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21 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¡Por fin termina!

Así pensarán muchos. Pronto acabará una campaña electoral que parecía nunca terminar. Ha sido un camino largo, extremadamente costoso y,...

Así pensarán muchos. Pronto acabará una campaña electoral que parecía nunca terminar. Ha sido un camino largo, extremadamente costoso y, peor aún, no parece haber contribuido al avance del proceso democrático, dentro y fuera de los partidos. Ya corresponderá analizar lo positivo, lo negativo y las enseñanzas que han quedado. Esbozo algunos puntos.

Duración y costo. En un reducido territorio con algo más de dos millones de electores, más de la mitad se concentra en áreas próximas al Canal. Tenemos una satisfactoria red de comunicación que llega a todo el país; carreteras buenas, malas y pésimas; comunicaciones marítimas, aéreas y telefónicas accesibles. Todo ello indica que el contenido del mensaje político puede llegar sin contratiempos a la mayoría de los electores sin que sea necesario caer en una cacofonía superficial y fastidiosa con la misma cantaleta. Por otro lado, esa duración y la excesiva publicidad hacen prohibitiva una competencia pareja y equitativa, eliminando potencialmente valiosos candidatos. Los costos actuales se han disparado fuera de toda proporción y nada indica que disminuirán en el futuro.

Contribuciones privadas. La feroz competencia obligó a la búsqueda de contribuciones privadas —inclusive sospechosas— por la incapacidad de satisfacer la demanda exclusivamente con el financiamiento público disponible. Esa necesidad puso en riesgo todas las campañas. Primarias. Se concibieron como un avance democrático interno de los partidos para abandonar la designación de “a dedo”. No resultó así. A unas primarias prolongadas y costosas, que inclusive dejaron heridas, siguió un injusto proceso para “bajar” a quienes ganaron en buena lid. Campañas sucias y violencia. El nivel de esta campaña descendió a profundidades que nos deben avergonzar: falta de contenido, chabacanería grosera e incultura política. Se creó un ambiente enrarecido que propició la violencia física y verbal.

Partidos y dirigentes políticos. Muy a pesar de que siete partidos recibieron B/.12 millones como subsidio postelectoral desde el 2004, en general parecen no haber capacitado adecuadamente a su membresía, como lo demuestra el pobre nivel de su participación en la discusión política. Los partidos de oposición tampoco estuvieron a la altura de sus circunstancias para enfrentar, con una sólida alianza opositora, al partido oficialista para así garantizar la gobernabilidad en los próximos cinco años. En cambio, los dirigentes de oposición perdieron precioso tiempo haciendo histriónicos alardes de poder, para terminar acordando intempestivamente una blandengue coalición electorera, vacía de contenido significativo.

Circuitos plurinominales. Basta con ser el más votado para resultar electo presidente, alcalde, representante o diputado en un circuito uninominal, pero en los circuitos plurinominales el método del cociente, medio cociente y residuo distorsiona el sistema. Al votar en plancha por todos los candidatos en esos circuitos, ese votante en realidad está depositando más de un voto; así, combinado con la posibilidad del residuo, se posibilita la victoria de candidatos que no fueron precisamente los más deseados. Aunque se justifica como fórmula para lograr la representación de minorías en el legislativo, la falta de equidad del sistema aún no convence. Queda mucho por revisar. Ojalá que antes de las próximas elecciones podamos haber modificado lo que haya que enmendar.

-La autora es diputada por el Circuito 8-7. VMP.mireyalasso@yahoo.com