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01 de Mar de 2021

Nacional

Las mil maravillas de la casa de los Noriega

A Germán Gil Sánchez, vecino de Noriega en el Golf, una chota lo había ‘invitado’ a visitar el cuartel de la Avenida A. Si bien pudo lle...

A Germán Gil Sánchez, vecino de Noriega en el Golf, una chota lo había ‘invitado’ a visitar el cuartel de la Avenida A. Si bien pudo llegar en su propio auto, allá lo esperaba el Jefe del G-2, ‘curioso’ por saber lo que su difunto pavo real le había hecho.

Desconcertado, éste le participó que su flamante ave satisfacía en su jardín dos necesidades básicas: comer (sus flores) y deshacerse de lo comido. Además, se dedicaba a la persecución de las pequeñas Sánchez. Noriega dio por justa la ejecución del ser alado, que Sánchez le aclaró no había sido obra de él. En ese momento comprendió por qué días atrás habían interrogado por varias horas a su jardinero.

–En el mentado encuentro con el Coronel, a mi ‘ingenua’ pregunta sobre el misterio del ave –refiere Guillermo ‘Willy’ Cochez–, Noriega le pegó un grito a Darío Arosemena, director del Departamento Nacional de Investigaciones, el temido DENI. ‘Éste se acercó y Noriega le pidió que nos explicara el caso del pavo real asesinado’. Según explicó el diligente jefe de investigaciones, éste había sido ‘víctima de un psicópata, profesional en este tipo de ejecuciones que le dio una serie de patadas al hígado, según reveló la autopsia’.

Quizás está de más explicarlo; pero el pavo real vivía en la casa que el ex general Manuel Antonio Noriega tenía ubicada en la urbanización Altos del Golf, en calle 72 del corregimiento de San Francisco, actualmente en proceso de demolición.

CASA NORIEGA: LA BIOGRAFÍA

La propiedad estaba registrada en sociedad anónima y pertenecía a la familia del ex general; sin embargo fue cautelada por la Dirección de Responsabilidad Patrimonial (DRP) con el fin de recuperar los bienes estatales mal habidos. Según los registros de propiedad fue comprada en su momento al costo de 68 mil balboas, el Estado se hizo cargo de la misma luego de ser entregada por el Ejército de los Estados Unidos, tras la invasión del 20 de diciembre de 1989.

En esa casa, convivían sus tres hijas, su esposa Felicidad y el ex hombre fuerte, cobijando ‘joyas’ de interés familiar y no tan familiares. De más está mencionar los archivos personales, donde se encontraron –según las malas lenguas que aseguran que durante la invasión sustrajeron todo tipo de cosas– fotos, grabaciones en vídeo, casetes de conversaciones, expedientes de ‘opositores’, empresarios nacionales e internacionales con los ‘pecados’ que habían cometido y que iban desde violar a hijas, o parientes, dejar morir a secretarias en el fondo de un río, hasta desfalcos, tráficos de drogas, lavado de dinero producto del narcotráfico de importantes figuras, muchas de ellas aún en la palestra económica bancaria, entre otras lindezas.

Son tantos los rumores que se dice que hasta Guillermo Sánchez Borbón, en medio de caos de la invasión, sustrajo algunos documentos de esa residencia ‘íntima’.

DE TODO, COMO EN BOTICA

Eduardo Lombana, ex magistrado de la DRP, cuando ordenaron las medidas cautelares sobre las propiedades que se investigarían y recuperarían sostuvo: ‘Yo las inspeccioné personalmente casi todas’. Lo que Lombana vio en ellas lo impresionó, pues había cuadros, camas especiales, una reproducción de un casco japonés, un casino y una silla de masajes, entre otras cosas. En 1990, un sillón que diera masajes era una cosa extraordinaria en Panamá.

Pero esto no era todo, el guardarropa de los Noriega Sieiro constituía otra excentricidad. La gente se metía a tratar de robar las cosas, los uniformes de Noriega, los sombreros de Felicidad, en fin, lo que encontraran.

También aparecieron botellas de champaña etiquetadas especialmente para la boda de una de las hijas del ex general. Y animales salvajes, como tres tapires, y varios pavos reales.

¿QUIÉN DA MÁS?

Los avalúos de algunas de las pertenencias que habían en la casa eran los siguientes: Pectorales de oro, $200 mil; colección de monedas, $46,017.60; objetos de arte, $648,337.50; joyas, $249,925.79; pinturas, $47,275.

Estas cifras corresponden a la Dirección de Catastro y Bienes Patrimoniales, con fecha del 19 de junio de 1990, que incluye muebles, bienes inmuebles, cuentas y dinero incautado. Si hoy o dentro de 10 años se trata de obtener esa lista, quizás no se encuentre, pues dicen que muchos de estos trofeos de guerra fueron robados por oficiales y soldados estadounidenses.

AFICIONADO AL ARTE

En la actualidad, algunas pinturas que tenían los Noriega –realizadas por el pintor Lester Dell, entre otros artistas de renombre– se encuentran bajo custodia del Instituto Nacional de Cultural (INAC) en una calurosa y húmeda bóveda, al borde de la putrefacción. A pesar de esto, en 2006 se les valoró en $115,600.

