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08 de Apr de 2020

Economía

Reconsideración sobre los DREAMers

La pregunta del reportero fue bien simple: ‘Entonces, ¿qué piensa de los DREAMers? Mi respuesta fue todo menos simple. De hecho, estoy r...

La pregunta del reportero fue bien simple: ‘Entonces, ¿qué piensa de los DREAMers? Mi respuesta fue todo menos simple. De hecho, estoy reevaluando mi posición con respecto a los 1.8 millones de jóvenes indocumentados, que fueron traídos a Estados Unidos por sus padres cuando eran niños y que han vivido la típica vida de un joven estadounidense —lo que es tanto una bendición como una maldición.

Todavía tengo la misma crítica: Muchos DREAMers sienten que tienen derecho a las cosas y piensan que son el centro del mundo, porque la atención que han recibido de un movimiento que los coloca como bandera y centro, los ha malcriado. Muchos de ellos se ven superados cuando se enfrentan con políticos, porque no entienden lo engañosa y manipulativa que puede ser la política. Y la táctica de los DREAMers, es decir, perturbar audiencias en el Congreso y ocupar oficinas de miembros del Congreso —entre ellas las de ‘amigos’, tales como el representante Luis Gutiérrez, demócrata por Illinois, una de las voces más enérgicas de la reforma migratoria— hacen más daño que beneficio. Muchos DREAMers están tan embriagados por lo perciben como su auto-importancia que no ven más allá de sus narices.

Se me ha criticado en blogs, atacado en los medios sociales, e interrumpido en ponencias por decir esto. Resulta que no se debe decir nunca a los que están convencidos de que son especiales, que no lo son.

Sin embargo, siento un nuevo respeto por los DREAMers. Mientras los observo, veo que, a diferencia de la mayoría de los hispanos nacidos en Estados Unidos —especialmente los mexicano-americanos— los DREAMers no están cegados por la lealtad y no están aceptando las tonterías que plagan nuestro sistema político. Están intentando pedir cuentas al presidente Obama y a los demócratas por el artero enfoque de la izquierda en el tema de la inmigración. No es fácil, pero los DREAMers están dando a los liberales una merecida paliza.

He aquí el juego de la izquierda con respecto a la inmigración: Los demócratas instigan deliberadamente a los republicanos, pidiéndoles el oro y el moro, como por ejemplo, plena ciudadanía para los aproximadamente 11 millones de inmigrantes ilegales que probablemente se convertirán en fiables electores demócratas. Los republicanos, naturalmente, no brindan su apoyo y algunos de ellos probablemente estallan haciendo comentarios disparatados y racistas, repeliendo de esa manera a los hispanos y enviándolos a los brazos expectantes de los demócratas. La reforma migratoria morirá, lo que agradará a los demócratas porque, de esa forma, no se enemistan con los obreros y los sindicatos —un electorado poderoso que teme competir por puestos de trabajo con los inmigrantes recién legalizados quienes tienden a estar más hambrientos y a trabajar más.

La bueno de esta estrategia es que los demócratas siguen contando con el apoyo de los electores hispanos, mientras los engañan haciéndoles creer que están tratando de alcanzar la reforma migratoria. Al mismo tiempo no se convierten en blanco de la ira de los electores de la clase obrera, que podrían abandonar el Partido Demócrata si se lo comenzara a conocer como el partido de la ‘amnistía’. Es una doble victoria para los demócratas.

El plan es elemental, pero ha demostrado ser eficaz. Funcionó en 2006 y 2007, cuando los demócratas lo utilizaron para descarrilar la reforma en el Congreso.

Por eso, es probable que volvamos a ver esta estrategia en los próximos meses, ahora que Obama ha reanudado el debate al anunciar su intención de perseguir la reforma migratoria como su siguiente iniciativa política.

Muchos hispanos de Estados Unidos —que en 2012 premiaron a Obama por deportar un número récord de inmigrantes indocumentados (la mayoría de los cuales eran hispanos) brindándole el 71 por ciento de los votos— siempre caen en esa treta.

Pero no los DREAMers. Recientemente, un grupo de ellos protestó frente a la Casa Blanca, exigiendo que Obama detuviera el incremento en las deportaciones. Mientras los grupos activistas hispanos, que generalmente son dirigidos por hispanos nacidos en Estados Unidos y liberales blancos, y los defensores de las organizaciones sin fines de lucro, que alimentan cofres llenos de dinero de fundaciones, continúan promoviendo la narrativa de que los republicanos son el único obstáculo para obtener una reforma migratoria, los DREAMers se dieron cuenta de cuál es el extremo de Pennsylvania Avenue responsable de deportar a los inmigrantes ilegales. Pista: no es el extremo donde está el Congreso.

Bravo. Los DREAMers están hartos de mentiras y de juegos políticos. Están cansados de que les den versiones tergiversadas de los hechos y de que los manipulen. Quieren resultados, un liderazgo real y un sistema migratorio digno de un gran país. Como deberíamos quererlo todos.

LA COLUMNA DE RUBÉN NAVARRETTE