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03 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Petróleo, caída de los precios

La crisis financiera internacional se llevó por el retrete las predicciones de algunos sesudos especialistas que predecían que para el f...

La crisis financiera internacional se llevó por el retrete las predicciones de algunos sesudos especialistas que predecían que para el fin de año el barril del petróleo estaría rondando los $200. Parece que era pura especulación para seguir impulsando los precios y continuar desbordando las exorbitadas ganancias de las compañías petroleras. Ahora hay predicciones de llegar a los $55, aunque pudiese recuperarse.

Con este tipo de actuaciones esperamos que nuestras esperanzas en la inapelable justicia divina no sean defraudadas, pues siempre esta se acuerda de sus deudores y ojalá les permita a estos especuladores un placentero viaje en la corriente circular que se llevó a los gurús de Wall Street.

Por otro lado, la caída de los precios del petróleo, o no es conocida o es intencionalmente ignorada por los comerciantes. En su momento, no dudaron en aplicar todo tipo de aumentos a sus productos argumentando los altos costos del petróleo. Todo aumento, de un día para otro, sin la menor misericordia para aquellos que no podían aplicar igual aumento en sus salarios por las mismas razones.

Estos aumentos fueron aplicados en los productos de primera necesidad, afectando el poder adquisitivo de los consumidores y obligándolos a pagar precios muchos más altos o comprar menos comida. Con los precios existentes una visita al supermercado representa una prueba de resistencia contra la desesperación, es un ensayo de actuación gratuito para fingir felicidad ante la adversidad. Y, sobre todo, es la más clara representación de la brecha entre ricos y pobres.

Los pobres intentan a toda costa sobrevivir con sus diminutos sueldos, conocidos públicamente por todos como salario mínimo, mientras que las grandes cadenas gozan de una obesidad producto de sus márgenes de ganancia secretas y que seguirán ahora aumentando, gracias a la disminución de los precios del petróleo y sus derivados, pero que por ningún motivo será trasladada al consumidor. Ellos seguirán manteniendo sus márgenes de ganancia como si nada hubiera ocurrido.