El Estrecho de Ormuz, la arteria energética colada en el conflicto entre Estados Unidos e Irán

  • 12/03/2026 11:54
Ataques contra petroleros, minas marítimas y drones elevan la tensión en el Golfo Pérsico, amenazando rutas clave del comercio global

El Estrecho de Ormuz, una franja marítima de apenas 39 kilómetros de ancho, se ha convertido en el punto geopolítico más peligroso del planeta. En esas aguas, situadas entre el Golfo Pérsico y el mar Arábigo, se juega hoy algo más que una batalla regional: el equilibrio del mercado energético mundial.

Por este corredor marítimo transitaban hasta hace pocos días 20 millones de barriles de petróleo diarios, cerca del 20% del consumo global, además de una quinta parte del gas natural licuado del planeta. En otras palabras, por Ormuz circula una porción crucial del combustible que mueve la economía mundial.

Pero esa arteria energética está ahora bajo presión. Irán ha intensificado sus acciones militares en el estrecho, utilizando minas navales, drones y ataques contra buques para ejercer control sobre el paso marítimo.

Un bloqueo que amenaza el suministro global

El régimen iraní ha comenzado a minar el estrecho con pequeñas embarcaciones rápidas, una estrategia diseñada para evitar que sus barcos sean detectados y destruidos por fuerzas navales occidentales.

Según fuentes de inteligencia estadounidenses, Teherán conserva entre el 80% y el 90% de su flota de lanchas minadoras, cada una equipada con minas de fabricación rusa. Estas embarcaciones, discretas y difíciles de interceptar, están siendo utilizadas para sembrar el paso marítimo más sensible del comercio energético mundial.

Al mismo tiempo, la Guardia Revolucionaria iraní ha advertido que cualquier petrolero vinculado a Estados Unidos o sus aliados podría convertirse en objetivo militar.

La amenaza no es menor: un portavoz militar iraní incluso advirtió que el conflicto podría elevar el precio del petróleo hasta los 200 dólares por barril, una cifra capaz de desencadenar una crisis económica global.

Petroleros atacados y navieras en alerta

El conflicto ya ha comenzado a impactar el tráfico marítimo. Al menos tres embarcaciones comerciales fueron atacadas cuando intentaban atravesar el estrecho:

El granelero Mayuree Naree, de bandera tailandesa.
El portacontenedores ONE Majesty, con pabellón japonés.
El carguero Star Gwyneth, registrado en Islas Marshall.

Las columnas de humo negro que dejaron estos incidentes sobre el mar se interpretan como una advertencia directa a la navegación internacional.

Mientras tanto, algunas embarcaciones vinculadas a Irán y China continúan cruzando el estrecho, muchas veces con los sistemas de rastreo apagados para evitar ser detectadas.

Flotas militares se concentran en la región

La tensión ha provocado una acumulación inédita de poder naval en la zona.

En el mar Arábigo ya se encuentra desplegado el superportaviones estadounidense USS Abraham Lincoln, acompañado por otros buques de guerra. A esta presencia se sumará también el portaaviones francés Charles de Gaulle, configurando una de las mayores concentraciones navales desde la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, incluso esta poderosa flota enfrenta desafíos en un nuevo tipo de guerra: enjambres de drones baratos y minas marítimas capaces de paralizar grandes petroleros.

Drones, misiles y la nueva guerra del Golfo

En las últimas horas, Irán ha intensificado el uso de drones y misiles contra infraestructuras energéticas en el Golfo.

Dos drones impactaron cerca del aeropuerto internacional de Dubái, mientras que instalaciones petroleras en Emiratos Árabes Unidos y Qatar han suspendido operaciones para evitar daños catastróficos.

Los depósitos portuarios de Salaláh, en Omán, también fueron alcanzados por un ataque con dron.

Analistas advierten que esta guerra tecnológica está marcada por la asimetría de costos: países del Golfo gastan decenas de dólares en defensa aérea por cada dólar invertido por Irán en lanzar drones.

El cuello de botella del comercio mundial

Las consecuencias ya golpean al comercio global. Grandes navieras reportan pérdidas millonarias mientras cientos de barcos quedan atrapados en el Golfo Pérsico.

La empresa Maersk, por ejemplo, tiene 10 portacontenedores detenidos dentro del golfo, mientras más de 200 buques esperan fuera del estrecho.

En total, cerca del 10% del tráfico marítimo mundial de contenedores está afectado por este cuello de botella.

Si la crisis escala aún más, los barcos podrían verse obligados a rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, una ruta que incrementaría drásticamente los costos y los tiempos de transporte.

Un escenario preparado durante décadas

Expertos señalan que Irán lleva años preparando este tipo de guerra asimétrica en el Estrecho de Ormuz.

La toma de decisiones militares ha sido descentralizada y se estima que al menos 31 comandantes operan drones desde la costa norte del estrecho, lo que dificulta cualquier intento de control centralizado o negociación rápida.

Este escenario multiplica el riesgo de escalada y convierte al estrecho en un detonante potencial de una crisis energética y económica mundial.

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