21 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Caso Delgado Diamante

Sucedió una vez, que dos figuras del barrio discutían a plena luz del día, era tal la intensidad de sus insultos, que finalmente a uno d...

Sucedió una vez, que dos figuras del barrio discutían a plena luz del día, era tal la intensidad de sus insultos, que finalmente a uno de ellos se le ocurre, como acto final de la agresión verbal, gritarle al otro, con mucha convicción, que su hermana era una prostituta. Ello hubiera bastado para que tamaño insulto diera paso a un hecho de sangre, dada la cantidad de público morboso que se había reunido a su alrededor. Por el contrario, el ofendido lanzó una carcajada: “pero si ni siquiera tengo hermana”, le respondió. Y el otro, a media voz, le dijo, “claro, eso lo sabemos tú y yo, pero no los demás que nos están viendo”.

El caso de Daniel Delgado Diamante y la campaña que se ha tejido alrededor de un incidente interno de la entonces Guardia Nacional, hecho que ha sido plenamente esclarecido por los protagonistas, testigos y familiares de aquel momento, forma parte de toda una campaña que busca descalificar al Gobierno y por ende a su propuesta electoral, basada en alimentar la susceptibilidad de la opinión pública sobre temas humanos que tienen que ver con la injusticia y el abuso.

Al estar metidos en medio de una larga y extenuante campaña electoral, en donde el discurso de las propuestas está siendo sustituido por la publicidad y el “marketing” político, el factor de las emociones y los sentimientos, ha pasado a jugar un papel fundamental. Todo gira en ver cómo capturas ese estado de ánimo de la población. Como le construye una realidad ficticia para, usando partes de un hecho real, alimentar una mentira hasta que la mente humana la acepte como realidad. De por sí el panameño promedio ha ido perdiendo buena parte de su fe en la clase política, por ello es sujeto a ser sensibilizado con todo este tipo de mecanismos subliminales.

Y no sólo es este caso, archivado durante más de 38 años, que surge de repente para dirigir los golpes hacia un proyecto político. Está la desaparición de las estatuas, los manejos de algunos proyectos especiales, el pasado ideológico de Balbina y los supuestos vínculos internacionales con Chávez. Vendrán muchos más hasta intentar alcanzar un estado de zozobra tal, que el votante, hipnotizado y aturdido por la acumulación de las calumnias, sin control de su voluntad racional, dé el voto al adversario. Voto cuyo efecto se disipará a los pocos meses y volveremos al ciclo de las insatisfacciones y los remordimientos, hasta que un día todo estalle.

Le corresponde a las fuerzas objeto de esa operación, atacar el mal de raíz, desde sus orígenes. Pero ¡atención!, no se trata de una mentira, sino de una cadena de mentiras, o verdades a medias, manipuladas de forma sucesiva. Si el afectado se toma su tiempo para enfrentar ese punto de la cadena, que es el estilo actual de nuestro gobierno, cuando reaccione, otro será el tema de debate. Como diría Kennedy, una mala respuesta a una calumnia, la convierte en realidad. Tampoco es aconsejable buscar la pelea en ese campo, nosotros somos partido de gobierno y nos hemos convertido en un blanco visible. Por el contrario, el adversario triángula y manipula apoyado en medios “amigos”, con lo cual no se compromete ni expone.

No entiendo cómo, siendo los más, no levantamos la bandera del proyecto de Nación y llenamos de esperanza a un pueblo que aspira a vivir en paz, con prosperidad, participación y oportunidades para todos.