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01 de Jul de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Estado versus Iglesia?

Desde hace muchos años, en las democracias liberales se ha mantenido como un principio político casi dogmático “la separación de la Igle...

Desde hace muchos años, en las democracias liberales se ha mantenido como un principio político casi dogmático “la separación de la Iglesia y el Estado”, poderes bajo los cuales han madurado las naciones y pueblos forjados en la cultura greco romana y judeocristiana; dato este último que no siempre han reconocido, por ignorancia o mala fe,los adalides del laicismo separador.

La “separación de la Iglesia y el Estado” es una situación aceptable y conveniente para la sociedad; pero, solo sí la fórmula está libre de prejuicios anti-religiosos y respete los derechos humanos de libertad de conciencia y de culto. El mismo Cristo señaló que tanto al César —el Estado— como a Dios —la Iglesia—, había de dársele lo que a cada uno le corresponde. Aunque el César de aquellos tiempos no era un modelo de gobernante, el mensaje llama la atención, principalmente, hacia el deber del hombre hacia Dios, con independencia de quien gobernase. A lo largo de la historia, la respuesta de Cristo parece que nunca ha sido bien entendida y mucho menos aplicada. La Iglesia Católica incursionó en las cosas del César. También, César se ha inventado pretextos para manejar las cosas de Dios, y los pueblos lo han pagado caro. Lo vimos en la Unión Soviética, lo vemos en China, en España y en muchos pueblos. Por esta razón, el tema ha vuelto al tapete, y los líderes políticos han descubierto que tan indeseable es que las iglesias gobiernen en lo temporal; como indeseable es que los gobiernos decidan sobre temas de la Fe.

Con laicismo se pretende significar esa separación de Iglesia y Estado. Pero, lo que debía ser una coexistencia inteligente y razonable es manejada caprichosamente por algunos gobiernos, en contra de la libertad religiosa y los derechos de los ciudadanos y de la Iglesia.

En esos países, gobernantes y grupos políticos deberían reflexionar sobre las palabras del presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien, durante la reciente visita de Benedicto XVI a Lourdes, habló de una “laicidad positiva, abierta”, que es “ una invitación al diálogo, la tolerancia y el respeto”, y —añadió— “porque la democracia no debe cortarse de la razón, no puede contentarse con la suma aritmética de los sufragios, ni sobre los movimientos apasionados de los individuos”. Sarkozy insistió en que “Es legítimo para la democracia y respetuoso con la laicidad, dialogar con las religiones que son patrimonios vivos de reflexión y pensamiento, no solo sobre Dios, sino también sobre el hombre, la sociedad e, incluso, sobre la preocupación actual de la naturaleza”. Sarkozy recalcó que “Sería una locura privarnos de ello; sencillamente una falta contra la cultura y contra el pensamiento”. Todo esto dicho en la cuna del laicismo antirreligioso y, por cierto, anticientífico. ¿Estado versus Iglesia? Pregúntesele a Sarkozy.