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20 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sin presunción de inocencia

En los primeros días de enero de 1990 se organizó una conferencia de prensa en un hotel y como editor de la revista Análisis y conductor...

En los primeros días de enero de 1990 se organizó una conferencia de prensa en un hotel y como editor de la revista Análisis y conductor de un programa radial me presenté.

Colegas periodistas iniciaron una serie de murmullos y el general Cisneros, quien junto al embajador de USA presidía la conferencia lo notó, tomando la palabra y diciendo, palabras más, palabras menos, “la columna vertebral de la democracia, su mayor defensor, es la prensa. Tiene que haber medios que denuncien, investiguen y vigilen el comportamiento de los gobiernos. El mayor escándalo de USA, Watergate, lo desató una denuncia periodística”.

Por supuesto que luego dio la conferencia formal, hablando del rol de los medios, su objetividad e imparcialidad como garantía de su seriedad. Por unos momentos pensé que las cosas quizás, finalmente, empezarían a cambiar en nuestro país.

No se puede esconder la parcialidad de los medios oficiales y luego privados en los 21 años anteriores. Quizás, ahora en democracia, podíamos esperar medios objetivos. Los 18 años que han transcurrido solamente han servido para reforzar que no existen medios objetivos ni imparciales en nuestro país. Peor aún, no es sólo la parcialidad de los que dirigen o son propietarios de los medios, es el concepto que todos parecen haber aceptado que no hay presunción de inocencia.

Sea la denuncia que sea, los medios han jugado un papel negativo en lugar de ayudar al fortalecimiento de la justicia. Lanza en ristre salen inmediatamente a buscar la cabeza del funcionario más alto que logren conectar a la denuncia, pidieron la cabeza del director del Seguro y del ministro de Salud por el dietilenglicol, la cabeza del ministro en el fuego del bus, la cabeza de Mingthoy por los monumentos de juegos de antaño y ahora la cabeza del ministro Delgado. Veamos los casos individualmente.

En el caso del dietilenglicol el ingrediente se compró en la administración anterior, se recibió y almacenó. Se compró para no usar por 3 años por tener inventario. ¿Qué responsabilidad tiene un nuevo director, un ministro de Salud, que no preside siquiera la Junta Directiva? Pero al arrestar a los funcionarios del laboratorio que usaban la sustancia, la gente hizo vigilias para liberarlos. Curioso.

En el caso del autobús lo más que podemos considerar es una imprudencia del mecánico que utilizó el refrigerante, de venta legal en nuestro país. Si bien es cierto que en otros países está prohibido, en Panamá, como en otros, no lo estaba. Hoy mantenemos detenidos al dueño, al conductor y al mecánico, mientras los medios piden otras detenciones.

El monumento perdido o robado ha servido para que los medios ataquen a la Lic. Giro, pero, ¿es responsabilidad de ella desde el Despacho de la Primera Dama el revisar los inventarios en los depósitos diariamente? Lo dudo.

Y ahora, el caso del ministro Delgado, 38 años después, donde las declaraciones de los oficiales de la época y los expedientes recabados se estrellan contra la campaña de un medio contra el ministro. Al final, lo que lograremos es que un policía jamás usará su arma contra delincuentes peligrosos o armados, por miedo a los medios de comunicación que lo señalaran después de asesino o maleante.

Ojalá regresara el general Cisneros y viera lo que los medios han logrado, supuestamente en nombre de la democracia.