Temas Especiales

26 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Quién le teme a Balbina?

Leo y oigo voces vehementes clamar por una unidad opositora, ilusa, imposible por los egos, se argumenta, según José Raúl Mulino. ¿Que?,...

Leo y oigo voces vehementes clamar por una unidad opositora, ilusa, imposible por los egos, se argumenta, según José Raúl Mulino. ¿Que?, ¿la gente le teme a Balbina? Habrá quienes lo sientan así: ¿quiénes?, ¿por qué?

Pese a las heridas de las guerras internas recién pasadas en el PRD, esos temores no deben ser de nuestro lado. Pudo haber diferencias, podrá seguirlas habiendo. ¿Acaso el partido es homogéneo? De su heterogeneidad precisamente viene su gran fortaleza. Balbina ha sido alcaldesa de un área socialmente compleja, llena de contradicciones precisamente, se codeó con una diversidad de problemas políticos y de múltiples presiones. Tuvo que escuchar quejas y llantos, con tanta miseria en esos sectores de San Miguelito. Aprendió a exigir respuestas sociales. Luego escaló el nivel parlamentario, donde dejó notar, es público, su vehemencia, su temperamento combativo, y apasionado. Su permanencia legislativa fue extensa. El Parlamento, de poca credibilidad hoy, como el resto de instituciones, es el mayor laboratorio de ideas políticas y sociales del país. Balbina ha aprendido muchísimo y lo ha demostrado. En su labor en el MIVI como ministra de Martín Torrijos fue reconocida ampliamente por todos los sectores, incluyendo el empresarial.

¿Tienen acaso más experiencia para gobernar sus actuales adversarios empresariales? No lo creo; salvo Endara, que subió a la Presidencia con asesores y tanquetas gringas, pero nunca tuvo el ejercicio parlamentario de Balbina, ni vivió los problemas de la gente común, ni experimentó la pobreza en carne propia. Tampoco Martinelli ni Varela pueden esgrimir más experiencia que ella, salvo haciendo negocios grandes donde la superan cien a uno; tales talentos son muy buenos, pero no imprescindibles para gobernar.

Las capas medias o las populares no tienen que temer a Balbina, tampoco los empresarios serios. Es natural la oposición a ella y es Balbina la que tendrá que disipar cualquier duda. Su alto nivel de popularidad y de responsabilidades no es casualidad, aún los que la adversan, aunque no gusten de ella, si son objetivos deben con franqueza reconocerle sus méritos y el nivel de sus derechos políticos, aunque le señalen defectos, que como todos sin excepción ella también tiene. Balbina sabe que tiene que crecerse frente a los desafíos. El país es complejísimo, requerirá primordialmente de la unidad y cohesión del partido, de la confianza que genere frente al auge de inversiones y de su misión para llevar el creciente desarrollo nacional a los más marginados, continuar atacando de raíz la pobreza.

Torrijos, inobjetablemente, ha logrado articular y dirigir un gobierno que ha atendido los diferentes frentes, con notas altas, según las encuestas serias, que no son sus amigas precisamente. En los últimos 15 años no se había alcanzado el nivel internacional de Panamá. Los programas de desarrollo de las empresas marítimas son cuantiosas en inversiones. La cobertura social ha llegado sostenidamente a los caseríos más pobres. La inversión social ha sido la más alta en nuestra historia. El clima de inversiones extranjeras es proporcionalmente de las más atrayentes en Latinoamérica. Hay flancos débiles todavía como el del transporte y el déficit en seguridad, ante el desborde del circulante de dinero, unido al flagelo de las drogas y sus colaterales, que desafían diariamente a nuestra Policía. Balbina conoce de esto.