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28 de Jun de 2022

Política

El problema de no tener un plan

Por inverosímil que parezca, a la dirigencia del PRD la tomó totalmente desprevenida la derrota de su partido el 3 de mayo. A esa conclu...

Por inverosímil que parezca, a la dirigencia del PRD la tomó totalmente desprevenida la derrota de su partido el 3 de mayo. A esa conclusión se llega fácilmente cuando observamos lo que ocurre hoy en el colectivo. Encerrados en la oficialidad de sus cargos, la dirigencia ni siquiera ha establecido un espacio serio en donde los afectados puedan ir a recriminarse o a lamentarse. ¡Vamos! Se han enclaustrado tanto en esa jerarquía que la explosión no vendrá desde adentro sino desde afuera. Y los que están adentro no pueden controlar lo que sucede afuera.

Los problemas actuales del PRD se hicieron evidentes la misma noche del 3 de mayo en que los jerarcas del partido renegaron del triunfo de Ricardo Martinelli. Pareció entonces que todos estaban muy decepcionados y sorprendidos. Como si la derrota no se hubiera fraguado hace muchos meses: desde comienzos del año el PRD no tenía ninguna opción de ganar la Presidencia. La nómina Balbina-Navarro simplemente llegó a su techo muy temprano y dejó de carburar.

De allí que extraña que el PRD se vea tan sorprendido, tan descompuesto y con una dirigencia en permanente negación. Queda la impresión de que esta incomprensión en el PRD en torno a su derrota electoral y el actual escenario político encuentra una explicación inicial en la manera como el partido desdeñó la candidatura de Martinelli. Nadie ha explicado mejor este fenómeno que Gandhi: “Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te combaten. Y entonces los vences”.

Hay muchos elementos para pensar que gente importante en el PRD entró en una dinámica de arrogancia y de fanatismo que les impidió ver venir lo que se les caía encima. Es posible que ese estado de euforia haya hecho que se olvidaran de hacerse la pregunta que todo político serio debe hacer: ¿Qué hacemos si perdemos?

Sin un plan de salida, sin una ruta de retorno y conciliación claramente demarcada, el PRD abrió el espacio para que otros se la diseñaran. Y allí parece que está sacando máximo provecho, no solo la oposición interna, sino también el propio Martinelli. Les metieron un”caballo de Troya”. Y de Troya, como recordarán, solo quedaron las cenizas.