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22 de Oct de 2019

Nacional

Neosacralización, ideologías, democracia y derechos humanos

En las últimas décadas, la religión ha experimentado un repunte en los espacios sociales de mayor necesidad, donde la exclusión social y la marginalidad han golpeado a las poblaciones

Desde el inicio de las civilizaciones, el conocimiento mágico – religioso determinó las primeras reglas de comportamiento social. Aparecieron los Estados Teocráticos, dónde la ley divina era la ley de todos. Las estructuras del Estado funcionaban por la interpretación de sacerdotes o representantes legitimados por ‘la voluntad divina'.

Gran parte de la historia y desarrollo de las civilizaciones fueron influidas por este pensamiento. Con el advenimiento de la modernidad, que algunos autores ubican en el evento histórico del descubrimiento de América y otros, con el planteamiento de Descartes, quien inicia la era de la razón con el ‘cogito ergo sum', se plantean formas de Estado necesariamente separados de la visión divina.

ANTECEDENTES DEL ESTADO MODERNO Y SU SEPARACIÓN DE LA RELIGIÓN

Los denominados contractualistas como Hobbes, Rousseau y Locke, quienes dieron forma a lo que es el Estado moderno; plantearon formas alternativas de creación y perfeccionamiento del Estado, en donde la regulación y el orden social se encontraran establecidos en figuras representativas, así como la reducción de la participación e influencia religiosa en las decisiones del Estado, proponiendo (en algunos casos) visiones monárquicas, ya no tan absolutistas, así como la reducción de la participación e influencia religiosa en las decisiones del Estado.

Así se encuentra el caso de Rousseau, donde la alternativa regulativa entre el Estado y la religión se basa en la idea de una religión civil, basados en la constitución de lo que podríamos llamar una ciudadanía o preceptos de sociabilidad, que se eleve por encima de creencias religiosas tradicionales y de común acuerdo permita el funcionamiento del Estado (Rousseau: 2010). En este punto, Rousseau critica a Hobbes por considerar la posibilidad de concentración de ambas en un solo ente: El Leviatán.

Por otra parte, John Locke plantea de manera más evidente la importancia de desvincular Estado e Iglesia. En ese sentido se identifican la función propia del ‘magistrado', que es la conservación de los ‘bienes civiles', quizás hoy lo que podríamos llamar Derechos Humanos. En su Carta a la Tolerancia de 1685, indica que nadie, ni Iglesias ni Estados, tienen el poder de privar de sus bienes civiles (Derechos) con el pretexto de la religión (Locke: 2013).

EL ESTADO HOY

Los Estados modernos en occidente se denominan laicos, es decir, han establecido sus estructuras, instituciones, legislaciones y democracias con la exclusión de las religiones en las decisiones y la adopción de políticas y actuaciones en favor de los Derechos Humanos. No siempre fue así. Con la secularización de las sociedades y la ubicación de lo religioso en el espacio privado aparecen las visiones ideológicas extremas que dominaron parte importante de la historia, dando como consecuencia los acontecimientos conocidos y presentes en la humanidad.

Estas ideologías siguen presentes en individuos, grupos, comunidades y en algunos casos gobiernos; en algunos casos se extreman y presentan controles conflictivos vulnerando la convivencia pacífica. Estas ideologías provocan xenofobia, homofobias, misoginias, racismos, exclusión social, marginación, persecución, inequidad y desigualdad social.

La experiencia nos ha ubicado en que las religiones y las ideologías fracasaron en el bienestar del mundo y los ciudadanos. Los Derechos Humanos surgen como una alternativa que permite por primera vez pensar en un mundo para todos y todas. Pero esto se hace difícil sobre condiciones propias de nuestras sociedades hoy y de los sistemas políticos y económicos presentes.

NEOSACRALIZACIÓN O DE VUELTA A LA INFLUENCIA RELIGIOSA EN EL ESTADO

Hoy en la región latinoamericana y en Panamá se puede observar la influencia de las religiones en decisiones del Estado a través de los gobiernos. En las últimas décadas, la religión ha experimentado un repunte en los espacios sociales de mayor necesidad, donde la exclusión social y la marginalidad han golpeado a las poblaciones. Esto en la situación de condiciones materiales particulares; pero más aún en situaciones de carencias o necesidad emocional propios de sociedades anómicas. Las metodologías y tecnologías utilizadas por las iglesias, su vinculación con poblaciones en situaciones particulares, y el fracaso de la gestión gubernamental, han provocado y creado la posibilidad de una base política en las iglesias, articulando sus visiones del mundo y las ideologías (generalmente extremas).

El acceso al espacio político de los grupos religiosos, con visiones ideológicas extremas, es posible cuando estos grupos afirmen que la sociedad contrapone lo que denominan ‘ley natural y divina' ante la perversidad del mundo hoy. En este escenario, las instituciones religiosas se abrogan el derecho y el deber de contrarrestar el peligro producido por la alteración de la fe (Weber: 2000).

Así la presencia de candidatos de iglesias, en específico de iglesias no católicas, es posible por la promesa de la recuperación del dogma de fe. Dogma que históricamente ha sido incompatible con los Derechos Humanos.

CONCLUSIONES

MISIÓN Y VISIÓN DE FLACSO

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) es un organismo regional, instituido por la Unesco para impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de las Ciencias Sociales.

El Programa Flacso-Panamá busca dotar a la población de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.

Cuando confluyen fundamentalismos religiosos e ideologías radicales, con aspiraciones al poder político, se genera un peligro para minorías y a aquello considerado por estas como diferente. Esto encuentra suelo fértil en una sociedad anómica con necesidades materiales, pero más importante aún con necesidades emocionales provocadas por el sistema.

La neosacralización de la sociedad y la influencia en las decisiones propias de las instituciones del Estado, también se ve fortalecida por un sustrato social ausente de pensamiento crítico, alienado y sin posibilidades de cuestionar la realidad. Es importante el desarrollo de una cultura política y una educación que permita a las nuevas generaciones entender los procesos históricos y observar cómo la realidad actual nos lleva a un retroceso en términos de Derechos Humanos. Parece que el mundo retorna a ideologías radicales y fundamentalismos religiosos.

El autor es sociólogo