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29 de Mar de 2020

Cultura

Cuando la pintura sale del lienzo

El reconocido artista colombiano Mario Vélez llega por segunda vez al Istmo con la muestra ‘Expansión métrica'

Después de horas pintando en el silencio de su estudio, Mario Vélez prende su equipo de sonido con la única intención de saber la hora. El momento de irse a casa. Pero cuando el diálogo entre un artista y su lienzo termina, empieza otro proceso quizás igual de importante para el autor: abstraer lo mejor de la observación. El mundo, la naturaleza y, sobre todo, el ser humano, han movido corrientes artísticas completas a lo largo de la historia no por ser lo que son en concepto, sino por su significación desde la mirada de aquellos hombres que empuñaron alguna vez el pincel.

En un paseo cerca de una finca, de noche, Mario recuerda haber fijado la mirada en las piedras del río – ‘fósiles', las llama. Su curiosidad lo movió a recoger algunas y hacer un inventario. Pensaba en cómo un río podía ser plano y profundo, al igual que el propio universo si uno se concentra en el cielo y las estrellas. Pero sobre todo ancló a la pintura, que en esencia es también plana –un soporte cualquiera– pero a la vez profunda, por todo lo que puede ser y contener. ‘Empecé como a armar todo este cuento y salió la serie ‘Canto Rodado', que viene de la forma que toman las rocas por esa parte violenta del río', dice el artista plástico.

GEOGRAFÍA EN LO ABSTRACTO

Alrededor de dos años pintando dieron como resultado 52 piezas entre el formato mediano y otras que superan los cuatro metros; además de una serie de esculturas. Un puñado de estos elementos se exhibe hoy en el Istmo, en Galería Artesconsult, la muestra individual ‘Expansión métrica'.

El artista explica que el haberse interesado por las rocas del Río Cauca, sobre las cuales había caminado durante años, de noche y de día, coincide con su inquietud por lo dimensional. Algo que el mismo lienzo le reclamaba: ‘La pintura empezó a sentir la necesidad como de texturas, como de quererse salir un poco del cuadro'.

El encaje no pudo haber salido mejor. La obra de Mario Vélez se caracteriza, debido a su especialización en Alemania, por un fuerte rasgo del expresionismo, además de lo abstracto y un elemento precolombino. Pero las formas que siempre ha insertado en sus lienzos son ovoides, como las de una roca puliéndose en cada golpe dictado por el río.

A estos elementos se le suman unos trazos que dividen los cuadros como si se trataran de posiciones geográficas, mientras otras líneas parecen conectar los ‘fósiles' con algo fuera del cuadro. Es decir, esta serie individual de Vélez interviene todo el espacio de la galería, incluyendo las rocas que en algún momento recolectó. Todo parece configurar un sistema donde quien cruce el umbral de la galería, se integra. ‘Lo que queremos con estas instalaciones es exactamente eso, la presencia de las pinturas en el espacio –detalla Mario–, que no llegues y simplemente veas una pintura, sino que al ver la extensión de las líneas en una retícula blanca hecha en el piso, vos ya estás en la red de la pintura. Ya estás en todo un sistema métrico, donde ya es solo un cuerpo, y vos hacés parte de ese cuerpo'. Ese juego entre espacio y tiempo, según el artista nacido en Antioquia, tiene que ver con lo efímero, con el estar y el no estar; con la presencia.

RITMO DE LA TÉCNICA

Las rocas de la serie pasaron por un proceso antes de llegar a la galería. ‘Las que recolecto las vuelvo parte de la instalación, en otro proyecto las convierto en plastilina para darle como una identidad, como hacen los médicos forenses; después de un recorrido antropológico llego al estudio, las lavo, les pongo identidad, y después las vestimos, les damos una piel de colores con pedazos de tela que se van uniendo, quedando como fragmentos de lo que son estas rocas'. Al colocarlas en el piso de la exhibición, dan la impresión de que cayeron del cuadro. Lo que hizo Mario con su más reciente muestra fue volver todo el proceso ‘obra', según sus propias palabras: ‘Que el proceso no se quedara aquí en el aire y que fuera como la experiencia, sino que todo lo que pasó para llegar aquí, pueda traducirlo en ‘obra', no simplemente en el concepto como concepto, sino en ‘obra”.

Todo esto se traduce en realzar una nueva experiencia de la audiencia alrededor de la pintura, que sean partícipes de las nuevas lecturas de esta rama del arte. Más allá de que al final de la visita el cuadro vaya a ser adquirido por alguien del público, que se perciba como un objeto que hace parte de un contexto.

Cuando uno detiene la mirada en el interior de los ovoides en los cuadros de Mario Vélez -aquella inquietud geométrica del artista medellinense- emergen texturas que según él tiene que ver con el curso hacia donde se mueve la pintura. ‘Hoy en día la pintura también está indagando un poco más con otros materiales independientes de los óleos y los acrílicos. Estos son polímeros mezclados con óleos acrílicos –explica señalando uno de sus cuadros–, pero son procesos hechos con lijas eléctricas para poder empezar a darles esas texturas y para poder mezclar los dos colores y los dos materiales, que se vuelvan uno solo'.

Su obra (influenciada por las más de 40 individuales que ha presentado alrededor del mundo) se centra en la naturaleza, de acuerdo con el propio autor, siempre partiendo del ‘hombre como hombre, como ser humano, como materia sensible'. En sus paseos por el Río Cauca, un paisaje recurrente en la vida del artista paisa, se topaba con los barequeros recogiendo oro, a quienes les compraba pequeñas porciones; algunas de estas bañaban esculturas ovoides que iban pegadas a piedras en ‘Canto Rodado', otras sobre patinetas bajo el título de ‘poscolombinos'; pero sobre todo, quedó impregnado en cada cuadro cierto matiz entre un color y el dorado. ‘Pienso que lo que está pasando hoy es realmente entregarle a la gente las cosas un poco más depuradas', dilucida Vélez.

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40

INDIVIDUALES

Número de exposiciones individuales del artista plástico colombiano.

52

PIEZAS

Número de obras que conforman la muestra ‘Expansión métrica', su segunda en el Istmo.