacen parecer siempre alerta. Es como si presintiera el mal con el rostro, que apuntara hacia él con sus mandíbulas afiladas, que lo olfateara con su maciza nariz morena. O por lo menos así parece sugerirlo su récord de capturas: más de 100 delincuentes -aproximadamente 13 al mes, asegura- capturados durante los 21 años que lleva en la fuerza de policía. ‘En San Miguel yo me subía a una azotea y vigilaba el área a través de unos binoculares, como un águila’, comenta el ex instructor de la Academia de Policía Belisario Porras (ACAPOL).

A pesar de su pericia atrapando criminales (que le ha valido cuatro recomendaciones en la fuerza de policía) García es más conocido por su faceta como entrenador de un grupo de 15 jóvenes oriundos de El Chorrillo y de otras comunidades como Vacamonte, Arraiján y la 24 de diciembre. A esto ha contribuido la exposición que le brindó el programa Héroes, de TVN, que exalta la labor social que realizan diversos panameños en sus respectivos barrios.

El ‘show’ concluyó recientemente, logrando llamar la atención de los superiores de García, que no tenían idea del trabajo que su subordinado venía realizando en El Chorrillo, alejando a los jóvenes de los eternos flagelos del vicio y las pandillas a través del deporte conocido popularmente como ‘running’. Un aporte valioso al que la institución pudiera echar mano ahora para tratar de mejorar una imagen que se ha deteriorado en las últimas semanas a raíz de diversos actos de violencia que han involucrado a agentes policiales.

ANTES QUE LA MODA

--------¿Hey, cómo están los pelaos, García?

---------Están bien, comando...

---------Sigue formando más atletas, hay que sacar a estos pelaitos de acá dentro...

El mundo al que se refiere el subcomisionado de policía retirado que pasa saludando a García no es otro que el de las calles de El Chorrillos. El de sus caserones coronados por platos satelitales. De los locales que venden pescado frito. De las herrumbrosas escalinatas de cemento que en el parque Amelia Denis De Icaza conducen a la cancha de baloncesto. Es ahí donde se sienta García a conversar con Bryan, Joham, Radamés, Christopher y el resto de ‘Los gladiadores de El Chorrillo’, el grupo de ‘running’ que fundó hace cuatro años con el objetivo de transmitirle a los jóvenes de su comunidad los valores que a él le inculcaron cuando era niño. Valores como la disciplina, que, aún a sus 54 años de edad, lo hace levantarse casi a diario en la madrugada y correr desde El Chorrillo hasta Gamboa, todo como parte de su rutina de entrenamiento físico.

Es algo que aprendió a temprana edad, cuando era un inquieto niño de seis años que subía y bajaba por la Avenida Ancón. En ese tiempo los corredores se aglutinaban alrededor de varios clubes: Cuatro Esquinas, Corredores del Istmo, Corredores del Pacífico. Se organizaban cuatro carreras al año, en las que participan representantes de diferentes sectores.

No se le llamaba ‘running’ como ahora. Era otros tiempos, antes que esta actividad se pusiera de moda como alternativa para mantenerse saludable. García tenía que competir con hasta 50 corredores. ‘En ese entonces tu entrabas de octavo con un tiempo de 16, 20, 16, 10... ¡Hoy en día con un tiempo así ganas!’, apunta.

A los 20 años participó en una competencia internacional en la Ciudad del Saber. Si bien no ganó -quedó de octavo lugar-, tuvo la oportunidad de conocer a Pastor Perea, quien se convertiría en su entrenador. Sería él quien le ayudaría a corregir uno de sus principales defectos como corredor: la falta de técnica en sus brazos. Esto le permitiría superarse como atleta, convirtiéndose así en un maratonista con proyección internacional. Hasta el momento ha competido en Brasil, Colombia, Costa Rica y Estados Unidos.

El día de hoy correrá 42 kilómetros en la Maratón Internacional de Las Vegas, como parte de una representación istmeña integrada por cerca de 30 atletas. García aseguró su boleto al consagrarse campeón del ranking del ‘Panama Runner’, un club que organiza carreras a nivel local y que están inscrito en Pandeportes.

