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20 de Ene de 2022

Cultura

Codro y su infortunado sentido de la oportunidad

Messer Codro, entristecido por tan falaz final, se empeñó más en su trabajo y aceptó la primera oportunidad para incorporarse a la expedición de Bartolomé Hurtado

Los exploradores detuvieron sus tareas para mirar con atención el singular cuadro que se presentaba ante sus ojos en las playas de Darién, donde don Pedro le pedía a Messer Codro le leyese el destino escrito en las estrellas como si fuese un agorero o un taimado prestidigitador. Codro, aunque ofendido por la ignorancia de su interlocutor que no distinguía entre un científico y un mago, no se amilanó y consultando brevemente sus aparatos dijo: “Vuestra alegría no es auténtica si no sois serio cuando hay que serlo, y descuidáis vuestras obligaciones principales. Es una alegría peligrosa minimizar los pecados graves, rehuir cualquier pensamiento sobre el juicio y el infierno, ser atolondrado y distraer a los demás en la iglesia o en ocasiones que requieran formalidad. No os inspiran compasión las penas de los demás, evitáis con vuestra actitud que os incordien con sus desgracias” y aunque los aplausos de esa fiera audiencia acompañaron sus palabras, Codro pareció no darse cuenta que se había ganado el odio de don Pedro Valenzuela. Bien dicen que uno es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio.

Este peculiar Codro –cartógrafo, geógrafo, dibujante, astrónomo, en suma, hombre de ciencia italiano de su tiempo– que fuera contratado por Fernando El Católico conjuntamente con Messer Caboto y Messer Marrunio para reforzar los conocimientos del entonces flamante Consejo de Indias, fue el único de los tres que se interesó por desplazarse a Las Indias con el sueño de elaborar el primer mapa de las nuevas tierras que su majestad incorporaba a sus dominios

Su segunda intervención –nos dice Romoli (1955)– fue para el adelantado del Mar del Sur Vasco Núñez de Balboa –con quien le unía una sincera amistad– cuando, sin él pedírselo, le confeccionó un dibujo de la conjunción de los astros proporcionándole la siguiente advertencia al ver sus dudas respecto a si debía reunirse con Pedrarias: “Cuando las estrellas estén así, estaréis en peligro mortal; si escapáis de él llegaréis a ser uno de los grandes capitanes de las Indias; pero, si no, seréis destruido implacablemente”. Balboa que no creía en el destino de los hombres marcados por las estrellas fue a Acla y ya se sabe que terminó su vida ajusticiado junto con otros cuatro compañeros de infortunio.

Messer Codro, entristecido por tan falaz final, se empeñó más en su trabajo y aceptó la primera oportunidad para incorporarse a la expedición de Bartolomé Hurtado que exploraría parte del actual Panamá, consciente que era mejor poner tierra de por medio ahora que su vinculación con Balboa podría traducirse en persecución o en una brusca desaparición propiciada por Pedrarias. Y es en ese trance que se produjo su tercer desacierto. La tropa, entre bromista y supersticiosa, decidió preguntarle qué decían los astros acerca del futuro de todos ellos. Otro distinto a Messer Codro hubiese entendido la chanza y hubiese respondido con igual ingenio, pero no él, estudió la situación y explicó que muchos de los presentes morirían víctimas de fiebres en las primeras semanas de entrar en el nuevo territorio. Ahora, además del capitán Valenzuela también lo odiaba todo el destacamento. Menudo lío que le generó una inquina general y solo acabó cuando la fiebre atacó al propio Codro. Según el historiador Oviedo (1858), don Pedro Valenzuela no le prestó ninguna atención dejándolo morir solitario en Cébaco, desapareciendo con él el primer intento cartográfico del istmo.

Sin embargo, hay un cuarto desatino poco conocido del buen Codro con el mismísimo Pedrarias, quien queriéndolo para su causa no dudó en adularlo llamándolo “extremo ejemplo de hidalgo discreto, resumen del buen trato y del buen decir, heraldo de buenas nuevas e iluminado de las ciencias” para invitarlo a que le leyese en los resortes de la naturaleza su destino; un cortesano hubiese aprovechado la ocasión que se le ofrecía en bandeja de plata, pero no Messer Codro, él respondió que no requería de sus instrumentos para leer que “la picardía en el gobierno del asiento (se refería a Santa María del Antigua) provoca abusos así que vuestro gobierno no es otra cosa que la injusticia apoyada por la violencia”. ¿Arrogancia, desliz, ingenuidad o simplemente Codro era un hombre honesto con sus convicciones?

Un último punto final, ¿de dónde viene el nombre Codro? El historiador italiano Mangalona (1874) indica que se trata de un sobrenombre que devino en apellido. El nombre de nuestro protagonista era Antonio Urceo, natural de Rubiera cerca de Módena, y el apelativo “Codro” lo recibió un ancestro suyo en un rapto de comicidad del príncipe Pino degli Ordelaffi, señor de Boloña y alrededores, cuando afirmó que el susodicho personaje tenía vista y facciones de avaro o “codo” aludiendo al gesto popular de señalar esa parte del brazo para describir a los que no gastan ni un maravedí con tal de no dejar una merced. Avaro o no, Codro sería el primer cartógrafo profesional que pisó Panamá.

Una bella historia para cerrar el año 2021.

Embajador de Perú en Panamá