Copeg urge no bajar la guardia y reforzar controles en fincas ante gusano barrenador

  • 22/05/2026 11:20
El organismo internacional advierte que el descuido en las heridas del hato amenaza la productividad y exige mantener la vigilancia frente a la plaga

El director general de la parte panameña de la Comisión Panamá – Estados Unidos para la Erradicación y Prevención del Gusano Barrenador del Ganado (Copeg), Carlos Moreno, destacó los esfuerzos conjuntos que se realizan con Estados Unidos para el control y la erradicación del gusano barrenador del ganado (GBG) a nivel regional.

A través de un comunicado del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), el especialista explicó que se mantiene una misión enfocada en combatir esta plaga mediante un sistema de monitoreo, vigilancia epidemiológica constante y acciones preventivas sistemáticas en distintos puntos del país, con especial énfasis en las zonas fronterizas y de alta movilización de animales.

Moreno afirmó que continúan las acciones de supresión de la enfermedad y detalló que en el plano nacional se trabaja coordinadamente con el personal técnico del MIDA, el Ministerio de Salud (Minsa) y los propios productores.

El llamado a los ganaderos y la nueva estrategia de la barrera biológica

En una reciente entrevista concedida a Hispania Media TV, el director de COPEG hizo un llamado directo a la población ganadera sobre la importancia de la prevención en los animales, enfatizando en la curación inmediata de las heridas del ganado, ya que cualquier descuido en este período afecta su óptimo desarrollo y crecimiento.

Asimismo, explicó la relevancia de reforzar continuamente las medidas de control en cada uno de los hatos, al tratar de una enfermedad que ocasiona severas pérdidas económicas en las fincas ganaderas.

Como parte de la estrategia educativa, el equipo interinstitucional organiza periódicamente días de campo en diferentes puntos del país para enseñar a los productores el debido proceso de curación y los protocolos sanitarios correctos.

Copeg opera como un grupo multidisciplinario que produce moscas estériles de forma masiva para su dispersión en campo, al tiempo que realiza vigilancia epidemiológica terrestre para sostener la barrera biológica permanente de prevención, protegiendo la salud animal y mitigando el impacto económico negativo en el sector agropecuario panameño.

La comisión internacional inició operaciones de dispersión en Panamá en 1998 e inauguró su planta productora en Pacora en el año 2006.

Hasta junio de 2023, el país era considerado la barrera biológica de la plaga para Centro y Norteamérica, dispersando moscas estériles desde el lago Bayano hasta 20 millas náuticas en Colombia.

Sin embargo, tras declararse un brote nacional el 5 de julio de 2023, la situación cambió. Actualmente, el gusano barrenador está presente en todos los países de Centroamérica y México, la mayoría de los cuales sumaban más de 20 años libres de la plaga.

Esto generó la necesidad de crear una nueva barrera biológica más hacia el norte para evitar que el parásito llegue a territorio americano, por lo que desde mayo de 2024 se dejó de dispersar moscas estériles en suelo panameño.

Impacto de la enfermedad en la salud animal y la economía agropecuaria

Conocida científicamente como Cochliomyia hominivorax, que significa devoradora de hombres, esta enfermedad parasitaria o miasis es causada por la fase de larva de la mosca, la cual se asemeja a un tornillo para madera e infesta los tejidos vivos profundos y cavidades de animales de sangre caliente, mascotas y seres humanos.

La plaga provoca lesiones graves, pérdida de funciones orgánicas y la muerte en un plazo de siete a diez días si las heridas no son tratadas, facilitando además nuevas reinfestaciones.

Entre las especies más afectadas se encuentran los bovinos, equinos, ovinos, caprinos, porcinos, aves, camélidos sudamericanos, perros, gatos y fauna silvestre.

En materia de salud pública, la infestación en humanos puede requerir hospitalización y disponibilidad de camas.

En el sector productivo, las principales consecuencias incluyen limitaciones al comercio internacional, deterioro de pieles para cuero, decomisos en mataderos, baja producción de leche, reducción en la ganancia de peso y diversas afectaciones a la salud animal como fiebre, dolor, anorexia, úlceras e infecciones bacterianas secundarias en los terneros.

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