25 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Hagamos un recuento

Como en todas las sociedades, en nuestro país ha habido delincuentes de todos los matices. En verdad, el nivel delincuencial antes de 19...

Como en todas las sociedades, en nuestro país ha habido delincuentes de todos los matices. En verdad, el nivel delincuencial antes de 1968 podríamos catalogarlo dentro de niveles relativamente normales, se caminaba por las calles sin temor, se dejaban los autos con las ventanas abiertas, nuestros hijos podían ir a las escuelas sin temor, hasta dejábamos las ventanas de las casas abiertas para recibir las brisas apacibles de invierno o verano y se entraba y salía al banco sin ningún temor. Después de 1968 hasta antes del ascenso de Manuel A. Noriega, la situación se agravó, pero no tanto.

Para mantener el mando absoluto dentro de las Fuerzas de Defensa, Noriega va ampliando sus innúmeros tentáculos de corruptela, propicia el caos económico y social nunca antes visto en Panamá. Es así, que como para congraciarse con el narcodictador nacen grupos de forajidos organizados por irresponsables y corruptos de cuello y corbata, como “Los Batallones de la Dignidad” comandados por uno de los actuales ministro y su “Estado Mayor”, y el de los Codepadis, que tanta actividad delincuencial desarrollaron.

Llegada la invasión los grupos quedaron desarticulados y desde luego desapareció también su sustento económico. Al desarticularse y no recibir dicho sustento, pasaron a conformar pequeños, pero muchos grupos de bandas que se dedicaron al asalto, robo, secuestro y crimen y desde luego a servir de ejemplo para la aparición de nuevas bandas. Pero la estocada mayor la dieron el día de la invasión y que había sido estudiada, planificada y calculada por quienes crearon y amamantaron semejantes engendros del mal. Los cabecillas y colaboradores inmediatos de las dos organizaciones madres, carentes de decoro y buenos sentimientos, actuaron sabiendo que tales hechos podían constituir males irreparables para toda la sociedad, como en efecto ocurre.

Este es el origen de todo lo que tenemos hoy. Unos aprendieron de sus maestros u organizadores y otros han aprendido de los primeros alumnos. Ese es el motivo por el que se haya hablado de manos suaves, por carecer evidentemente de condiciones morales para aplicar la ley a quienes ellos mismos habían creado. ¿Un funcionario de hoy que haya patrocinado la delincuencia en el pasado no puede ir contra ella? Difícilmente, porque el petardo le estallaría en pleno rostro. Y algo más, cada vez que hoy se cometa un delito: asalto, robo o muertes, gran parte del delito y de la pena debe recaer sobre los autores intelectuales de tales engendros.

A más de lo dicho, ¿cuántos miembros del Estado Mayor del Comandante están laborando en su despacho? Me atrevería a decir que varios, si no son todos. Lo mismo debió ocurrir con los colaboradores de los Codepadis. Y tales hechos no son delitos políticos, son delitos comunes de alto calibre. Asalto, robos, secuestros y muerte.

-El autor es empresario.juramor777@hotmail.com