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21 de Jan de 2021

Nacional

Tres elecciones y una invasion

En las grabaciones de programas radiales que hice en los meses siguientes a la invasión, las personas del sector popular que protestaban...

En las grabaciones de programas radiales que hice en los meses siguientes a la invasión, las personas del sector popular que protestaban contra la invasión y ocupación de Panamá por las fuerzas armadas de Estados Unidos se abstuvieron de defender a Noriega.

La mayor preocupación de quienes llamaban por teléfono a estaciones radiales como Radio Cadena Millonaria para protestar, era que habían sido despedidos de su empleo en el nuevo gobierno por ser miembros del Partido Revolucionario Democrático, brazo civil de la dictadura militar, o por pertenecer a organizaciones paramilitares como la Coordinadora de Defensa Panameña de la Dignidad (CODEPADI) o los Batallones de la Dignidad. Sin mencionar los últimos seis años en que Noriega controló al país como comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa, se referían con palabras de agradecimiento para Omar Torrijos por haberles regalado dinero y oportunidades de educarse.

Cuando Felicidad de Noriega—imitando a Miguel Antonio Bernal quien recolectó de contribuyentes humildes centavo a centavo una multa impuesta por la dictadura militar-- proclamó desde su asilo en la Embajada de Cuba que recolectaría, centavo a centavo entre la clase popular, fondos para la defensa de su esposo, la respuesta fue un silencio sepulcral.

¿Por qué insistió Noriega en retener el poder después de la victoria rotunda de la oposición en las elecciones de mayo de 1989? ¿Sería porque la falta de apoyo popular no importaba desde que, con el apoyo de Estados Unidos, bajo Omar Torrijos, los militares y sus socios civiles configuraron un andamiaje legal para institucionalizar su control de la Nación? ¿Sería porque Noriega y sus socios, aprovecharon ese andamiaje para convertir a Panamá en el país de los piratas, un refugio de narcotraficantes y maleantes, y no podían dar un paso atrás?

Perdida su confianza en las Fuerzas de Defensa desde que mandó torturar y asesinar a los oficiales involucrados en el golpe del 3 de octubre, Noriega recurrió a grupos paramilitares y, por si acaso éstos flaqueaban, importó mercenarios extranjeros. No les faltaban armas a quienes aterrorizaron a la población antes y después de la invasión ya que de un confín al otro del país, Noriega tenía depósitos secretos en casas residenciales, hospitales, clínicas, y escuelas. La insistencia de Noriega en mantenerse el poder produjo un caos total. Pero la anulación de las elecciones de 1989 no determinó que Panamá, convertido en el país de los piratas, fuera invadido por Estados Unidos. En 1984, las elecciones habían sido desvirtuadas por un fraude que llevó a la Presidencia al candidato de los militares quien no pudo con el gorila que llevaba a cuestas. Tampoco esas elecciones determinaron el trágico final del 19 de diciembre. Fue el golpe militar del 11 de octubre de 1968 que, desplazando al legítimo ganador de las elecciones del 12 de mayo, destruyó la estructura legal configurada por patriotas desde 1903 para que los panameños, protegidos sus derechos ciudadanos, vivieran en una república democrática.

La autora es Antropóloga