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18 de Apr de 2021

América

El país sin el protagonista de las dos últimas décadas

PANAMÁ. ¿Qué será ahora de Venezuela? ¿Y de la región? ¿Sobrevivirá el llamado ‘‘Socialismo del siglo XXI’’ a su mentor y ferviente prom...

PANAMÁ. ¿Qué será ahora de Venezuela? ¿Y de la región? ¿Sobrevivirá el llamado ‘‘Socialismo del siglo XXI’’ a su mentor y ferviente promotor, Hugo Chávez? Como si fuesen cuentas de un rosario, las predicciones y elucubraciones se repiten desde que se supo que el cáncer arrastraba al presidente a una muerte segura o, al menos, a un retiro de la comandancia del país.

Finalmente, el día llegó. ¿Y ahora qué? Los diagnósticos van en consonancia con la polarización que se instaló en el país desde 1999, cuando Chávez asumió la presidencia por primera vez. Que habrá unidad y disciplina, y el sueño —y la obra— del líder bolivariano sobrevivirá a su vida, dicen unos. Que Venezuela enfrenta ahora la hora más crítica, en lo económico y político institucional, dicen otros. Defensores de la revolución y liberales enfrentados, ahora, sobre lo que vendrá. La polarización que ha definido la era chavista sobrevive a la muerte.

Chávez fue el punto neurálgico, el corazón de la vida política, el centro que sostuvo el acontecer del país durante los últimos 14 años. La mitad de la población venezolana tiene menos de 25 años. O sea: la mitad del país no conoce un líder distinto de él, el jefe de Estado del hemisferio occidental con más tiempo en el poder. Sin lugar a dudas su ausencia empuja al país a una situación compleja en el plano político y en el económico, que comenzó antes.

DESAFÍOS

En lo político, el sucesor señalado por Chávez, el vicepresidente Nicolás Maduro, tendrá que enfrentar una transición que parece complicada por las divisiones internas dentro del propio espacio político y por una oposición deseosa de reconquistar el poder. Es claro que Maduro carece del carisma como para enfrentar esta etapa sin dificultades. ‘Será para él una misión difícil conducir a Venezuela munñido de la misma agenda del bolivariano, con un aparato político fraccionado en sectores antagónicos, liderados a su vez por individuos ávidos de poder’, apunta el analista internacional Horacio Calderón. Además, Maduro debe vencer a un candidato opositor como Henrique Capriles Radonski en las futuras elecciones.

Nadie sabe cómo va a ser, pero, apunta el escritor y columnista venezolano Moisés Naim, ‘las facciones chavistas, diversas, divididas, muchas de ellas armadas y todas con mucho dinero, tendrán gran influencia’. La más importante de estas facciones, continúa Naim, son las Fuerzas Armadas. También están los militares y políticos venezolanos vinculados a la inteligencia cubana. Y los militares, esas milicias —las únicas armadas— creadas por Chávez, que pueden activarse si se presentan enfrentamientos violentos. Hay más: el sector del poder económico, esa burguesía que progresó gracias a los gratificaciones del boom del petróleo. Los principales beneficiarios, en realidad, gracias a sus vinculaciones con el Gobierno.

¿Y la oposición? Hay un amplio segmento de la sociedad civil contrario a Chávez, aunque carecen de armas. Y en Estados Unidos, por más que piensen que Chávez fue el hombre que ‘‘contaminó la región’’ parece estar demasiado preocupado en otros conflictos.

También está el tercer país, esos que no se unieron nunca a la polarización y seguramente reclamarán paz e institucionalidad. Allí están los que, al decir de la periodista venezolana Liza López, ‘están hartos de confrontaciones y no se paran en un punto neutro, sino más bien en el medio de la batalla, en una coordenada del mapa donde les provoque ubicarse’.

En lo económico, la lista le daría dolor de cabeza hasta al más experimentado: la inflación más alta del mundo, la tasa de cambio y las reservas internacionales en caída libre; importaciones que no logran paliar el desabastecimiento; la producción petrolera en declive; la producción agrícola por el piso; endeudamiento y algunos otros indicadores más.

¿CONTINUIDAD O QUIEBRE?

Todas las facciones, todos los arcos políticos, salieron ayer a clamar por la paz y una transición tranquila. Hubo adhesiones emocionales y manifestaciones populares como consecuencia de la muerte. De todas maneras, la sucesión del caudillo siempre es difícil.

Al decir de Calderón: ‘Chávez fue en la plenitud de su vitalidad política un líder icónico muy difícil de reemplazar, y ni un hoy encumbrado Maduro, ni cualquier otro de los candidato a sucederlo, podrán ocupar ni siquiera en conjunto el vacío de su ausencia’.

Tal vez ese haya sido el talón de Aquiles de Chávez: que no haya nadie capaz de reemplazarlo. Algunos lo ven como el precio inevitable del cambio que quiso construir. Otros como el pecado de las mentes totalitarias.

La herencia más visible de la construcción bolivariana —concluye Calderón— es la dependencia de su fundador y caudillo.