Muchas de estas obras fueron compradas por Manuel Antonio y otras llegaron a sus manos como obsequio de sus aduladores. El ex hombre fuerte poseía desde retratos de Simón Bolívar, óleos de paisajes del Casco Antiguo, del Purgatorio, de su esposa Felicidad; hasta una pequeña colección de cinco retratos de infantes, embargados de melancolía, firmado por el pintor Robin que están valorados en $2,500. También había un gouche/cartulina de Tomás Sánchez, valorado en $10,000; un cuadro de Issac Benítez en $25,000; una acuarela de Jeanine en $3,000; un óleo de Daniel Richards; en $2,000, y hasta un cuadro de La Guerra de los Mil Días que, se puede decir, le prestaron, ya que su dueño era otro.

Además de esto, en la casa Noriega había un conjunto de huacas precolombinas, de muñecas, una colección de sapos, una biblioteca especializada en temas militares —especialmente sobre la Segunda Guerra Mundial, y el papel de la estructura militar nazi—, una colección importante de armas cortas de distintas partes del mundo, la cual incluía piezas alemanas de las guerras mundiales, entre otras más.

Era un atractivo fuera de serie.

EL ATRACTIVO TURÍSTICO

Al momento de retirarse las tropas invasoras en 1992, abrieron la casa ocupada militarmente a los medios de comunicación. Como parte de una guerra psicológica y al igual que sus discípulos militares de Chile hicieron en la casa de Salvador Allende tras el golpe militar, los estadounidenses sembraron drogas, dinero, objetos de santería y otros utensilios en toda la casa para mostrar las ‘oscuras’ prácticas del ‘Tony’.

El asunto de la casa gustó a muchos turistas, quienes visitaban la residencia del ‘monstruoso dictador’ llevándose algún souvenir como igualmente hicieron los militares estadounidenses acuartelados en allí durante casi un año.

Un claro ejemplo de cómo los objetos que había en la casa eran movidos después de que se le arrebatara a sus propietarios es que, al momento de la Nunciatura Papal, en enero de 1990, el uniforme de General de las Fuerzas de Defensa fue sacado de su guardarropa en esa casa por parte de los invasores y llevado a esa sede diplomática.

DE NORIEGA AL ESTADO

A mediados de los años noventa, la DRP traspasó la casa a tutela de la Policía Nacional y el Ministerio de Vivienda para su custodia y mantenimiento; pero la realidad fue otra, la misma fue desvalijada por los maleantes, y hasta se instalaron en ella una serie de piedreros y gente de mal vivir, quienes terminaron de destruirla.

Los bienes cautelados pasaron a ser administrados por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), mediante traspaso que luego se hizo de la DRP mediante resolución N° 122 del 15 de junio del 2005, dando cumplimiento a la sentencia del Juzgado Cuarto Municipal del Ramo Penal, quitándosele la custodia policial.

A pesar de esto, un año antes, en 2004, todavía existían propiedades a nombre de Manuel Antonio Noriega en el Registro Público, sin tramitar o inscribir a favor del Estado. De las 31 fincas/propiedades del llamado MAN, 22 estaban a nombre de sociedades anónimas, cuyos ‘propietarios’ eran familiares de la esposa, Felicidad Sieiro, o allegados.

Ya lo sentenciaba el poeta ruso Pushkin, los amigos preciosos son los más temibles.

LA HISTORIA DESAPARECE

Finalmente se destruye la memoria histórica.

Aquella residencia vivió el paso de importantes empresarios nacionales e internacionales, entre ellos varios agregados militares sudamericanos, acusados o procesados y hasta aún buscados por casos de torturas y crímenes contra la población, principalmente de Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile y Bolivia. También pasaron por esa residencia jefes de las inteligencias estadounidenses, europeas, y hasta de Taiwán, quienes fueron agasajados en cenas familiares.

Claro está que a esas recepciones en la casa íntima no llegaba cualquiera, quienes estaban ahí eran ‘gente de extrema confianza’, que la mayoría de las veces eran recibidos en el Cuartel Central de la Avenida A, también demolido, como lo fue la Embajada de Estados Unidos en la Avenida Balboa, y en donde se llevaron a cabo estratégicas citas para el destino de la nación panameña.

Sobre el Cuartel Central, testimonió la importante escritora nicaragüense Gioconda Belli: ‘cuando uno entraba al despacho de Noriega, lo primero que observaba era un gran espejo negro y uno sentía que lo estaban observando’.

NEGOCIO REDONDO

De los $68,000 que le costó a Manuel Antonio la propiedad, los 3,245 metros cuadrados fueron creciendo su valor. En 1996, por ejemplo, se tasó en $816,163.52. Luego subió a $1 millón 298 mil –esto sin incluir las mejoras que costaron $121,070.29 y que arrojaban un total de $1,419,070.29 en el 2007.

Si a la casa de Altos del Golf se le suman unas 14 propiedades de Noriega que fueron parte de un avalúo, se generaba un total de $3,642,189.28. Ese último año, 2007, durante el mes de agosto, se subastaron en eBay las cédulas, el carné de seguro social y de la Guarda Nacional, sustraídos de esa casa.

Exactamente un año antes, en 2006, se lanzó a subasta pública la casa de Altos del Golf, en marzo, pero no se concretó. Era la segunda vez que se intentaba, ya que la primera fue en agosto de 1998. Para 2008, cuando la residencia había subido el costo a $2.5 millones, se volvió a intentar un remate, nuevamente sin éxito.