PEQUEÑOS GLADIADORES

Al enterarse de que García era uno de los ‘Héroes’ de TVN el director de la policía, Julio Moltó, tomó la decisión de trasladarlo de su posición como instructor en la ACAPOL. Era una forma de aprovechar su exposición en los medios y dar a conocer su trabajo en beneficio de la juventud chorrillera, una labor que hasta ese momento había pasado prácticamente desapercibida en la Policía Nacional, debido a, según García, ‘la falta de visión’ de sus compañeros en uniforme.

Otros como César Gordón, quien conoció a García cuando ambos patrullaban las calles de Calidonia en bicicleta, siempre han creído en la efectividad de la tarea preventiva llevada a cabo por ‘Nico’, como lo llaman en la fuerza. Su amigo de muchos años, Gordón alaba el trabajo del atleta, ya que considera que es ‘mejor correr junto a ellos ahora que son niños y no correr detrás de ellos cuando tengan 15, 16 años, que ya están moldeados’.

‘La guerra está aquí’, proclama García, volteándose hacia sus pupilos y delimitando la primera (y tal vez la más efectiva) línea de batalla contra la delincuencia: la de la prevención. Es una estrategia a la que se aplica de forma incondicional, a pesar de la fatiga que le acarrea entrenar cuatro veces a la semana con los muchachos. Lo hace después de haber cumplido con sus responsabilidades en la policía, sobreponiéndose el ‘desgaste mental’ que le acarrea el trabajo administrativo. Una vez ha cumplido con el uniforme y la placa se los quita, cuelga su arma de reglamento y se calza las zapatillas, como una nueva versión de un mismo héroe infatigable.

CORRER PARA NO DESAPARECER

Muchachos como Christopher han cambiado gracias al tesón de García, abandonando los ademanes de ‘maliantito’ en favor de una actitud más positiva. Es una transformación que se ha hecho sentir tanto en casa como en la escuela. Y es que para seguir siendo parte de los ‘Gladiadores’ Christopher ha tenido que esforzarse por elevar el promedio de sus notas hasta 3.5. ‘Era indisciplinado. Salía con mis amigos y regresábamos a la una de la mañana. Ahora estoy más encaminado’, manifiesta el inquieto estudiante, a quien sus compañeros, que llevan más tiempo en el grupo, tratan constantemente de mantener en ‘cintura’.

Además de mantener unas calificaciones que los alejan del fracaso escolar, otras de las reglas que García le impone a sus pupilos es la de realizar las tareas que les asigna durante las sesiones de entrenamientos, y ceñirse a una serie de principios, valores y modales básicos que les permiten relacionarse con toda clase de personas, con el mundo que hay más allá de esta comunidad que se asienta en las faldas del Cerro Ancón.

Para los hijos de García, Nicolás Jr. y Angel Nicolás, lo que comenzó hace cuatro años como un juego, como un rato de distensión con su padre se ha transformado en un manera de mantener a la familia unida. Comprenden el sacrificio de su progenitor en beneficio de los jóvenes como ellos, una apuesta en la que ha insistido a pesar de los pronósticos agoreros que se repiten en la calle. ‘Se dice que El Chorrillo va a desaparecer, que la clase media está desapareciendo. Estamos perdiendo historia, cultura. Dios quiera que Panamá no quede convertida en un depósito de contenedores’, lamenta García, sentado en una escalinata del parque donde antaño se levantaba el infame Cuartel Central. Sabe que la comunidad seguirá cambiando, que vendrán más proyectos como la Cinta Costera III y el desarrollo inmobiliario que se contempla para Amador. No se puede huir de los cambios, ponerle frenos al futuro. Pero tal vez si se pueda escapar a la marginación, a las balaceras, a la muerte. Por eso García y sus muchachos continuarán corriendo, para que, como pregonan sus hijos, El Chorrillo siga siendo ‘un barrio donde los buenos somos más’.