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18 de Ene de 2022

Política

Lo peligroso de ser independiente

Sin embargo, la tarea de postularse fuera de los partidos políticos en Panamá tiene tintes heroicos. Afrontar solo la adhesión de 4% de ...

Sin embargo, la tarea de postularse fuera de los partidos políticos en Panamá tiene tintes heroicos. Afrontar solo la adhesión de 4% de los electores de su circunscripción, sin que ninguno sea miembro de algún partido, es difícil pero no la peor parte. Al llegar la campaña electoral hay que enfrentar a los dos partidos mayoritarios, que cuentan con identidad, mayores recursos financieros y organizativos. El aldabonazo final llega cuando, aún obteniendo una cantidad de votos importante, en un circuito pequeño (95% de los que hay en Panamá) los candidatos electos por cuociente y por residuo suelen ser de los partidos mayoritarios. Es decir, un sistema electoral donde las postulaciones externas florezcan debe tener circunscripciones grandes y una fórmula electoral proporcional.

Además de la necesidad de representación de ciertos actores, los candidatos externos apelan a la impopularidad de los partidos políticos y, paradójicamente, a la antipolítica para granjearse los votos de la ciudadanía. Gracias a la imagen de libertad e independencia, al candidato externo le rodea cierta aura ética y homérica, ya que enfrenta a los malvados partidos políticos. No obstante, los partidos no son tan malos como los pintan y está demostrado que a pesar de ese malestar la red de intercambio de favores materiales y simbólicos entre electores y partidos funciona bastante bien.

Mientras más oportunidades de participación haya mejor para la democracia. Visto así, las postulaciones externas son un avance en la dirección correcta. Sin embargo, es justo decir que estas postulaciones dificultan la rendición de cuentas de los representantes ante la ciudadanía. Un diputado sin partido, que no busque reelegirse, quita al electorado la oportunidad de compensarlo o castigarlo electoralmente por su desempeño en la Asamblea Nacional. En cambio, los partidos son organizaciones permanentes y estarán para rendir cuentas aunque los candidatos no sean los mismos.

La relación entre postulaciones externas y el objetivo de fortalecer a los partidos es tensa. Si los partidos son débiles, quitarles el monopolio de la representación es abrir la puerta a su defenestración. Si estamos de acuerdo en que los partidos políticos son indispensables para la democracia, darles puntapiés no es buena idea. Hay que tener presente también que con las postulaciones externas privatizamos un espacio público. Cierto es que los partidos suelen comportarse como entes privados, pero la solución para esto no es poner en manos individuales, privadas por definición, las postulaciones. No se trata de que lo privado sea malo o bueno, el punto es si la elección de representantes es un espacio para lo público o debe estar sujeto a la iniciativa privada.

Siguiendo los principios de la ingeniería constitucional, los beneficios que para la democracia significan las postulaciones externas se alcanzarán sólo si al mismo tiempo se fortalece a los partidos haciéndolos más incluyentes, transparentes y programáticos. Cuociente y por residuo suelen ser de los grandes partidos. Es decir, un sistema electoral donde las postulaciones externas florezcan debe tener circunscripciones grandes y una fórmula electoral proporcional.