Temas Especiales

04 de Dec de 2020

Nacional

Panamá como víctima de la política interna colombiana

El deseo de construir el canal no fue el único detonante que movió a los panameños a buscar su separación de Colombia en 1903

Mucho antes de que los panameños lográramos separarnos de Colombia, en 1903, las relaciones entre Nueva Granada y Panamá estaban irremediablemente rotas. El proceso de deterioro de los lazos y buena voluntad que en un momento unieron a las dos naciones, no pudieron sostenerse después de 1886, cuando el Gobierno colombiano abolió la autonomía que el istmo había ganado a través del sistema federalista impulsado por Justo Arosemena (1855) y consolidado con la Constitución de Rionegro (1863), sostiene el filósofo y economista colombiano Salomón Kalmanovitz.

Panama como victima de la politica interna colombiana 0
Panamá como víctima de la política interna colombiana

Posteriormente, el cansancio de los panameños con el statu quo aumentaría más en 1899, cuando los liberales colombianos intentaron retomar el poder mediante la insurrección armada, incorporando el territorio del istmo a la Guerra de los Mil Días, con su terrible secuela de muertes y devastación.

En su ensayo El federalismo y la fiscalidad del Estado soberano de Panamá (1850-1886), Kolmanovitz sostiene que Panamá hubiera permanecido en la órbita colombiana si se hubiese dado continuidad al estado federal, si se le hubiera dado apoyo para la construcción de sus infraestructuras y se hubiera creado un orden político consensuado, en el que el istmo hubiese retenido una mayor parte de los recursos fiscales que podía generar con su riqueza.

La más liberal de las provincias

Mucho se ha dicho sobre el abandono en que se mantenía a Panamá desde Bogotá, pero lo cierto es que durante el siglo XIX la población panameña vivía en las mismas condiciones de pobreza crónica que el resto de Nueva Granada, fruto de las instituciones de la herencia hispánica: las encomiendas, el sistema de castas, la esclavitud, el centralismo y burocracia, los monopolios.

A mediados del siglo XIX, Nueva Granada parecía estar en un siglo de atraso con respecto a los europeos y estadounidenses. Así lo comentó un periodista estadounidense que visitó Bogotá en 1858:

“Los conservadores colombianos son un fiel reflejo de sus ancestros, los españoles; sostienen las mismas ideas y nociones. Su concepción del gobierno es la de una monarquía absoluta, controlada por la Iglesia. Lo que era bueno para sus antepasados lo consideran suficiente para ellos y para las siguientes generaciones. Inventos de cualquier tipo son considerados trampas del demonio para confundir al mundo. No se esmeran en aprender ningún otro idioma, porque sería una blasfemia. Para la típica mujer colombiana, nuestro señor Jesucristo hablaba español”.

En general, los conservadores colombianos tenían todo tipo de aprensiones con respecto a lo que no fuera conocido. Estados Unidos, por ejemplo, era considerado una amenaza por su vigor económico y militar, y porque era un Estado laico donde proliferaban las iglesias protestantes, muchas de ellas proselitistas, que podían desafiar el hegemonismo católico (Kalmanovitz).

Lo que diferenciaba a Panamá del resto del territorio de Nueva Granada era su idiosincrasia, más libre. Aquí, la herencia hispánica había empezado a ser sacudida desde las primeras décadas del siglo XIX con la afluencia de miles de extranjeros.

La construcción del ferrocarril interoceánico en el año 1850 y posteriormente del canal francés, en 1880, atrajeron a miles de inmigrantes de Jamaica, Cartagena, las Antillas, de China, India, Estados Unidos, Inglaterra y Francia.

Según Kalmanovitz, entre 1850 y 1896 la población de la ciudad de Panamá se multiplicó por 3.4 veces; la de Colón, 2 veces; la de Bocas del Toro, 15 veces, al convertirse en teatro de la expansión bananera impulsada por la United Fruit Company. Darién se abrió a la explotación de tagua y otras maderas. Chiriquí fue colonizada por inmigrantes extranjeros que aprovechaban los suelos fértiles de las tierras altas.

Con la fiebre del oro, entre 1849 y 1869, más de 600 mil pasajeros hicieron tránsito entre Nueva York y San Francisco por el istmo. Desde 1868, el contrato con la compañía Panamá Railroad Company otorgaba a Colombia $250,000 anuales, aunque desde Bogotá solo pasaba a Panamá el 10%.

La exposición a extranjeros, a nuevos credos, a nuevas ideas, la creciente heterogeneidad de la población, la necesidad de educación laica, de cementerios de otras denominaciones, fue abriendo la mentalidad panameña, según Kalmanovitz, convirtiéndola en la más liberal de las provincias colombianas.

Ya para mediados del siglo XIX, las élites urbanas panameñas, dedicadas principalmente al comercio con las Antillas inglesas y holandesas y con los puertos del Pacífico y del Atlántico, requerían del libre cambio y de la libertad económica y religiosa. Las masas de población del arrabal santanero, que constituyeron su propio Partido Liberal Negro, veían en el liberalismo la oportunidad de ser respetados.

Solo las provincias del interior estaban dominadas por élites ganaderas muy conservadoras que defendían la herencia hispánica y católica, y favorecían la estrecha relación con Colombia.

