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Trump, Irán y la paz que no llega: una diplomacia atrapada entre la guerra, el petróleo y la política
- 13/06/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️En Medio Oriente, la paz parece estar siempre a una firma de distancia y, al mismo tiempo, más lejos que nunca. Durante las últimas semanas, el presidente estadounidense Donald Trump ha insistido en que un acuerdo con Irán está prácticamente cerrado. Sin embargo, cada anuncio ha sido seguido por desmentidos, matices o aclaraciones desde Teherán, mientras los bombardeos continúan en distintos puntos de la región y la incertidumbre sigue dominando los mercados internacionales.
La contradicción más reciente ilustra perfectamente el problema. Mientras el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, afirmó que Irán y Estados Unidos ya alcanzaron un acuerdo de paz, el canciller iraní Abbas Araghchi sostuvo que el entendimiento está “más cerca que nunca”, pero evitó confirmar que exista un pacto definitivo. Al mismo tiempo, Trump acusó a Teherán de difundir versiones falsas sobre los términos negociados y calificó a los representantes iraníes como personas “muy deshonrosas”.
La situación refleja una realidad incómoda: Washington y Teherán parecen estar negociando no solo un acuerdo, sino también el relato político que lo acompañará.
El presidente estadounidense ha sostenido durante meses que un acuerdo está cerca. Ya en mayo aseguró que gran parte del memorando estaba negociado y que solo faltaban detalles para alcanzar un entendimiento definitivo. Sin embargo, las fechas anunciadas han pasado sin que se concrete una firma.
Las declaraciones más recientes del canciller Abbas Araghchi muestran por qué. En una entrevista con la agencia Mehr, el ministro de Relaciones Exteriores iraní afirmó que ni Washington ni Teherán reconocen como válidos los textos que circulan en medios de comunicación sobre un supuesto acuerdo inminente.
“Tanto los estadounidenses como nosotros hemos declarado que ninguno de estos textos es válido por el momento y no los aprobamos”, señaló.
Araghchi agregó que aún no existe una decisión definitiva sobre dos de los asuntos más delicados de toda la negociación: el levantamiento de las sanciones económicas contra Irán y el futuro de su programa nuclear. Según explicó, temas como el enriquecimiento de uranio y las reservas de material nuclear enriquecido fueron pospuestos para una etapa final de las conversaciones.
Sus declaraciones contrastan con la narrativa impulsada por Trump, quien ha llegado a afirmar que las cláusulas fundamentales ya están acordadas y que únicamente falta una aprobación final.
Detrás de los anuncios diplomáticos existe un conflicto mucho más profundo.
Desde hace años, Estados Unidos exige límites verificables al programa nuclear iraní, mientras Teherán insiste en que el enriquecimiento de uranio constituye un derecho soberano y que cualquier acuerdo debe incluir el levantamiento de las sanciones que han golpeado duramente su economía. Diversos análisis del Council on Foreign Relations, el Atlantic Council y el International Crisis Group coinciden en que ningún acuerdo sostenible será posible si ambas cuestiones no se resuelven simultáneamente.
Precisamente por eso las palabras de Araghchi resultan tan significativas. Al reconocer que los asuntos nucleares y las sanciones siguen pendientes, dejó claro que las negociaciones aún no han superado su etapa más compleja.
Incluso funcionarios iraníes han reiterado que no existe una decisión final y que los órganos competentes del país continúan revisando el texto negociado.
Mientras Washington e Irán intercambian mensajes optimistas, la realidad sobre el terreno cuenta una historia diferente.
Israel continúa realizando operaciones militares en Líbano y mantiene su ofensiva en Gaza. Diversos reportes indican que las autoridades israelíes observan con recelo las conversaciones entre Washington y Teherán y no participan directamente en ellas. Incluso fuentes citadas por Reuters señalan que Israel se reserva plena libertad de acción militar en Líbano independientemente del resultado de las negociaciones.
Este elemento resulta crucial. La confrontación regional no depende exclusivamente de la relación entre Estados Unidos e Irán. También involucra a Israel, Hezbolá, las rutas energéticas del Golfo Pérsico y el futuro equilibrio de poder en Medio Oriente.
Por ello, incluso si Washington y Teherán firman un memorando, eso no garantiza automáticamente el fin de la violencia.
Existe además una dimensión política imposible de ignorar.
Trump enfrenta elecciones legislativas en noviembre de 2026 y un conflicto prolongado en Medio Oriente representa riesgos económicos y electorales para su administración. La volatilidad de los precios energéticos, el cierre temporal del estrecho de Ormuz y la incertidumbre geopolítica han afectado los mercados internacionales durante meses.
Un acuerdo con Irán permitiría a Trump presentarse ante los votantes como el líder que evitó una guerra mayor, estabilizó los mercados y logró sentar a Teherán en la mesa de negociación. Pero esa misma necesidad política puede explicar por qué la Casa Blanca ha anunciado avances que luego son relativizados por los propios iraníes.
Por ahora, la pregunta no es si existe un borrador sobre la mesa. La pregunta es si Washington y Teherán están realmente dispuestos a resolver los dos asuntos que han bloqueado cualquier entendimiento durante décadas: el programa nuclear iraní y el régimen de sanciones estadounidenses.
Hasta que esas cuestiones encuentren una respuesta definitiva, Medio Oriente seguirá viviendo en una paradoja constante: una paz que parece inminente en los discursos, pero que continúa ausente en los hechos.