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17 de May de 2022

Cultura

'Mía, tuya, suya', un largo camino de sanación

Narrar en un libro un episodio de vida que produce mucho dolor no es sencillo. Anamari Eskildsen comparte algunos detalles del largo camino que concluye con la presentación de su primer libro el próximo jueves

'Mía, tuya, suya', un largo camino de sanación
Anamari EskildsenCedida

Mía, suya, tuya es el primer libro que Anamari Eskildsen escribe y presenta al público. Es el resultado de años de reflexión, un largo proceso de sanación y una prueba a su curiosidad. Es también la muestra de que más que el resultado, lo que importa es el proceso; el reescribir, el poner en orden las ideas, el recibir ayuda, el buscar apoyo de manos y mentes más experimentadas y el ser firme ante las adversidades, elementos proco proyectados cuando se abre la tapa de un libro terminado. “Se le da tanta importancia al resultado final cuando lo más rico está en el proceso”, reconoce la autora.

Y estas páginas nos dan la oportunidad de conversar un poco más sobre ese proceso invisible pero cargado de significado.

El inicio, hace casi 24 años

Anamari Eskildsen cerraba cada noche los ojos con la esperanza de no abrirlos más. Era mucho lo que a sus 13 años de edad debía procesar. Su madre había encontrado la muerte de forma brutal de manos de un violador en serie y el revuelo mediático no dejó un espacio sin el eco de esa espantosa noticia que irrumpió en la sociedad panameña en 1998.

'Mía, tuya, suya', un largo camino de sanación
'Mía, tuya, suya', un largo camino de sanación

“No quería vivir, el dolor era demasiado grande para el corazón, un dolor que trasciende lo emocional y se vuelve físico. Me dolía hasta el vello”, recuerda. Sin embargo, despertó un día cayendo en cuenta que ya que de todas maneras iba a despertar, la forma en que encarara la vida dependía absoluta y exclusivamente de ella.

Ante una situación tan abrumadora, Anamari guardó su dolor en un cajón, porque “a veces no hay espacio para el dolor porque hay que resolver otras cosas inmediatas”, comenta. Pero aunque ese momento que afectó completamente su vida quedara oculto a simple vista, no había desaparecido. Once años le tomó abrir ese cajón para enfrentar ese pasado y empezar a sanar.

“Darme cuenta de que era mi responsabilidad cómo iba a vivir la vida fue crucial y siempre lo he hecho siempre muy dueña de mi soberanía, mis decisiones”, destaca. Claro está, ese nivel de decisión siempre trae algo de terquedad y rebeldía. “por eso tuve mucho drama con mi papá y mi madrastra, esa necesidad de controlarme me hacía bullir como una olla de presión…”, reflexiona. Un largo proceso debió transitar hasta encontrar respuestas.

Ese camino lo allanó la posibilidad de poner en claro sus ideas en diarios. “desde el primer grado llevé un diario, con candadito y todo eso”, rememora. Allí anotaba todo, sus emociones tanto positivas como negativas, unas muy infantiles planas de “odio a fulano (o fulana)” y el nombre de aquel que le causaba alguna ilusión. “El cuaderno siempre ha estado en mi vida, pero empecé a llevarlos de forma más ordenada y los conservo, desde el año 2000”, cuenta.

Enfrentar el duelo

En busca de completar su duelo, Anamari buscó ayuda a través de la terapia y durante ese proceso empezó a escribir cartas a su madre. Esos cuadernos tenían dibujos de un pez koi, figura con la que Ani se identificaba porque nadan contra la corriente. “Yo decía que mi destino era nadar río arriba”, relata. En ese momento veía la vida de forma bastante dramática, oscura, pero poco a poco, las cosas comenzaron a cambiar. “Aprendí que podía ser ligera, que las cosas no tenían que ser difíciles”, dice.

Ese momento de transformación a través del duelo, un duelo que había esperado once años por surgir quedó escrito en sus diarios. “Todo está registrado allí, mi terapia con Marina Peña, el viaje a India… y en ese momento recuerdo registrar 'cuando escriba mi libro', un sueño que en ese momento encontraba muy difícil de lograr” y que quedó también guardado en esos diarios.

En adelante, la vida de Anamari fue mucho más serena, incluso, dejó de escribir por algún tiempo. Llegaría el amor, luego la maternidad y con el nacimiento de su segundo hijo, las cosas cambiaron. Afloraron sentimientos que hasta el momento ella no había reconocido en su vida. “Sentí una especie de liberación, como si algo dentro de mí se hubiese destrabado”, asegura. Reconoció un amor y una ternura más profundas, así como también la tristeza. Pero esta vez fue de una forma más consciente, lo que me permitió buscar una solución.

“Darme cuenta de que era mi responsabilidad cómo iba a vivir la vida fue crucial y siempre lo he hecho siempre muy dueña de mi soberanía, mis decisiones”.

Dos libros dieron a Anamari la clave para seguir adelante. Uno fue Big Magic, de Elizabeth Gilbert. En él su autora se refiere a las ideas que llegan a la mente de las personas y cómo si no se honran esas ideas, ellas siguen su camino. “Le prometí a la idea de escribir un libro, “si un día vuelves, te prometo que te voy a honrar”. El otro libro fue The Bullet Journal, de Ryder Carroll, quien establece un sistema de diario/agenda establecido por puntos específicos que permite que las ideas se reflejen con una mayor claridad. La idea de escribir regresó con mayor fuerza.