Justo Arosemena y el Estado federal del istmo

En 1852, siendo diputado del istmo ante el Congreso de Nueva Granada, el gran pensador liberal panameño Justo Arosemena presentó un proyecto de reforma a la Constitución colombiana, planteando la adopción de un sistema federalista al estilo estadounidense.

La propuesta fue aceptada y en marzo de 1855 se aprobó el acto adicional a la Constitución, por la cual “el territorio que comprenden las provincias del istmo de Panamá, Panamá, Azuero, Veraguas y Chiriquí forman un Estado Federal Soberano, parte integrante de Nueva Granada, con el nombre de Estado de Panamá”.

La Constitución de Rionegro, en el año 1863, convocada por el presidente liberal colombiano Tomás Cipriano de Mosquera, consolidó la tendencia hacia ese federalismo planteado por Justo Arosemena.

Por efecto de la Constitución de Ríonegro, la Confederación de Nueva Granada pasó a llamarse Estados Unidos de Colombia; el país quedó dividido en nueve estados separados, con autonomía para dictar sus propias leyes, tener ejército propio y administrar justicia independientemente del Gobierno Nacional.

Las políticas de liberalismo clásico adoptadas durante el gobierno de Mosquera consolidaron la separación de Iglesia y Estado, y la confiscación de los bienes de manos muertas que poseía el clero. La educación se tornó laica, apoyándose en ciencias modernas como la física, la química, la biología y la filosofía.

Se proclamaron las libertades individuales de comercio, de opinión, de imprenta, de enseñanza, de asociación; se abolió la pena de muerte; se establecieron los jurados de conciencia y se otorgaron plenas garantías a los ciudadanos.

Democracia en Panamá

Durante los años que duró el Estado federal (1855-1878), Panamá tuvo un sistema democrático. Por primera vez en su historia, los panameños tenían derechos y libertades nunca imaginadas: voto universal sin distinción de propiedad o alfabetismo, libertad de comercio, de opinión, de imprenta, de enseñanza, matrimonio civil y divorcio, igualdad entre los hijos naturales reconocidos y los legítimos.

La constitución otorgó participación electoral a toda la población masculina mayor de 21 años, sin ningún requisito de propiedad o alfabetismo. Los grupos sociales que hasta entonces habían estado marginados del poder político y excluidos de toda consideración social, tuvieron acceso real al poder político (Fernando Aparicio).

La enorme disparidad numérica entre la población de mestizos, mulatos y negros del arrabal y la élite blanca descendiente de españoles, apoyó el surgimiento de líderes populares como Buenaventura Correoso y Rafael Aizpuru, ambos del Partido Liberal Negro, que ascendieron a la presidencia del Estado.

La presión de las masas empoderadas obligó al gobierno a prestar más atención a las necesidades de la población, a aumentar el gasto en educación pública y servicios.

De acuerdo con las investigaciones de Kalmanovitz, en el periodo comprendido entre 1862 y 1879 las tradicionales élites formadas por comerciantes urbanos ocuparon la presidencia de Panamá durante siete años; los grupos rurales dominantes, tres años, y del arrabal santanero, ocho años.

Ocaso del sistema federalista

Pero el sistema federalista no fue la panacea ni para el istmo ni para el resto de los áreas federadas de Colombia. Con el empoderamiento de las masas y la relativa independencia en la toma de decisiones, llegó una constante inestabilidad política, reflejo de los desórdenes nacionales y de las confrontaciones locales entre liberales y conservadores o entre facciones de estos partidos.

En este régimen de libertad, Colombia llegó a estar compuesto por diez estados soberanos y gobernado por diez constituciones, diez códigos civiles, diez códigos penales y diez ejércitos.

Los estados federados podían convocar asambleas constitucionales para cambiar las reglas acordadas por los constituyentes en 1863, lo que aumentaba la rotación de los gobernantes, aun sin contar los casos de presidentes que no podían terminar su corto mandato y entregaban el poder al primer o segundo delegado, o de aquellos en que la guardia del estado soberano daba un golpe al presidente y lo sustituían por un militar. (Kalmanovitz).

Entre los diez estados que constituían la República, Panamá fue el que sufrió de mayor turbulencia política: entre 1855 y 1862 tuvo nueve gobernadores, cuando solo debió haber cuatro; entre 1862 y 1886 debía haber doce presidentes, pero hubo treinta.

Vuelta al conservadurismo

Para el colombiano Jorge Orlando Melo, al liberalismo de 1853 se le debe atribuir el mérito de incluir en la cultura política nacional las ideas fundamentales del credo liberal y el impulso de transformaciones económicas para la incorporación del país en la economía capitalista mundial –el libre cambio, la eliminación de la esclavitud, de las desigualdades legales entre los colombianos y las múltiples restricciones a la utilización de los recursos productivos–.

Pero, en realidad, en todos los Estados Unidos de Colombia hubo una incongruencia entre los ideales del liberalismo y el deseo de los políticos de mantenerse en el poder (“Los liberales han conquistado el poder con las armas y no lo van a perder por culpa de esos papelitos”, dijo sarcásticamente el educador y abogado Francisco Eustaquio Álvarez en 1879), refiriéndose a los votos como papelitos.

Fue precisamente esa mentalidad lo que fue creando las condiciones para la Guerra de los Mil Días y el deseo de los panameños de separarse.

(Continúa).