21 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

A destorrijizar por Portugal

Qué mal se debe sentir el presidente Martín Torrijos, al que le ha tocado acatar el fallo que condena a Panamá, por la evidente complici...

Qué mal se debe sentir el presidente Martín Torrijos, al que le ha tocado acatar el fallo que condena a Panamá, por la evidente complicidad de su padre, gobernante de facto cuando se dio el crimen de lesa humanidad contra Heliodoro Portugal y decenas más. Los hijos no son culpables de lo que hacen sus padres, pero no pueden hacer apología, elogiando a quien no se puede elogiar, ya con sentencia en firme.

El caso Portugal abre un camino que debe llevarnos a destorrijizar la historia, la sociedad panameña y hasta destorrijizar plazas y calles en naciones hermanas, donde gobernantes ignorantes o cínicos han permitido que se erijan monumentos al dictador que permitió violaciones de derechos humanos. Portugal fue un dirigente popular que el 14 de mayo de 1970 fue secuestrado en las inmediaciones del parque de Santa Ana. Sus familiares gestionaron su ubicación, pero el régimen de Torrijos nunca respondió. En el gobierno Moscoso se descubrieron tumbas clandestinas en el antiguo cuartel de Tocumen, siendo uno de estos restos los de Heliodoro Portugal. La familia llevó el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos la cual falla responsabilizando al Estado panameño por la desaparición, tortura y asesinato del dirigente. Pedir perdón e indemnizar a los deudos de Portugal, a nombre del Estado, le tocó al gobierno del hijo del dictador. Hicieron la pantomima de cumplir con la sentencia pero pedir perdón era reconocer que sus raíces están manchadas de sangre, luto y dolor que repartieron entre el pueblo.

Como el caso de Portugal, entiendo, se están llevando otros más, en la justicia nacional y en instancias internacionales. Si se imparte justicia se determinará que durante los trece años del dictador Torrijos (68-81) desaparecieron o fueron asesinados, bajo la responsabilidad del Estado alrededor de 70 personas. Así las cosas, a pesar del dolor de sus familiares que lo quisieron, y del cinismo de sus aduladores, nuestra sociedad debe enfrentar la acción de destorrijizar Panamá. Que se enseñe la verdad, que se quite lo nombrado Omar Torrijos y que se repudie su actuación. Que el partido que con falacia se denomina torrijista, haga un autoexamen y enmiende sus pasos sin hacer apología de hechos punibles. Ha sido una vergüenza, por la inconsistencia histórica, que dos gobiernos salidos de políticos civilistas, contemporizaran con la inmoralidad que representa que obras públicas lleven el nombre del dictador. Guardo pocas esperanzas de que el nuevo gobierno que se perfila ganador, el de Martinelli, logre corregir esta aberración histórica, dado que sus principales colaboradores poca muestra han dado de que se conozca la verdad, y se enmiende lo mal actuado.

La esperanza que debemos mantener es que Omar Torrijos y sus sucesores, Flores, Paredes, Noriega, junto a sus colaboradores sean juzgados, si no por la justicia, por lo menos por la historia como autores o cómplices de la tragedia que vivió Panamá.

- El autor fue precandidato presidencial. jgamboarosemena@hotmail.com