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19 de Feb de 2020

Cultura

Gastronomía social con toques de solidaridad

A pesar de la escasez de recursos, la Fundación Cocinando y Donando continúa con su labor de ayudar al prójimo, ofreciéndole, cada semana, comida en buen estado

Comprometidos con la visión de que ‘el alimento no es un beneficio, sino un derecho', los voluntarios, chefs y donantes de comida de la Fundación Cocinado y Donando (Cocydon) trabajan para elaborar comidas nutritivas y llegar a diferentes puntos de la ciudad capital donde residen personas con escasos recursos.

En su sede temporal en el Hogar Bolívar elaboran, cada sábado, entre 1,000 y 1,500 platillos con un menú especial. Después salen a las calles a repartir estas comidas en sitios marcados por la marginalidad.

Luis Fernando Norato, director de Cocydon, expresó que la misión de la fundación es ‘desarrollar el amor hacia el prójimo para hacerles llegar un buen alimento y no una simple comida. Lo que hacemos es gastronomía social para personas de diferentes edades, nacionalidades y sexo'.

Además, explicó que la cantidad de platos no está predeterminado, sino que depende de lo que se consiga.

Los menús que se elaboran cada semana son creados por los chefs Abel Rodríguez, de Delicias Peruanas; y Víctor Oldfield, de La Bendita Paleta. ‘Ellos se han convertido en los pilares de la fundación, confiamos en su experiencia', acotó el director.

El equipo de trabajo de Cocydon está compuesto de voluntarios: un equipo base conformado por 30 personas.

‘Para nosotros la misión es desarrollar el amor hacia el prójimo, para hacerles llevar un buen alimento y no una simple comida. Lo que hacemos es gastronomía social para personas distintas',

LUIS FERNANDO NORATO

PRESIDENTE DE COCYDON

Durante las actividades realizadas los fines de semana, están abiertos a aceptar a nuevos voluntarios, con llenar un formulario en su página web (www.cocydon.org). Cada sábado participa un centenar de personas. ‘Al ser voluntarios, muchas veces debemos dar de nuestro propios recursos para llevar a cabo el objetivo cada semana; trabajar con alimentos es una de las actividades más caras. A través de los años, se ha tornado un poco difícil sumar a los interesados, porque muchas veces se dejan llevar por lo que recibirán a cambio. A pesar de que es un evento que se realiza todos los años y existe una difusión, aun así, los ciudadanos no se involucran'.

Destacó la necesidad de que en el país se implementen los códigos o legislación dirigida a hoteles, para que la comida que se consuma no sea desechada, sino donada a centros comunitarios. ‘Nos hemos acercado a los restaurantes y hoteles para plantear la idea. Los dueños solo resaltan la propuesta, pero no se comprometen. En este tipo de proyecto, como Cocydon, se necesita de pocas palabras y más acción y voluntad', indicó Norato.

‘Hace unas semanas, se botó una cantidad significativa de alimentos en el país, que muy bien podrían haber servido para compartirlo con personas que sufren hambre', añadió.

Norato destacó que los problemas de nutrición que se presentan no son justificables ante un Estado que genera muchos ingresos. Son alimentados por la desigualdad social, que lo único que genera es un retroceso en temas de alimentación.

‘Nuestra problemática también radica en la falta de voluntad de las autoridades competentes, en no acceder a espacios públicos para el desarrollo de actividades educativas y proyectos como los de Cocydon. Es muy difícil ser activista con pocos recursos para impulsar el cambio, es por eso que siempre se necesita del apoyo de la empresa pública y privada', enfatizó el director.