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18 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Despedida a Araujo...

Anoche dormí estratégicamente en el sofá para que me despertara el amanecer, quería sentir la naturaleza, ponerle atención y no ignorarl...

Anoche dormí estratégicamente en el sofá para que me despertara el amanecer, quería sentir la naturaleza, ponerle atención y no ignorarla como había hecho tantas veces. Llegó y me despertó justo como había deseado, abrí los ojos y presencié rayos de luz que atravesaban la oscuridad poco a poco, me paré y caminé hacia el balcón para oler lo que estaba pasando, cerré los ojos para escuchar el momento, viajando me vi por una vida a través del tiempo, un pasado fugaz, cuando regresé de esa pequeña travesía vi que en la playa estaban dos pescadores, y pensé en ellos.

Sentí paz en ese instante, pero con un corazón agotado, me había dedicado a recordar a un amigo la noche anterior, a un ser humildemente propio, auténtico. Desempolvé esas memorias perdidas en un abismo de una vida vivida y lo encontré allí, lo vi con su espíritu sereno, con su arte, en su mundo fantástico, donde todos hubiésemos querido perdernos una eternidad.

Lo vi allí agarrado de la mano de Miriam, estuve con él esperando el amanecer junto a Balboa, después a “mojon beach”, enlodándonos bajo ese sol infernal donde se derretían las memorias mientras se creaban, en Coronado, donde desperté sin ruedas para andar. Lo vi captando a una madre joven temerosa en conjunto con su hija recién nacida y después con el mismo lente dejó plasmada la evolución de esa madre.

Solía aparecer en Las Tablas para carnavales, en los atardeceres de una playa, en reuniones esporádicas donde los seres conectaban. Me complacía saber que con su sonrisa siempre sentí una aceptación a mi ser, un entendimiento secreto de mi alma solitaria, salvaje y frágil. Y me lo imaginé en la casa de Faisa, impregnándola con serenidad total, y sentí anhelo.

Este ser definitivamente respiró intensamente, su pasión se transmitía en la facilidad que tenía de contagiar a todos con su espíritu, ya fuera en una ola, en un estudio, o en un encuentro espontáneo. Con su nobleza y humildad inspiró a una generación de creadores dejando huellas en cada uno de ellos.

Mi amigo se fue instantáneamente en conjunto con otro ser que brillaba una luz potente, rociando a cada uno que encontraba en su camino, esos dos seres se habían ido juntos al Paraíso, ese lugar a que le temen los fuertes, débiles, pobres, y ricos, todos por igual, el mundo que todos desconocemos.

Y me vi de vuelta en el balcón observando a esos dos pescadores, pensando en ellos; ¿dónde estarían? Preguntándome si el Paraíso existía. Pensando en sus madres, sus padres, en los hermanos, en las hermanas, y en Dominique? y recordé lo íntimo que es perder a alguien, como te hace crecer, cómo nadie puede consolar ese vacío, cómo te das cuenta de lo frágil que es la vida y lo importante que es vivir en el paraíso viviente? Espero que estén los dos felices en ese mundo desconocido, creando verdaderos “Masterpieces” y que finalmente hayan encontrado la ola perfecta? Adiós Gustavo y Marcos.