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06 de Apr de 2020

Nacional

Entre la carencia y la esperanza

COLÓN. Un puerto que mueve millones de dólares al año, una zona de libre comercio cuyo aporte a Panamá representa el 7. 4% del PIB, un ...

COLÓN. Un puerto que mueve millones de dólares al año, una zona de libre comercio cuyo aporte a Panamá representa el 7. 4% del PIB, un ferrocarril más antiguo que el Canal que transporta a diario decenas de ejecutivos que viajan a esa ciudad de 16 calles perfectamente divididas en busca de oportunidades de negocios. Eso es Colón. Con esa descripción, difícilmente uno podría imaginar que se trata del mismo lugar que se ha convertido en un hervidero de calamidades y donde habitan un cuarto de millón de personas que han visto, año tras año, el deterioro progresivo de una provincia que hace apenas unas décadas fuera el corazón de la prosperidad de Panamá.

Colón es una ciudad multifacética, donde puede pasar de todo. En un mismo día es posible encontrar, como lo hizo La Estrella , un feto en el basurero de un callejón producto de un aborto clandestino, la población en luto por un joven muerto a manos de pandilleros, un ataque con pistola por un supuesto visitante a un paciente en un hospital público, un grupo de emocionados turistas venezolanos admirados por el paisaje de la región y vetustos edificios descoloridos que se extienden por los callejones de la ciudad, muchos de ellos sostenidos por débiles pilastras que parecen a punto de derrumbarse.

“Quisiera decir algo diferente, pero la situación en Colón es bastante inhumana. Hay servicios, pero no los más adecuados”. Con estas palabras, el director regional del Ministerio de Vivienda (MIVI), Francisco Guevara reconoció la incapacidad de la segunda ciudad más importante del país para atender las necesidades básicas de sus habitantes. La falta de servicios y vivienda adecuada es, como todos los problemas que enfrenta Colón, complejo y difícil de resolver.

En el caso del déficit habitacional, según Guevara, la idea es demoler varios inmuebles para reconstruirlos. Sin embargo, algunos de los terrenos en los cuales fueron construidos son privados, por lo cual el gobierno no puede simplemente dar la orden para que sean utilizados.

En total, la provincia tiene un déficit de 6,751 viviendas según las estadísticas del MIVI, pero el problema se agudiza en los barrios Norte y Sur. Allí hay casos como el de “La borracha”, un caserón a punto de desplomarse, donde viven 16 familias y por cada cuarto hay de cuatro a seis personas.

BUSCANDO AGUA Y LOS ‘REALES’

El sistema de alcantarillados y las tuberías de agua potable también están a punto de colapsar. “La mayoría tiene problemas de agua. Hay que tener bombas para conseguirla”, comenta Guevara. Según el director regional del Ministerio de Salud, Aurelio Pineda, el deterioro de acueductos y alcantarillados es uno de los mayores problemas de la ciudad.

El problema de la infraestructura también afecta al sector salud. El edificio del único hospital público, Manuel Amador Guerrero, ahora es la sede del Ministerio de Salud, porque su estructura no aguantó al centro hospitalario, que hoy opera en un edificio contiguo. “Hay necesidad de construir un nuevo hospital”, asegura Pineda, quien cree que se requieren además centros de salud a nivel de toda la provincia para que atiendan los casos menores.

SIN NADA QUE HACER

Una de las escenas más comunes en las calles colonenses es la gente que, desde los balcones o los portales de las casas, ve la vida pasar. La falta de trabajo —a pesar de contar con la Zona Libre y varios de los proyectos más importantes del país— es una de las mayores preocupaciones de la ciudad, y no es para menos. Colón es la provincia con la tasa de desempleo más elevada de Panamá, con un 8% que representa unas 8 mil personas cesantes hasta marzo de 2009, según cifras de la Contraloría General de la República.

Una de las causas del desempleo y de que el talento colonense salga a buscar oportunidades fuera de la provincia radica, según Stanley Muschett, filósofo y educador colonense, en que la oferta educativa siempre ha sido reducida. “El mayor trabajo al que podía aspirar quien se graduaba era ser contador de la Zona Libre”, afirma. “Nada ha cambiado”.

La ausencia de trabajo y de remuneración adecuada han traído consigo la peor plaga de la ciudad: la inseguridad. “En Colón ya no se puede caminar como antes porque uno se expone a que lo agarren y lo asalten. Sólo se puede caminar por algunos lugares”, dice Esteban Roach, colonense de nacimiento y quien para sobrevivir vende “raspa’o” desde hace dos años en la Terminal de Transporte. En palabras simples y con el sentido común que da la experiencia en carne propia, Roach sabe que “los muchachos se introducen en el mundo de la violencia porque no consiguen empleo, aún graduados”. Aún así, él —que es un cristiano devoto— confía en que Dios guarde a Colón y le traiga mejores días.

APLACANDO AL MONSTRUO

La inseguridad, el desempleo y la falta de vivienda en Colón requieren no sólo una solución económica sino de la decisión política de quienes han tenido en sus manos las riendas de la provincia y poco o nada han hecho hasta ahora. “El centralismo del modelo político tiene mucho que ver”, asegura Muschett, quien considera que el deterioro de Colón se inició cuando los norteamericanos se fueron y quienes recibieron su administración no tenían un plan para darle continuidad al desarrollo de la provincia.

La administración Martinelli ha concentrado sus planes para la región en reducir el déficit habitacional —actualmente de 6,751 viviendas— y mejorar el sistema de alcantarillado. Como parte de ellos, el Ministerio de Vivienda impulsa dos proyectos de vivienda de interés social en Buena Vista y Sabanitas, los cuales el propio Francisco Guevara reconoce que no representan ni siquiera el 15% de lo que se requiere. "Estamos detectando lotes desocupados para construir barriadas. La meta es hacer macroproyectos de vivienda", dijo.

Se trata de los proyectos “Praderas de Bella Vista”, que constará de 300 casas, y “Manuel Castillo”, un conjunto de 528 apartamentos en Sabanitas a donde se trasladarán familias que han ocupado edificios condenados y albergues en Coco Solo. En promedio, el MIVI estima que se beneficiarán 3.000 personas. En agua potable y obras sanitarias se invertirán 250 mil dólares para la construcción de la línea de conducción de la Planta Potabilizadora de Portobelo, la del sistema de disposición de aguas servidas en la comunidad de Cuango, Unión Santeña y mejoras de acueductos en comunidades en las afueras de la ciudad, como Playa Chiquita, Salamanca, Buena Vista, Boquerón Abajo, Sardinilla y Paraíso. “Tenemos también 3 proyectos para construir centros de atención primaria", explicó Aurelio Pineda, quien enfatizó que Colón incluye la ciudad y sus cinco distritos.

Los planes del gobierno no incluyen hasta ahora, sin embargo, proyectos que apunten hacia los problemas estructurales de la provincia como son la educación, la inseguridad y el desempleo. En opinión del jefe de la Policía, Diego De León, se requiere sobre todo un cambio de actitud” que involucre no sólo a las autoridades sino también a la población.