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29 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Las sociedades actuales no pueden aceptar el pensamiento único, aquel que pretende uniformar el cerebro de los ciudadanos, a lo que Sast...

Las sociedades actuales no pueden aceptar el pensamiento único, aquel que pretende uniformar el cerebro de los ciudadanos, a lo que Sastre denominaba “serialización”, la formación de individuos idénticos, como una forma de sometimiento. La prensa, el cuarto poder, que entra a nuestros hogares por la radio, la televisión o la escritura, tiene la capacidad de mantener lo que hay o de cristalizar la esperanza de que es posible un mundo mejor.

Hoy en día la mayoría de los que ejercitan este poder lo orientan hacia las actividades de ocio, pero no de ese “ocio útil” del que nos hablaba Rodó, sino el que nos lleva de la mano a ocultar las raíces de las grandes inequidades, las que de una a otra forma afectan a la mayoría de los pueblos.

El cuarto poder es el brazo ejecutor de la industria cultural que nos martilla a diario que sólo es posible que exista lo que hay.

Este poder desplegó toda su capacidad para mantener la estabilidad de la Dictadura Militar durante los 21 años de oscurantismo. Tal fue el caso de La Estrella de Panamá, marioneta del autócrata. Después de la invasión La Estrella se quedó sin brújula, al borde de la extinción.

Hace dos años, el primero de septiembre de 2006, este viejo diario se hizo nuevo. Bajo la dirección de un profesional del periodismo, el licenciado Gerardo Berroa, cada día se vigoriza más.

Tiene que ser titánica la labor de sus administradores de edificar un diario independiente sobre las cenizas del que estaba a la espera de dictámenes externos. Es difícil convencer a un lector acostumbrado a despreciarlo de que ya puede tener entre sus manos un diario abierto al enfrentamiento de la ideas, única forma civilizada de encontrar en consenso la sociedad a la aspiramos vivir.

Digo que no es fácil la independencia de un periódico en esta vorágine en la que se ha convertido nuestra sociedad, en donde los intereses creados, el oportunismo y la coima abierta o solapada invaden los medios de comunicación; pero para fortuna de los panameños todavía hay algunos que se resisten a estas tentaciones.

Siempre me he preguntado, ¿cómo saber que puede existir algo mejor a lo que hay?: Difundiendo lo que cada uno piensa; pero también orientando, sin traba alguna, a través de una línea editorial independiente. Este es el papel que ha asumido este nuevo diario viejo. Los que tuvimos el infortunio de vivir los vejámenes de un Dictadura Militar tenemos que regocijarnos con el resurgimiento de la Estrella de Panamá.

La libertad de expresión es el terror de los verdugos.