26 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El mito de las propuestas

Como la política es el arte de gobernar, en Panamá escogemos al presidente del Ejecutivo por una parte, y a los diputados para conformar...

Como la política es el arte de gobernar, en Panamá escogemos al presidente del Ejecutivo por una parte, y a los diputados para conformar a la Asamblea Nacional, con funciones en toda la República; a los alcaldes y representantes en relación con los municipios, por la otra parte. Ellos, a su vez, se encargan de nombrar al resto del personal para la administración dentro del gobierno. La política viene del periodo neolítico, cuando se empezó a organizar la sociedad de manera jerárquica, y desde siempre, en cada sociedad unos cuántos tutelan al resto, con una dirección impuesta. Se valen de las promociones para lograr la selección.

En este ejercicio del poder se direccionan las actividades tendientes a lograr la armonía en la convivencia, un asunto muy complicado por el juego y el rejuego de intereses particulares que subyacen en el conglomerado, entre los ricos, una minoría y los pobres, una gran mayoría. El presupuesto es esencial y el deber de cubrir las necesidades sin afectar los derechos humanos siempre se incumple, aunque se diga que el interés público prevalece sobre el privado.

Dentro de los ajetreos políticos, los más audaces se hacen notar y como estrategia, critican lo que no se ha hecho, o las insatisfacciones que rutilan en la sociedad que, por supuesto, afectan el interés público, como vivienda, salud, educación, trabajo, costo de vida, poder adquisitivo, facilidades viales, etcétera. Es aquí se valen de la fábula de las propuestas. Los promocionantes las analizan y en teoría las resuelven de un modo dialéctico, para sumarlas a los intereses entre el elector y el candidato. Esto es un círculo vicioso que se retrata en cada campaña y hay quienes alegan, que las promesas de campaña nunca se cumplen. El contenido de los tres primeros párrafos es ilustrativo, pero en adelante, sostenemos que todas las propuestas deben ser el resultado de las necesidades públicas, que por cierto son un deber y una obligación de los gobernantes de turno. No puedo prometer lo que debo hacer, entonces ¿cuál es el engaño? Seguro que para el oficialismo es muy duro vender promisiones incumplidas. Si las principales salvas fueron sobre trabajo, seguridad y corrupción, no se han cumplido, y como está finalizando el período, los receptores de las propagandas se preguntarán ¿por qué no arreglan ahora lo que no se arregló cuando lo tenían que hacer? A esto se le denomina continuismo.

Las mariposas vestidas con los resultados de más trabajo, más seguridad y menos corrupción, después de aquel triunfo no salieron a otear el horizonte y calentar sus alas con las manchas doradas y plateadas de satisfacción social en todos estos años de gobierno, por lo contrario, hay un rosario de estigmas en los ministerios de: Gobierno, Salud y Educación, para no mencionar a otros, que han tenido ocupada a la opinión pública, de forma negativa. Es la cosecha de lo sembrado intelectual y materialmente. Una promesa de campaña es un testimonio de fe que ofrece el interesado, para que lo favorezcan en las urnas de votación y que el votante recoge como bueno.

-El autor es abogado y docente universitario. cherrera@cwpanama.net