El journaling, o el hábito de llevar un registro tanto de las metas diarias como de los resultados que ofrece la jornada aportó a Anamari una mayor claridad en cuanto a lo que estaba viviendo y lo que quería lograr. También otorga la responsabilidad de las metas propuestas pues quedan por escrito. “Ese cuaderno es como un compañero de vida y jugó un papel muy importante, porque te lleva mucho a la conciencia”, declara.

Se juntan las piezas de la historia

Anamari empezó a escribir, escribir y escribir. Inicialmente con una sensación de que tenía que sacar de adentro un montón de cosas que tenía guardadas. Debía vaciar ese cajón. Empezó por detallar todos esos recuerdos que tenía de la semana más terrible de su vida, desde el día en que su madre desapareció. Esas memorias están plasmadas en la primera parte de su libro, “Mía”, un recuento en primera persona que narra desde el punto de vista de una niña de trece años, cómo vive y procesa la muerte violenta de su madre. La segunda parte, “Suya”, es la historia de Dolores Alfaro de Eskildsen, madre de Anamari, la parte más cruda del libro pues da cuenta de los sucesos y detalles que salen a la luz durante la investigación del asesinato. Una parte de la historia que la propia Anamari no se sentía capaz de contar, con muchos datos que fue descubriendo gracias a su propia investigación, pero que la ayudó a enfrentar de una vez por todas, ese terrible suceso.

La tercera parte es “Tuya”, ese amarre que hace que esa historia deje de ser solo de Anamari o de la familia Eskildsen. Es también de quien la lee. Porque establece la universalidad del dolor, esa necesidad de expresión y de sanación.

“El formato fue surgiendo conforme fui escribiendo. Yo sí sabía que mi libro tenía tres partes, quería contar la herida y luego el duelo. Pero no sabía claramente cómo iba a ser la tercera”, explica. Porque faltaba parte del proceso, aprendizajes que llegaron después de aquellas dos primeras etapas. “Ahora es que yo entiendo que esos personajes que en un momento rechacé tanto, eran los que más potencial veían en mí. Ellos me exigían más porque sabían que yo era capaz, esas personas me di cuenta que eran divinidad, que eran ayuda, pero eso yo lo aprendí después”, admite.

Un libro toma forma

Para Anamari, el proceso de escritura fue “mágico”, inicialmente no sentía presión por los resultados pues no tenía la pretensión de publicar. “Para mí, ere suficiente con haber repasado todo esto, mirarlo desde afuera”, cuenta. Pero de a poco se convenció de que esta publicación podría llegar más allá. “Amo leer, así que soñaba con la vida de las personas que admiro y de quienes leo, siempre soñé con escribir pero siempre sentí que tenía una especie de tapón, que había un libro que quería salir antes y si yo no paría ese libro, nada más iba a salir y probablemente era este libro”. Sin embargo, había algo no negociable en esa ecuación, Este libro tendría que ver la luz sin ningún tipo de tamiz. “Si el contenido tenía que comprometerse para no ofender a alguna persona de la familia que estuviese involucrada, yo prefería que el libro se quedara en una gaveta”, dijo.

Y es que los hechos que rodearon la muerte de Lolita Eskildsen no solamente afectaron a sus hijos, a su viudo o a la familia. Tocó la vida de personas que ni siquiera la conocían. “Ellos me han apoyado [mi familia], pero es muy duro, estoy generando que se reviva algo que muchos estábamos muy felices de que ya había descansado. Y yo estoy poniendo el dedo en la herida, pero pienso que hay que hablar de los temas que no se hablan; no es fácil y por eso les agradezco el apoyo. Consulté con mi papá y su esposa pues ellos eran quienes resultarían más afectados, pero no estaba dispuesta a quitar nada”, indicó.

“No tengo que hacer más que agradecer. Y yo ya he visto el efecto que puede tener el libro en alguien que tiene una herida porque aunque tu dolor no venga del mismo lugar, todas nuestras historias sean diferentes y nadie te puede decir cómo te estás sintiendo, hay abrazo en la universalidad, abrazo en darte permiso y llorar el dolor mío. Entonces en este caso me tocó ser egoísta y decirles esto puede ser tormenta pero lo voy a hacer y esa culpa que puede haber la transformo en gratitud”, sostiene.

Para Anamari su libro abre puertas a conversaciones, ofrece un consentimiento al sentir. “No hubo permiso para hablar del tema, del crimen sexual no se habla… es sucio es morboso. Este hombre tiene una lista de mujeres abusadas a quienes no se les hizo justicia. Si a estas mujeres se les hubiera hecho justicia mi mamá probablemente estuviera viva… y a mi mamá se le hizo justicia por privilegio… así es el crimen sexual en Panamá, de hacerse de la vista gorda, dicen 'seguro ella fue fácil', 'ella se lo buscó', muchas mujeres son maltratadas y estas cosas hay que hablarlas estas cosas en 2022 se pueden hablar, se pueden condenar”, afirma.

Habiendo concluido su proyecto, Anamari siente que es otra. “Pensé que tenía que escribir el libro para contar la historia que tenía atiborrada pero en realidad fue mucho más que eso. El libro solito me trajo mucha sanación, mucho movimiento emocional, me sacudió, el libro arrastró muchas cosas y definitivamente al final, ya no era la misma. El libro termina con la afirmación de que ahora yo habito el espacio del corazón. No tengo idea de qué viene ahora, pero definitivamente después del libro soy otra yo”.

El libro está ya a la venta a través de la página anieskildsen.com en su versión impresa y a través de amazon.com en edición digital. Su presentación formal se llevará a cabo el jueves 17 de marzo a través de la plataforma zoom. Para asistir, debe registrarse en anieskildsen.com