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15 de Oct de 2019

América

¿Qué queda tras la visita de Barack Obama?

Barack Obama consiguió empatizar con los cubanos. Su viaje dejó claro que el proceso de reencuentro con Cuba es irreversible

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en criterio de observadores y periodistas que se dieron cita en La Habana para ser testigos de una visita indudablemente histórica, cumplió uno de los objetivos del viaje: lograr la empatía de sus interlocutores.

A la visita de Estado le impuso un sello familiar cuidando todos los detalles: viajar con su esposa, hijas y suegra, que vistieron de forma muy tropical, saludaron en español con palabras de la jerga popular cubana, y se reunieron con representantes sociales.

La estampa de su paseo por La Habana en mangas de camisa, y el gesto cómodo en las gradas del Estadio Latinoamericano, donde asistió al juego del Tampa Bay Rays y una selección criolla, han dado la vuelta al mundo.

Además, cenó en un Paladar, los ya populares ‘restaurantes privados' y se prestó complacido a aparecer en el programa de humor de más rating nacional, donde trató con familiaridad de viejos conocidos al bromar al anfitrión, ‘Pánfilo'.

La puesta en escena del viaje fue impecable y decir que no cautivó a la gente de la calle, que se esforzó por darle un recibimiento caluroso y sin inhibiciones, o a sus anfitriones oficiales, sería faltar a la verdad, pues hubo un desborde recíproco de cordialidad.

Sin mayores expectativas, la visita no hizo sino puntualizar que es irreversible el curso del proceso de normalización de relaciones. Un mensaje al Congreso actual y al gobierno futuro, rubricado por la composición política y empresarial de la comitiva.

El trabajo de fondo concretado en las conversaciones privadas que sostuvieron los mandatarios durante más de dos horas, por supuesto, sólo saldrá a la luz con el tiempo, cuando las revelen los propios hechos, pero la voluntad de acercamiento de dos países por mucho tiempo distanciados ha quedado consolidada.

Obama insistió en el criterio que reitera desde el 17 de diciembre de 2014, cuando se anunció en Washington y La Habana el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas: ha fracasado la política de hostilidad y bloqueo luego de 57 años y se impone una nueva relación bilateral como la que se construye en estos momentos.

Reveló que conversó con su anfitrión Raúl Castro de todos los temas que quiso, defendió criterios muy particulares sobre la democracia, derechos humanos, libertad de expresión y otros, y reconoció que son perfectibles pero sin exponerlos a un juicio crítico, como la discriminación racial y de género, la vivienda o la salud, e incluso la pobreza que también la hay en su país.

Tampoco se dijo nada de la insostenible base de Guantánamo.

Cada parte admitió que las diferencias son muy profundas, pero no impiden una convivencia pacífica, racional y tolerante entre dos países que tienen muchos intereses comunes.

Obama reiteró que su gobierno no quiere intervenir en los asuntos internos de Cuba, pero nada dijo de eliminar las transmisiones de radio y televisión contra Cuba, financiadas con dinero del Estado, ni se comprometió a retirar la retórica anticubana contra la Isla.

Por el contrario, insistió en que con la nueva política dirigida a normalizar las relaciones bilaterales están propiciando cambios en Cuba, aún cuando insistió en que el pueblo cubano tiene derecho a decidir su propio futuro.

Un pueblo que, según más autoridades, decidió el futuro que construye desde 1959, a pesar del bloqueo de Estados Unidos y su sostenida hostilidad.

Como presidente de EE.UU., dijo, solicita al Congreso que levante un bloqueo ya obsoleto, pero no anunció un mayor uso de sus prerrogativas ejecutivas para vaciarlo de contenido y dejarlo en el esqueleto.

Cuba y EE.UU. tienen que ponerse al día con medio siglo de trabajo atrasado, expresó, pero sin recordar que se le acaba el tiempo, pues en enero de 2017 entregará la oficina oval de la Casa Blanca al ganador de las elecciones de noviembre próximo. Ha sido un paso más de un largo camino.

COLUMNISTA