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27 de Oct de 2020

América

EE.UU. debe ser consecuente con centroamerica

Directo desde La Habana

Cuba ve con simpatía la decisión de un grupo de países del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) de resolver en enero la situación de los ocho mil cubanos varados en Costa Rica y Panamá en su deseo de llegar a Estados Unidos y beneficiarse de una política migratoria que los privilegia pero discrimina totalmente a los centroamericanos.

Sin embargo, si la Casa Blanca mantiene una politización del sistema migratorio hacia Cuba que alienta a una emigración ilegal, insegura y desordenada, los países centroamericanos seguirán siendo sus víctimas porque las bandas de mafiosos tratarían de mantener el tráfico y a los cubanos se podrían unir sus propios pobladores.

Los emigrantes cubanos son una fracción mínima de los contingentes que intentan cruzar la frontera estadounidense. Este año Estados Unidos ha devuelto 75 mil personas solamente de Honduras, siete mil de ellos niños.

El problema es que el gobierno del presidente Barack Obama insiste en no modificar esa política hacia la Isla, y en el balance de los hechos ocurridos desde el 17 de diciembre de 2014 el vocero del Departamento de Estado, Mark Toner, ni siquiera mencionó el tema a pesar de considerar el reinicio de relaciones diplomáticas con Cuba como uno de los momentos significativos del año.

En la reunión del SICA que acaba de concluir en Guatemala muchos de los participantes se preguntaron qué persigue Estados Unidos con esa política tan incongruente, pues el tema ya no es un asunto de competencia bilateral, sino regional, que los está afectando a todos por obra y gracia de una ley que de hecho ya tiene efectos extraterritoriales.

La decisión de sacar cuanto antes de Costa Rica y Panamá a esos ocho mil cubanos es solamente un paso excepcional, y es el mensaje que Centroamérica quiere enviar, es decir, que fuera de este contingente no habrá ni más visas ni atenciones especiales, entre otras razones porque los países afectados no están en condiciones de continuar soportando avalanchas de emigrantes. En consecuencia, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá y México, dejaron bien claro a las mafias de traficantes de personas de cualquier país, y no solamente Cuba, el compromiso de luchar contra ellas y sus redes, asegurando que se aplicarán sin demora leyes que penalicen severamente esa actividad ilícita.

No es una amenaza, sino un anuncio de que por vez primera habrá una concertación para esa batalla y a tales efectos las autoridades centroamericanas informaron que convocarán a la Conferencia Regional de Migraciones para que aborde el tema en su integralidad. Panamá ha comprometido su apoyo a esos esfuerzos.

Cuba no estuvo presente en la reunión de Guatemala, una prolongación de la del día 22 en México que no llegó a acuerdos, porque consideró que era un asunto de competencia de los países de la región y de la necesidad de ponerle fin a la crisis. Pero apoyó desde La Habana sus conclusiones y su canciller Bruno Rodríguez reiteró su disposición a contribuir en todo lo que sea necesario a una solución que permita una emigración normal, tranquila, decente, respetuosa y sin peligros.

El tema de la política migratoria hacia Estados Unidos con la obsoleta Ley de Ajuste Cubano y los programas Parole y pies secos, pies mojados, para alentar el éxodo irregular y la deserción de médicos y otros profesionales, seguirá siendo uno de los temas centrales de las negociaciones que continuarán en 2016 La Habana y Washington, entre otras cosas por respeto a los amigos centroamericanos, pero no será el único.

Como admitió el propio Toner en su rueda de prensa última, queda mucho camino por andar y no basta con haber abierto las respectivas embajadas después de restablecer relaciones diplomáticas.

El proceso recién comienza con la agravante de que el tiempo se le acaba al presidente Obama cuando falta mucho por hacer en múltiples frentes para fortalecer esa relación bilateral, como también admitió el vocero del Departamento de Estado al mencionar, entre otros pendientes, el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a la nación caribeña en 1962.

‘Queremos que el bloqueo sea levantado, hemos sido muy claros sobre eso, pero será una tarea del Congreso', agregó el funcionario sin siquiera hacer alusión a la demanda cubana al presidente Obama de que use sus prerrogativas y deje vacío de medidas punitivas el aislamiento a la Isla, entre ellas su política migratoria. Centroamérica no debería de ser el mascarón de proa de ese exabrupto diplomático de la Casa Blanca.

ANALISTA