Temas Especiales

19 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La inopia en Panamá

No podemos desconocer los tres pilares del sistema democrático, distinguidos como: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; la avalancha de cr...

No podemos desconocer los tres pilares del sistema democrático, distinguidos como: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; la avalancha de críticas en Panamá y la incidencia del absoluto incumplimiento de las promesas de campaña sobre “Cero Corrupción” y mayor seguridad ciudadana, entre otras.

Pero para constituir estas fundamentales bases, hay que seleccionar a las personas que trabajarán en el desarrollo intelectual de las tres fases. Los investidos deben ser capaces de lograr los objetivos, según las necesidades; y es a través de las elecciones como se escoge parte del Ejecutivo y el total del Legislativo, para que luego, el elegido presidente de la República designe lo fundamental en lo Judicial, pero lo tiene que ratificar el Legislativo. Es claro que en este rejuego están las leyes que tratan de equilibrar esta balanza, para evitar que los intereses se extrapolen.

Tenemos en existencia la partidocracia, perniciosa, porque coarta la voluntad ciudadana. Son los intereses particulares los que privan, debido a que no hay suficiente plataforma ideológica, junto con una madurez política para escoger a los sobresalientes para administrar. Nos constriñen para que una minoría nos gobierne, sin alcanzar siquiera el 50% de los electores, y con la complicidad de los panameños, no hay segunda vuelta electoral.

Lo que ocurre con las promisiones electorales es que ninguno de los que triunfan las cumple. No es lo mismo gobernar que criticar a los que gobiernan. Cada periodo tiene sus inconvenientes, con factores externos graves, más lo que repercute en lo interno. Total los cinco años no son nada, si los planes de gobierno no se pueden realizar a corto plazo y menos tomar como excusa, el conteniendo de este párrafo. En cada periodo se rasgan el vestido los que gobiernan y los que gobernaron en las justificaciones, mientras el pueblo languidece, cada vez más lleno de necesidades.

Es probable que contrasten los compromisos adquiridos en las campañas, con la escogencia de buenos funcionarios y con la suficiente capacidad intelectual para realizar una labor encomiable y exitosa. Tal vez los designados, a su vez, tengan otros adeudos con los subalternos y así se debilite el equipo de trabajo. Como todos conocemos, aún con las primarias se escoge a los que ofrecen y pueden sufragar las millonarias campañas preelectorales de cada partido. Lo que asombra es el parapeto de subvencionar a los partidos, con la intención de evitar el acopio de fondos mal donados, pero frente a tantas necesidades parece una vana inversión. Otro asunto son los muy pobres requisitos para que un candidato ostente la posibilidad de salir electo. Todo tiene ventajas como el orden en las propuestas de los candidatos para los circuitos plurinominales, muchas veces los partidos son los que logran los triunfos.