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29 de Oct de 2020

Cultura

Siempre me faltará un vino con Galeano

Fui a un bar en donde me dijeron que a veces aparecía para tomarse un vino, pero nunca llegó

Siempre me faltará un vino con Galeano
Siempre me faltará un vino con Galeano

Después de luchar durante algún tiempo contra un cáncer de pulmón, ha muerto en un hospital de Montevideo, capital de Uruguay, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor de libros como Las venas abiertas de América Latina , A sol y sombra , La canción de nosotros (libro que le valió el Premio Casa de Las Américas), Memoria del Fuego (de la que declaró él mismo que era su favorita) y El Libro de los abrazos (mi favorito entre el puñado de libros de Galeano que he leído), entre muchísimas otras obras que han dejado y seguirán dejando huella en miles de lectores alrededor de todo el mundo.

A Galeano traté de conocerlo cuando caminé por su ciudad de Montevideo durante un viaje que realicé al país del sur. Fui a un bar en donde me dijeron que a veces aparecía para tomarse un vino, conversar con la gente y firmar libros amablemente. Galeano nunca llegó. Corría el 2013, era mayo, estaba muy frío y ya Galeano estaba delicado de salud.

Es raro esto que siento. Es como si se me hubiera ido un amigo que nunca conocí. Creo que siento esto por solo un escritor más, cuya muerte no lamenté porque cuando ocurrió yo apenas tenía 6 años y no lo conocía ni de nombre. Me refiero a Julio Cortázar. Es decir, tal vez haya escritores más pirotécnicos, perfectos, yo qué sé; pero Cortázar, Galeano, son, aparte de grandes artistas de la palabra, gente, de carne y hueso; no son montañas, ni fotos de postal ni estampillas de correo, ni figuras de moneda nacional; son tipos con los que sientes que te puedes tomar un vinito y gastarte un par de bromas inteligentes.

De Galeano apenas he leído tres o cuatro libros. Me bastó con leer uno para conocer su grandeza. Una grandeza que muy bien podía existir sin que él escribiera una sola cuartilla más. ¡Qué vacío! ¿Será porque siento que de Galeano quedaba mucho fuera de las páginas de sus libros; y que de otros escritores no queda nada más que su obra, como la de Borges? (Pongo al viejo Borges por nombrar a alguien). Borges se muere y uno dice: Ah, bueno, quedan sus libros, no pasa nada; pero uno lo dice porque en realidad lo único que lo interesa uno de Borges son, precisamente, sus libros, no él. ¿Me explico? Con Galeano, sin desmeritar su obra, no era así. No sé si me explico. Espero que sí. Soy medio torpe para expresarme cuando tengo los sentimientos a flor de piel; para sentimientos a flor de piel, mejor un poema o una canción. A ver qué sale el fin de semana. Podría escribir una canción basada en aquello que dice Galeano en uno de los tantos bares en que se le puede escuchar y ver hablando de tantas cosas profundas y a la vez sencillas, con ese acento del Río de La Plata, pausado y lleno de figuras e imágenes poéticas. Galeano es un mar cuando habla, un mar tranquilo y amplio.

En uno de esos videos habla Galeano sobre la utopía, la cual siempre, dice, está en el horizonte, por lo cual no podemos alcanzarla, porque cuando avanzo 10 pasos, la utopía, junto al horizonte, se aleja 10 pasos, y así cuando camino 20 pasos, la utopía, pues, que se vuelve a alejar 20 pasos. Entonces, así las cosas, ¿para qué sirve la utopía? Pues, para eso, responde Galeano, para caminar. Gracias, Eduardo, por enseñarnos a caminar contigo.

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