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18 de Oct de 2019

Fútbol

Un nuevo adiós de Víctor Valdés

Apenas 11 meses después de haber retornado a su casa de siempre, el F.C. Barcelona, Víctor Valdés, legendario exportero de la institución, vuelve a marcharse acompañado de cierta irritación y controversia, que parece seguirlo adonde va

Valdés, de 37 años, es un exfutbolista y entrenador español.EFE

Apenas hace 11 semanas, Josep María Bartomeu, presidente del F.C. Barcelona, anunciaba la contratación del exportero Víctor Valdés como entrenador del Juvenil A del club blaugrana. Poco duró el experimento. Entre el conflictivo carácter del antiguo portero y la gestión incongruente de una administración indecisa, la aventura llegó a su fin muy poco después de haber comenzado.

Apenas 11 meses después de haber retornado a su casa de siempre, el F.C. Barcelona, Víctor Valdés, legendario ex portero de la institución, vuelve a marcharse acompañado de cierta irritación y controversia, que parece seguirlo adonde va. Sus relaciones con el Barça nunca fueron sencillas, pese a su status de leyenda y los muchos títulos obtenidos en su carrera. Como blaugrana ganó nada menos que 26, incluyendo 3 Champions. En 2014, gravemente lesionado, decidió no renovar por el club y marcharse a la ciudad de Aubsburgo. Allí realizó su recuperación. Cada día utilizaba el transporte público para asistir a sus sesiones de fisioterapia, y desde entonces guarda en su bolsillo las tres monedas equivalentes al precio del transporte; un modesto memorial de aquellos esfuerzos, de aquella humildad.

Desde hace un tiempo, Valdés había mostrado sus deseos de volver al F.C. Barcelona. Incluso habló con el presidente Bartomeu para explorar las posibilidades del regreso. Y Bartomeu decidió incorporarlo como primer entrenador responsable del Juvenil A. El resultado de esta apuesta cae en terreno fronterizo con el desastre, tratándose de una participación efímera en exceso y desafortunada en cuanto a su gestión. Solo duró 11 semanas en las que Valdés se las arregló para pelearse con medio mundo dentro de la institución. Arrancó apenas llegado, cuando sus juveniles participaban en la Youth Otten Cup disputada en Holanda, y Valdés se negó a que su equipo participase en el partido por el tercer lugar, para preservar a sus jugadores de innecesarios desgastes y posibles malestares.

Hace apenas días, muy pocos días antes de su partida, Valdés tuvo un agrio enfrentamiento con Patrick Kluivert, responsable del fútbol base del club. Ante los reclamos de Kluivert por utilizar un 4-4-2, en lugar del clásico 4-3-3 Valdés respondió fulminante: “Mi equipo lo hago yo”.

Pero si el temperamento exigente y levemente paranoico de Valdés fue su peor enemigo; tampoco recibió ninguna ayuda por parte de una organización desorientada, que intenta utilizar los grandes nombres que resuenan en la rica historia del club, como una manera algo superficial y poco sustanciosa de forjar o fortalecer las estructuras del club (Kluivert es un ejemplo, tal como Puyol, quien fue convocado para ocupar un puesto en el organigrama, aunque se negó a aceptarlo, y Xavi se menciona con gran frecuencia como próximo entrenador del primer equipo y Eric Abidal es el vigente Secretario Técnico). Esta es una manera con la que la dirigencia busca congraciarse del modo más fácil con la tribuna y ganar, así, puntos con la gran masa social blaugrana.

Los jugadores juveniles tampoco se salvaron de tener problemas con Valdés. Cuando el ex portero retornó a Barcelona el pasado 19 de julio, se dispuso de inmediato a utilizar una metodología que él mismo inventó y desarrolló y que pensaba perfeccionar con los chicos del juvenil. La bautizó Futtack, y de algún modo funciona como el símil de un tablero de ajedrez. Si los defensas centrales son peones, los laterales funcionan como torres, los alfiles son extremos y los talentos más importantes equivalen a la reina o el rey.

Nada muy original o interesante, aunque Valdés defiende la modernidad de su sistema, y sus éxitos potenciales aplicados cara al futuro. Pero sus esfuerzos no funcionaron de acuerdo a sus expectativas, en gran medida por la confusión y el rechazo provocados en sus propios jugadores. Los continuos cambios posicionales, las variables masivas, los ajustes constantes generaron una incomodidad generalizada entre los jóvenes pupilos de Valdés.

Si bien Víctor Valdés había tenido originalmente el completo respaldo de Bartomeu, una vez llegado el momento de la despedida, estuvo prácticamente solo. Ni el presidente, ni mucho menos el irritado Patrick Kluivert, se hicieron presentes en el adiós de Valdés. Fue un corto recorrido. Apenas 11 semanas que pasaron como un suspiro. Un suspiro, eso sí, erizado de conflictos agitados, turbios y estremecidos.